La situación económica que vivimos en la actualidad no sólo es una crisis económica, sino también en muchos casos una crisis vital en la que algunas personas deben afrontar duras dificultades económicas que amenazan su bienestar emocional o el de su familia. Y es que las crisis económicas son un importante estresor y pueden dejar también en “número rojos” nuestra capacidad de afrontamiento emocional.

¿Cómo nos afecta psicológicamente?
Dentro del listado de ACV (Acontecimientos Vitales Estresantes) las crisis y problemas económicos figuran como una de las causas más frecuentes que pueden precipitar una respuesta de estrés en el individuo. Por ello, la palabra “crisis económica” a nivel emocional está íntimamente ligada con la palabra “estresor”, esta vez, de carácter cotidiano. A pesar de que habitualmente asociamos al estrés con algo negativo, lo cierto es que el estrés es sólo una respuesta adaptativa, normal y necesaria, que nuestro organismo pone en marcha ante las situaciones que requieren un esfuerzo extra de nosotros mismos. El que esta respuesta se convierta en algo dañino depende de la duración del estresor en el tiempo y de la forma de afrontamiento al mismo.

Comencemos por el primer punto, la duración del estresor en el tiempo. Lamentablemente, la crisis económica se está manteniendo lo suficientemente en el tiempo como para que la respuesta de estrés implícita a ella no haga ninguna gracia a nuestro organismo. Y es que, de unas u otras maneras todos estamos estresados por la crisis; los que mantienen el trabajo por temor a perderlo y la creciente competitividad por ver quién se queda con la silla. Los que lo han perdido por las consecuencias obvias unidas a la pérdida del mismo (dificultad para afrontar los gastos, etcétera). Ante una situación estresante mantenida en el tiempo como es el caso, nuestro organismo libera una serie de sustancias para hacer frente al estresor hasta que éste desaparece. Pero cuando el estresor se prolonga demasiado en el tiempo el organismo se agota de forma progresiva pudiendo generar cicatrices biológicas como problemas de salud física (hipertensión, etcétera), además de consecuencias en nuestra salud mental y relaciones sociales.
Psicología y economíaEn lo que respecta al segundo punto, nuestra forma de afrontamiento, ésta puede hacer que dichas cicatrices tengan una probabilidad de aparición menor e incluso ni aparezcan. La palabra clave aquí es “resiliencia” entendida como la capacidad de una persona para hacer frente a las situaciones difíciles y sobreponerse a ellas. Las personas más resilientes tienen una mayor capacidad para afrontar la crisis en el sentido de ser más resolutivos, buscar soluciones ante los posibles problemas, etcétera. En general se crecen ante la adversidad. Como en toda situación estresante, la valoración que se hace de las consecuencias que la crisis tiene para nosotros y de nuestra capacidad de afrontamiento a dichas consecuencias es crucial para determinar cuánto nos estresa la crisis económica.

LO QUE NO SE DEBE HACER
El investigador de la Universidad Tamaulipeca, maestro Alberto Esteban Arellano, tras analizar la problemática que genera la crisis económica recomienda diez cosas que el ciudadano común no debe hacer en tiempos de crisis económica, siendo éstas, las siguientes: 

1. Creer que la vida se termina. Una cosa es tener conciencia de la crisis y otra es dejarse arrastrar por el miedo. Gastar menos no significa vivir peor. Piensa que puede ser una oportunidad para redefinir tu vida. 

2. No descuides tu trabajo. Con lo que está cayendo en tu cuenta de nómina, más te vale que estés atento y la valores, sigue  formándote y creciendo dentro de la misma empresa, para no quedarte atrás. Toma iniciativas, participa al máximo e implícate en los nuevos proyectos. En pocas palabras: no te preocupes; mejor ocúpate.

3. Pasar a tomar como opción de búsqueda el  Internet. En la Red puedes encontrar un mercado más transparente, en ocasiones libre de intermediarios. Esto se traduce en ahorro. También hay trabajos y contactos, y nuevas oportunidades de todo tipo. 

4. Dejar de comprar por impulso. Es mejor pensárselo dos veces antes de comprar algo. Si llevas una lista por escrito con lo que verdaderamente necesitas, puedes ahorrar hasta un 30%. Ten siempre en la cabeza los productos de temporada y los descuentos de cada semana.

5. Dejar de comprar en el primer sitio que encuentres. Busca, compara y decídete siempre por el más competitivo. Las diferencias pueden ser impresionantes. 

6. Procura no pasar de tus cuentas.  No pases por encima de tus extractos bancarios y demás notas de gastos: te servirán para optimizar tus recursos. 

7. Mantener una comunicación estrecha con tu banco. Ojo a las comisiones de tarjetas y cuentas que te está cobrando tu banco. No todo el mundo recibe el mismo trato: depende de tus condiciones económicas, sí, pero también depende de lo que exijas. Si te quedas callado, se entenderá que estás satisfecho. Revisa también tus seguros de hogar, coche, vida, etc. 

8. No debes olvidarte del ahorro. Optar por plazos muy largos puede no ser lo mejor. Prevé tu situación personal a medio plazo. Tu nivel de ahorro te debería permitir hacer frente a tus gastos fijos durante al menos seis meses.

9. No debes de confiar en los rumores. En tiempos de crisis, los rumores están muy lejos de ser la antesala de la noticia o de la verdad, y pueden convertirse en el preludio de una decisión equivocada. 
10. Conseguir préstamos arriesgados.  Invierte en productos de rentabilidad fija, tipo bonos y letras.  La Bolsa es hoy una especie de montaña rusa en la que ni siquiera los supuestos expertos saben bien cómo actuar. Contraer préstamos en monedas distintas a la de México  implica un gran riesgo a medio y largo plazo.// El Mañana.com

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