Uno de los temas que ha generado debate entre los complejos asuntos en discusión que enfrenta la educación del país, ha sido el de las tareas escolares. A raíz de la presentación de un proyecto legislativo que pretende normarlas y/o suprimirlas, han surgido diversas reacciones en distintas publicaciones, insólito reglar algo tan propio del quehacer escolar como son las tareas. En realidad, en un país tan legalista como el nuestro, no es extraño que ello suceda.

El problema de fondo está en qué se entiende por tarea. Si ello involucra lo que señalan ciertos sectores, extensas actividades escolares muy similares a las que se hacen en los establecimientos que agotan a niños y familias, impidiendo el descanso y la realización de otro tipo de actividades, las tareas deberían acabarse.

Si por tarea, implica actividades para investigar, compartir, buscar experiencias en otros escenarios, ¡vivan las tareas! Lo complicado es que esta denominación ha adquirido ya un carácter aburrido y repetitivo, inadecuado para cualquier aprendizaje complementario que se espere de ellas.

En educación parvularia, este tipo de tareas debería suprimirse casi por ley divina para plantear lo inadecuado que es esta medida en esta etapa y de esas formas; esta práctica que antes no existía, atiborra a los niños y niñas de hoy que deberían estar de vuelta a su hogar, jugando, cantando, compartiendo con su familia o saliendo a diversos lugares interesantes.

Educación parvularia en la UPEASin embargo, es cada día más común encontrar en sus mochilas, cuadernos llenos de números y letras a copiar u otras actividades de ese tipo, propias de la sobre escolarización de este nivel que ya hemos comentado en esta columna.  En estos cuadernos, estrellitas o dedos aprobatorios en cada “trabajo” atestiguan su cumplimiento, en un condicionamiento clásico.

En este nivel, las actividades en el hogar como deberían llamarse, convendrían que tuvieran el carácter de sugerencias, siendo su propósito fortalecer el rol formador de las familias, y ampliar las experiencias más allá del jardín infantil en función a propósitos concordados.

Entre ellas, estarían indagar antecedentes de su familia para llevar al centro infantil (fotos, historias de los abuelos, de su nombre, etc.), inventar cuentos, seleccionar objetos interesantes para comunicar mejor sus intereses a su grupo de pares, buscar recortes de temas que les interesan, tener pequeños experimentos para observar cambios, o seleccionar música para compartir con sus compañeros.

Salidas a museos, centros artesanales, plazas de juegos, exposiciones, huertas, mercados, etc., son lugares interesantes donde realizar estas actividades complementarias, que deberían aportar a su formación integral, basándose siempre en las características e intereses de los niños y niñas.

Por tanto, aprovechemos esta discusión para poner sobre la mesa este obscuro tema que son las tareas escolares las que, en vez de favorecer el goce por aprender, lo acaba, planteamiento que es válido para todo nivel educativo.

Ello no termina con leyes, sino con criterio, formación pedagógica adecuada y en especial con un sistema normativo que impulse la creatividad, el descubrimiento, la búsqueda de lo interesante.

Esperamos que el ministerio de Educación haga lo suyo, y las instituciones educacionales también.// Cooperativa

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