Ciencias políticas en la UPEA.

PREFACIO.

Este ensayo se plantea algunas interrogantes para la Ciencia Política en el siglo XXI a partir de los cambios sociales y culturales en curso.

El punto de partida de esta reflexión debiera ser reconocer que como sociedad estamos en presencia de un cambio cultural, de un cambio de lo que denominamos el “patrón cultural de referencia”, es decir, de una transformación gradual y profunda del conjunto de los valores, creencias, tradiciones, modos de vida y visiones de mundo de las personas.

No se trata solamente de una “epoca de cambios”, sobre todo en un período en que la palabra “cambio” ha resultado suficientemente manoseada como para perder gran parte de su sentido.  Se trata de un “cambio de época”, en el sentido de una crisis y una mutación estructural que afecta a todas las instituciones de la sociedad.

Ciencias políticas en la UPEALo peor que ocurre cuando suceden los cambios culturales, es que el común de las personas no ven esos cambios, pero perciben sus consecuencias y efectos.

Nos interrogamos sobre la política, desde la Ciencia Política.

Nos interrogamos a partir de los ciudadanos.  ¿Cuales son los grados de poder y de influencia de los ciudadanos en la política?, ¿cómo inciden los ciudadanos en la toma de decisiones de las instituciones políticas?, ¿cuál es el sentido de la política con los ciudadanos involucrados en la decisión de los asuntos políticos?, ¿es la política un asunto de expertos y de especialistas o también es una dimensión irreemplazable de la vida social?, ¿lo público es político?

¿Son las instituciones representativas suficientemente legítimas desde el punto de vista de la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones?, ¿La denominada participación ciudadana es un trámite burocrático, un paliativo para la política pública o es una necesidad permanente de las instituciones del Estado?

Manuel Luis Rodríguez U.

NO ES UNA EPOCA DE CAMBIO, ES UN CAMBIO DE ÉPOCA.

Las transformaciones tecnológicas, sociales y políticas en curso en nuestra sociedad contemporánea, desde fines del siglo XX, constituyen retos mayores para la Ciencia Política.

La mundialización de los intercambios, de la información y del uso de las tecnologías TICS, la dilusión de las fronteras y las soberanías, la crisis del Estado nacional, la emergencia de nuevos movimientos sociales y ciudadanos y las nuevas formas de ciudadanía y de identidades, el surgimiento de nuevos actores en la escena internacional (regiones de países, naciones sin Estado), son parte del escenario fluido y cambiante que caracteriza a la Política en las primeras décadas del siglo XXI.

Al mismo tiempo, está ocurriendo una aceleración del tiempo político, o dicho de otra manera, una aceleración de la percepción temporal que tienen los ciudadanos respecto de los procesos que se realizan desde el Estado.

De todos los cambios que ocurren en la escena política, puede afirmarse que las dos transformaciones mayores, son la expansión del uso de las TICS y el surgimiento de nuevas formas de ciudadanía al interior de cada sociedad.

Las nuevas formas de ejercicio de la ciudadanía, se inscriben en la lógica de exceder los límites del sufragio y se despliegan asociadas al territorio, a las identidades, a las pertenencias de género, a los nuevos patrones culturales de referencia, a la vinculación histórica con los espacios geográficos.

Surgen nuevas formas de ciudadanía, con frecuencia al margen del Estado: ciudadanías territoriales y locales, identidades culturales, pertenencias grupales asociadas a las creencias, a las reclamaciones de una comunidad, a la necesidad de marcar la diferencia en un orden cultural globalizado.

Ambos procesos ponen en cuestión algunos de los fundamentos de la Ciencia Política tal como ha sido entendida hasta el presente: por un lado, el análisis y la comprensión de los procesos políticos necesita ahora de nuevos parámetros y premisas, para dar cuenta de la complejidad, de la realidad y del funcionamiento de las instituciones políticas en su relación con la ciudadanía y las exigencias de legitimidad y eficiencia; y por el otro, el surgimiento de nuevas formas de ciudadanía, pone en tensión la lógica Estado-nación y la unidad de ambos componentes.

Hoy resulta que la legitimidad de las instituciones políticas y de los mandatarios elegidos no resulta solamente del carácter democrático de su elección, sino también de la calidad de las decisiones que adoptan, en relación con las aspiraciones, urgencias y necesidades de la ciudadanía.

