Casos como el de Lucky, el mastín que murió abatido en el 2013 por disparos de un agente municipal en un parque del barrio zaragozano de Delicias, levantaron importantes críticas sociales y también políticas que pusieron en entredicho la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Conscientes de ello, y de cara a que los agentes del Cuerpo Nacional de Policía se especialicen en conducta canina, el Sindicato Unificado de la Policía (SUP) comenzó el viernes a ofrecer cursos de formación en etología, una rama de la biología derivada de la zoología que estudia el normal comportamiento de los animales.

Y es que, según dos veterinarias zaragozanas especialistas en la materia, Laura Catalán y Sandra Portals, "desenfundar el arma reglamentaria ante la agresividad de un perro deber ser la última opción a tomar". Consideran que "los ladridos o la posición del perro pueden dar mensajes para tomar decisiones por las que relajarlo".

Comportamiento
Destacan que hay una serie de señales que permiten saber si un perro puede atacar o no. Por ejemplo, que el animal esté con las patas delanteras apoyadas totalmente en el suelo y el trasero totalmente levantado "no significa que quiera saltar a morder, sino que es una invitación al juego". Por contra, hay otras "expresiones" como la denominada "amenaza ofensiva", cuando "se estira sobre sus pies, eleva la cabeza llevándola hacia adelante y también estira la cola". Durante ese momento, sus labios se retraen verticalmente mientras gruñe.

Un comportamiento general que en algunas razas no se produce. Catalán y Portals resaltan que los dóberman "no suelen ladrar ni muestran agresividad antes de atacar" o que los pitbull "suelen mover la cola justo antes y después de atacar".
Temas de psicologíaEntre los consejos ofrecidos a los policías --una treinta en la primera sesión, quienes acudieron de forma voluntaria-- está que, en un primer momento, insten a los propietarios a recoger al perro. Eso sí, sin gritar. Deben evitar mirar al animal fijamente, ya que puede ser interpretado como un desafío. "Es importante", según estas veterinarias, que "no se acerquen con miedo ni tampoco de frente". "Hay que hacer movimientos lentos, no extender las manos y nunca hacer gestos o tocar al dueño del can porque puede provocar hostilidad".

Aunque pueda parecer lógico, estas especialistas aseveran "que nunca hay que coger el perro del collar para intentar llevárselo uno mismo".

Catalán y Portals defienden que, en casos extremos, antes de utilizar la pistola, los agentes pueden hacer uso de la porra, una luz cegadora y hasta extintores. También es posible fabricar un bozal improvisado con una venda o un cinturón. Estas especialistas van más allá y se unen a la reclamación sindical de la incorporación de los táser (pistola eléctrica) o una defensa extensible.// El Periódico de Aragón

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