La célebre arquitecta italiana Gae Aulenti falleció ayer en su casa de Milán a la edad de 84 años. Autora de la habilitación del Museo d’Orsay en París, de la reestructuración del Museo de Arte de Catalunya en Barcelona y del Museo de Arte Asiático de San Francisco, Aulenti, cuyo nombre de bautismo era Gaetana, murió, según explicó su hija Giovanna, debido a una enfermedad que no especificó y que sufría «desde hace tiempo». La arquitecta trabajó y se mantuvo activa hasta el final de sus días. Hace sólo dos semanas acudió a un acto público celebrado en Milán para recoger un premio a su larga carrera.

La primera «archistar»
En Italia su muerte fue lamentada en el mundo de la cultura y, por supuesto, de la arquitectura. Algún diario la calificó incluso como «la primera «archistar» italiana». Con esta voz inglesa se denomina a los arquitectos de reconocimiento internacional que firman proyectos emblemáticos en cualquier lugar del mundo. Aulenti, sin duda, lo era. Desde que comenzó su vida laboral a mitad de la década de los 50 del siglo pasado, encadenó trabajos que le granjearon el respeto y la admiración de la profesión. A los ya mencionados se suman otros de la talla de la rehabilitación del Palazzo Grassi en Venecia o del Museo Nacional de Arte Moderno del Centro Georges Pompidou de París. También lleva su firma la restauración de las antiguas Escuderías del Palacio del Quirinal, en Roma, convertidas hoy en uno de los mejores espacios para exhibiciones temporales de la capital italiana.

El blog de arquitecturaNacida en 1927 en la localidad italiana de Palazzolo della Stella, en la provincia de Údine, al noreste del país, Aulenti se licenció en Arquitectura en el Politécnico de Milán en 1953. En aquellos años, el debate en el mundo de la arquitectura se tenía entre los racionalistas y los que consideraban que el contexto donde se ubicaba el proyecto a desarrollar era importante. La creadora compartía la opinión de estos últimos, como explicaba en una entrevista publicada por el semanario «L’Espresso»: «Se ha perdido el sentido del contexto, que para la arquitectura es importantísimo. Para mí, sin las conexiones con el contexto físico, conceptual y cultural, la arquitectura no existe. La importancia de nuestro trabajo consiste en buscar las diferencias. Yo he hecho tres grandes museos, en París, Barcelona y San Francisco, y puedo decir que las ciudades no son iguales. Debo encontrar diferencias también no evidentes, porque me crean la continuidad con un contexto», comentó.

Aulenti fue además diseñadora –su lámpara Pipistrello es aún hoy un icono– y estuvo muy ligada al mundo del teatro, realizando escenografías para varios autores. También enseñó arquitectura en varias universidades de Italia, Francia, Estados Unidos y Canadá y recibió galardones en medio mundo. En el teatro de La Scala de Milán, donde pudieron verse algunas de sus escenografías, se celebrará el domingo un acto en su recuerdo. Con ella, Italia pierde un referente cultural de primer orden.

Proyectos de peso en España
Aulenti es una de las pocas mujeres que han dejado una profunda huella, a veces polémica, en la arquitectura internacional. Sus proyectos arquitectónicos llegaron hasta a España, donde tuvo una labor importantísima en las reformas del Pabellón de Italia en la Exposición Universal de Sevilla 1992, así como la reforma del Palacio Nacional de Montjuïc de Barcelona (abajo), actual sede del MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña).// La Razón

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