La Ciencia Política tiene que replantearse el rol y el lugar de las instituciones en los procesos políticos y sociales: el cambio de paradigma que contienen la expansión del uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, genera un cambio cultural profundo que cuestiona la validez y legitimidad de las instituciones tradicionales.

Los ciudadanos y las nuevas generaciones se interrogan por la legitimidad del parlamento, de los partidos políticos, de las empresas, de la relación entre el poder  político y el dinero, de las iglesias, de los tribunales.

La Ciencia Política del siglo XXI apunta hacia una ciencia de la ciudadanía, a una ciencia de la política y de lo político que expanda el foco del análisis hacia las nuevas formas de relación y de poder entre los ciudadanos y el aparato del Estado, que invierta del sentido analítico de la ciencia politológica, poniendo al ciudadano en el centro de las categorías de análisis.

El poder está en manos de los ciudadanos, aunque el Estado se haga más omnipresente y aunque los ciudadanos no lo sepan.

La política del futuro es una política en red y en movimiento.

CIUDADANIA E INFORMACIÓN: LA NUEVA ECUACIÓN DEL PODER.

El ciudadano del siglo XXI entiende la política y el rol de las instituciones no solo desde la lógica ¨demandas-soluciones¨ o del clientelismo, sino también desde la necesidad de la transparencia y del acceso a la información y a los procesos de toma de decisiones, cuestionando de paso las modalidades de participación limitada existentes al presente.

La interrogante si los ciudadanos de hoy están más o menos informados que en décadas pasadas resulta casi irrelevante en las condiciones de la política real, en las primeras décadas del siglo XXI: si está más informado, reclamará más y mejor información, y si no lo está hoy, estará más informado en un futuro cercano.

Para la nueva Ciencia Política, la interrogante del poder sigue vigente.

El poder sigue residiendo en instituciones y aparatos organizacionales complejos, pero la toma de conciencia de los ciudadanos acerca de su propio poder constituyente y soberano, es parte del proceso de formación de nuevas formas de ciudadanía y de la formación de nuevas formas de hacer política.  El poder es ahora información y se manifiesta en redes de creación, elaboración y distribución/circulación de la información, las que permiten poner en movimiento a los ciudadanos hacia el logro de sus aspiraciones.

En las democracias representativas, la representación está en crisis, porque los ciudadanos eligen a sus representantes pero, al mismo tiempo, sienten y perciben que las decisiones que toman sus representantes no los interpretan ni representan.   Se trata de un círculo cerrado que envuelve a toda la institucionalidad política.   La crisis de representación es una crisis de legitimidad ante una ciudadanía insatisfecha, que ahora accede a más información y reclama participar de un modo cada vez más abierto y directo en los procesos de toma de decisiones.

En el seno de las democracias representativas, la ciudadanía reclama más elementos de democracia participativa.

Al mismo tiempo, el poder se disemina y se concentra.

Hay poder donde hay organización capaz de ponerse en movimiento, y donde hay información capaz de poner a la organización en movimiento.

El poder en el siglo XXI será un poder ciudadano, basado en la información y ejercido en forma de movimientos y de redes construidas sobre la base de la circulación de la información y de la capacidad de influir e incidir en la toma de decisiones.

Las identidades (nacionales, regionales, locales), entendidas como conjunto de valores, creencias, relatos, historia, geografía y costumbres comunes y compartidas, se vuelven esenciales para comprender a los ciudadanos y su asentamiento en el territorio, a contrapelo de la globalización y de sus lógicas universales.

El ciudadano puede pensar global, pero siente y vive local.

La geografía se inscribe en la historia y en el presente, y gira alrededor de las identidades como expresión de culturas subyacentes y subalternas respecto de los patrones de referencia nacionales y globales.

Colocado el ciudadano en el centro de la reflexión política, las interrogantes para la Ciencia se vuelven diferentes: cuales son los grados de poder y de influencia de los ciudadanos en la política?, cómo inciden los ciudadanos en la toma de decisiones de las instituciones políticas?, cuál es el sentido de la política con los ciudadanos involucrados en la decisión de los asuntos políticos?, es la política un asunto de expertos y de especialistas o también es una dimensión irremplazable de la vida social?, lo público es político?, son las instituciones representativas suficientemente legítimas desde el punto de vista de la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones?, la participación ciudadana es un trámite o es una necesidad permanente de las instituciones del Estado?…// Ciencia de la política

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