El azúcar natural más dulce es la fructosa, que se localiza de forma natural en las frutas. También está presente en el sirope de maíz, que se emplea como edulcorante en alimentos procesados (bebidas azucaradas, bollería, cereales del desayuno, etc).

Hoy en día, recuerda Consumer, consumimos mucha fructosa por su omnipresencia en productos endulzados. Como ha visto la Escuela de Medicina de Harvard, las células del hígado son las únicas capaces de metabolizar la fructosa. Como consecuencia, se sintetiza grasa, que se puede acumular en este órgano hasta llegar a formar el denominado "hígado graso no alcohólico".

Se calcula que alrededor del 30% de los adultos de países ricos están afectados por este trastorno. Esta cifra alcanza entre el 70% y el 90% en personas que sufren obesidad o diabetes.

Hígado graso no alcohólico

Esta enfermedad hepática puede discurrir sin síntomas ni complicaciones, aunque en ocasiones la grasa acumulada puede causar inflamación y fibrosis en dicho órgano y comprometer, en estados avanzados, su normal funcionamiento.

La buena noticia es que el hígado graso no alcohólico es reversible. La disminución del consumo de azúcares sencillos (azúcar de mesa, ya sea blanco o moreno, miel, pasteles, bollería o bebidas azucaradas, entre otros) y, en especial, de fructosa, sería beneficioso para la prevención de este trastorno y también para su tratamiento.

Otros perjuicios del exceso de fructosa

El metabolismo hepático de la fructosa tiene efectos más allá de los descritos:

  • Colesterol malo
    La ingesta excesiva de estos azúcares aumenta los triglicéridos y el colesterol LDL (el "malo") en sangre.
  • Presión arterial
    Facilita la acumulación de grasa alrededor del corazón, incrementa la presión arterial y aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
  • Enfermedad coronaria
    Hay elación entre ingestas elevadas de fructosa con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades coronarias y de mortalidad por esta causa.

Se recomienda una disminución del consumo de azúcares simples y, en especial, de fructosa, pero no a costa de fruta fresca. Hay que mirar a los productos dulces procesados y limitar el consumo de bebidas azucaradas, pasteles y bollería, postres dulces, galletas y la mayoría de cereales del desayuno, entre otros.

Diabéticos en alerta

En comparación con otros azúcares como la sacarosa o la glucosa, la fructosa provoca un aumento de azúcar en sangre más moderado tras su consumo. Sin embargo, ingestas elevadas de fructosa pueden conducir a complicaciones metabólicas como dislipemia, resistencia a la insulina y un aumento de las reservas de grasa en los órganos.

Por ello, conviene que los diabéticos no abusen de productos etiquetados como "aptos para diabéticos" o "sin azúcar", ya que pueden contener fructosa en sustitución del azúcar común.// 20minutos.es

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