El chico más listo: "Cuando llevo más de 10 horas estudiando, mis padres me obligan a salir de casa"

Con 13 años publicó su primera novela, con 14 sus profesores decidieron que pasara de 2º a 4º de ESO, y con 17 ha terminado Bachillerato y va a empezar su vida universitaria un año antes de lo previsto. La perfección existe y tiene nombre propio: Jaime Redondo Yuste. Este joven estudiante del IES Arquitecto Peridis, de Leganés (Madrid), es un chico 10, literalmente. Ha sacado la máxima nota posible tanto en el Bachillerato científico como en las fases general y específica de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), un 14 sobre 14.

«Estoy muy contento porque todo el esfuerzo, no sólo de Selectividad sino de estos dos últimos años, ha merecido la pena», asegura a EL MUNDO. Jaime se enteró de la noticia ayer a bordo de un crucero por el Mediterráneo, donde se embarcó junto a sus compañeros al acabar los exámenes para celebrar así el fin de curso. «Las notas salían a las 10, estábamos todos los compañeros en el barco muy pendientes y he llamado a mis padres enseguida. Cuando me han dicho que había sacado la máxima puntuación me he puesto a saltar y gritar como un loco», explica.

Aunque han pasado unas horas desde que conoce la noticia, la emoción todavía se transmite en su voz al otro lado del teléfono. A fin de cuentas, es un adolescente. Pese a haber sacado sobresalientes a lo largo de todo el curso, reconoce que no podía evitar estar inquieto por la nota. «No tener ningún error es casi imposible. Enfrentarse a la PAU es difícil, hay nervios y además no te corrige el mismo profesor que en el instituto. Los correctores sólo ven un código de barras», cuenta. Una inquietud que está más que justificada, ya que Jaime quiere estudiar el doble Grado en Física y Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid, cuya nota de corte en 2015 fue de 13,45 sobre 14, la más alta de las carreras universitarias en España.

Estudiantes destacados«Quiero dedicarme a la investigación y a ampliar los límites de mi conocimiento», admite. Aunque es un joven brillante en todas las disciplinas, le apasiona, sobre todo, la Física, lo que le ha llevado a ganar una Medalla de Oro en las Olimpiadas académicas -y una de Plata en Química-. También puede incluir en su currículum el premio del XXVIII Certamen Jóvenes Investigadores de 2015 convocado por la Secretaría de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades e incluso haber escrito un libro de aventuras y fantasía ambientado en el Japón del siglo XV, Akari Kento, que le permitió convertirse en una estrella de la literatura en 2012 y firmar ejemplares en la Feria del Libro de Madrid.

Estudió en un instituto público

Tantó él como su éxito son fruto de la educación pública, y se muestra orgulloso de haber asistido a un centro «de barrio, que fue construido durante los Pactos de la Moncloa como provisional y ahí sigue, en el que no tenemos medios en el laboratorio y el secretario hace maravillas para cuadrar las cuentas».

En su caso, el talento es algo que se palpa desde la cuna. «Ha sido siempre muy estudioso. Su maestra de Infantil ya decía que a Jaime le gustaba estudiar. Lo ha llevado siempre en la sangre, daba igual la disciplina, él quería aprender y sigue queriendo hacerlo. Le gustan todas las ramas, es muy polifacético», explica su padre, Mario Redondo, que no puede dejar de sonreír al hablar con orgullo de su hijo. «Como se suele decir en estos casos, se lo ha currado. Vino de los exámenes satisfecho, pero siempre queda la duda de si algún profesor ha sido más quisquilloso con la forma de expresarse por escrito, por ejemplo», reconoce.

Tanto Mario como su mujer han sido fundamentales en la educación de Jaime. «Su madre ha estado muy encima de él siempre. Yo también, pero ella ha sido constante», se sincera. Un esfuerzo del que el propio Jaime es consciente. Habla de sus padres con un agradecimiento propio de quien reconoce sinceramente lo mucho que han hecho por él. «Ellos son quienes me han inculcado el hábito de estudio y me han obligado a salir de casa cuando llevaba más de diez horas estudiando», relata con un halo de emoción en la voz.

La Historia es otra de sus asignaturas favoritas y este año, en la última Selectividad antes de que se implante el nuevo sistema, ha conseguido marcar un hito que será recordado. No lo ha hecho solo, ya que Carla García Barcala, una joven de 18 años de Las Palmas de Gran Canaria, también ha sacado un 14. En los 40 años de vida de la prueba de acceso a la universidad, sólo el catalán Carles Domingo había conseguido, en 2014, la excelencia absoluta.

En el IES Arquitecto Peridis, donde estudia Jaime, el jefe de estudios del centro, Francisco Javier Medina, también se muestra muy satisfecho por la calificación de su alumno, al que califica como un «fuera de serie». Según cuenta, la dirección del instituto decidió en 3º de ESO adelantarle un curso. Una medida que potenció, todavía más, su ambición académica. «Lo vi como un reto para mí. Era la hora de demostrar cuánto podía esforzarme y así lo hice», replica Jaime desde un punto indeterminado del Mediterráneo.

Sin embargo, su autoexigencia no le ha llevado a encerrarse en sí mismo. Como cualquier otro adolescente de su edad, Jaime cuelga en las redes imágenes disfrutando con amigos, ha practicado natación, juega al baloncesto en competición, estudia cuarto de alemán en la Escuela Oficial de Idiomas y, por si eso fuera poco, toca el piano y escribe en sus ratos libres.

Como la mayoría de los jóvenes en su situación, quiere aprovechar el verano que tiene por delante para «disfrutar al máximo» tras tanto esfuerzo, y lo va a hacer de una de sus maneras favoritas: aprendiendo. Sus buenas notas le han llevado a conseguir una beca Europa con la que visitará durante tres semanas universidades de Italia, Francia, Inglaterra, Alemania, Austria y España. Después, viajará hasta Georgia (Estados Unidos) para representar a España en la Olimpiada Internacional de Química. «Hasta agosto no podré descansar del todo, entonces estaré ya en España y podré ir a la playa y a mi pueblo», cuenta. Tendrá que recuperar fuerzas para septiembre, cuando volverá a preparar la maleta para viajar a Bruselas y participar en el Certamen Europeo de Jóvenes Investigadores.

Ante un futuro prometedor y un currículum que bien podría ser de un graduado con años de experiencia, incluso su padre, una de las personas que mejor le conoce, está asombrado. «Es un joven increíble. No sé hasta donde va a llegar»// El Mundo

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