La anorexia y la bulimia son las protagonistas entre los trastornos alimenticios; pero existen otros como la potonimia, pregorexia, ortorexia o vigorexia que comienzan a incrementarse afectando a miles de personas en todo el mundo.

Por lo general, explica la medicina, “los trastornos alimentarios, o nutricionales, son perturbaciones de las pautas habituales de alimentación que pueden tener un origen fisiológico o psicológico”. En el caso del primero, sucede a causa de una alteración en el gen responsable de producir la leptina, una hormona que envía al cerebro el mensaje de saciedad en el hambre.

Estudios recientes descubrieron que, “si no producimos suficientes cantidades de leptina, nunca dejaremos de tener hambre y por tanto presentaremos un desorden alimentario por exceso de ingestión”, explica el Antonio Aliss, endocrinólogo de la Clínica Los Olivos en Cochabamba.

Psicología en la UPEASin embargo la mayoría de los trastornos alimentarios tienen un origen psicológico, no necesariamente relacionado a enfermedades mentales, pero sí a percepciones inconscientes equivocadas de la persona respecto a lo que la rodea y a sí misma, explica la psicóloga Verónica Crespo, quien alerta que esta afección ha comenzado a aparecer en niños y niñas a partir de los 10 años de edad.

Crespo enfatiza en que las personas con trastornos de este tipo suelen ver a los demás y a sí mismas “de una manera distorsionada”, es decir, equivocada. Por lo general, presentan muy baja autoestima e intuyen a sus compañeros o familiares como superiores; o al contrario, son narcisistas y se ven superiores a lo demás.

Esta concepción polarizada del mundo —el individuo versus los demás—, les impide relacionarse con normalidad y les genera un gran conflicto que deriva en insatisfacción y ansiedad, que tratan de compensar o bien comiendo en exceso para clamar la angustia o, al contrario, evitando comer como un modo de tener bajo control el conflicto. Además, el trastorno puede ir acompañado de una falsa percepción psicovisual del propio cuerpo, en la que las evidencias físicas quedan enmascaradas por la insatisfacción derivada de la tensión psicológica. El caso más evidente es el de la anorexia, en el que la o el paciente nunca tiene la sensación de estar en el peso adecuado.

En Bolivia

Lamentablemente, el país no cuenta con datos actualizados y existen pocos estudios respecto a los desórdenes alimenticios de la población. El más elocuente y amplio es uno de la Universidad Católica Boliviana presentado en 2011 a partir de un estudio aplicado en La Paz, Tarija y Santa Cruz, concluyendo que seis de cada 100 adolescentes bolivianos presentan Trastornos de Conducta Alimenticia (TCA).

Los resultados de dicho trabajo, aplicado a 2.880 estudiantes de establecimientos fiscales y particulares, concluyen que la presión social existente en torno a la línea y el adelgazamiento ejerce un rol decisivo en la aparición y desarrollo de la enfermedad, además de la moda y la publicidad que incitan a adelgazar.

Así mismo, las cifras establecen que, por cada 10 mujeres con desórdenes alimenticios, hay sólo un varón; siendo Santa Cruz la ciudad con mayor incidencia (29,5 por ciento está en alto riesgo y el 54,6 por ciento en bajo riesgo); los adolescentes de Tarija en segundo lugar (con un 22,5 por ciento en alto riesgo y un 55 por ciento en bajo riesgo) y los de La Paz en tercero (21,5 por ciento alto riesgo y 50,5 en bajo riesgo) con prevalencia similar entre los establecimientos particulares y fiscales (4,49 por ciento y 4,43 respectivamente).

SEÑALES DE ALERTA

Diversos síntomas pueden ser señales de alarma sobre la presencia de un trastorno de la conducta alimentaria, lo cual puede ser de ayuda para comenzar a tratarlo oportunamente.

• 1. Hacer ejercicio en exceso y de manera compulsiva (en casos de bulimia nerviosa). Este comportamiento busca “compensar” los atracones propios de la enfermedad.

• 2. Evitar las actividades sociales donde se comparte comida, por lo tanto, prefieren aislarse y evitar estas situaciones.

• 3. Ir al baño después de haber comido es un comportamiento bulímico, suele ser el secreto para expulsar los alimentos ingeridos ya sea con el vómito autoinducido o el abuso de laxantes.

• 4. Comer determinados alimentos arguyendo que “no son saludables” o que engordan. Excluir de una manera obsesiva los productos lácteos o los carbohidratos de su alimentación.

• 5. Temor a estar gordo es una de las principales preocupaciones de una persona afectada por un trastorno alimentario.

POCOS ESPECIALISTAS Y CENTROS

La psicóloga Veronica Crespo señala que la anorexia afecta a una población adolescente, pero subraya que en los últimos años la patología “ha evolucionado” y afecta cada vez a personas más jóvenes, e indica que el tratamiento es complicado debido a que los enfermos no tienen conciencia de su afección. Por ello, el tema debe tratarse interdisciplinariamente, entre psicólogos, nutricionistas e internistas, recomienda la especialista.

“Bolivia carece de centros especializados para tratamiento de TCA, por ello es importante trabajar en la prevención a través de la comunicación y difusión de información entre padres, profesores y entrenadores de los gimnasios para ayudar a la población que está en riesgo, ya que las personas con TCA que quieren bajar de peso se inscriben al gimnasio para mantenerse en forma y exageran con los entrenamientos para quemar las calorías y kilos que creen que tienen encima”, dice la entrenadora Gabriela Salinas, del centro de nutrición y entrenamiento FIT Camp en Cochabamba.

Por eso es importante capacitar a los instructores y dueños de gimnasios para que puedan identificar a los grupos de alto riesgo, porque no sólo se da la anorexia y la bulimia; existe un tipo de trastorno alimentario denominado “vigorexia”, caracterizada por la obsesión por el ejercicio y la comida “sana”.

LOS TRASTORNOS, UNO A UNO

Ortorexia: Es un trastorno de tipo obsesivo en el que la persona cuida al máximo su dieta diaria, sólo consume alimentos que considere saludables sin que necesariamente el alimento ingerido sea el adecuado. Huye de la obesidad; en la dieta busca un equilibrio psicológico que nunca alcanza.

Vigorexia: Pone el foco en el desarrollo atlético del cuerpo como solución al conflicto interior. Es un trastorno frecuente en los gimnasios. Suele afectar a personas con baja autoestima e intentan paliar la inseguridad que deriva de su errónea percepción como inferior con un desarrollo muscular que le dé satisfacción.

Pregorexia: O anorexia del embarazo, es un trastorno que afecta a algunas mujeres embarazadas, que se obsesionan con evitar que el embarazo les dé un aspecto físico poco agradable. En su empeño, abusan de las dietas radicales y milagrosas —todas ellas falsas— y pueden llegar desnutrirse, poniendo en riesgo la salud del bebé.

Potomanía: Es la ingesta exagerada de cualquier líquido, aunque generalmente se trata de agua. La persona afectada puede llegar a beber más de cinco litros al día, cuando lo recomendable es hasta dos. Este trastorno puede originar problemas renales y cardiovasculares y desbalance en los electrólitos.

Megarexia: Es opuesto a la anorexia, ya que los afectados no son consciente de su sobrepeso ante el espejo, por lo que siguen comiendo en exceso productos calóricos, sobre todo azúcares.

Ebriorexia: O alcoherexia es un trastorno frecuente entre adolescentes que pernoctan y beben mucho alcohol, pero que también están preocupados por su aspecto físico. Consiste en dar por válidas las calorías que aporta el alcohol y creer que pueden sustituir a la comida.

Pica: Es un trastorno que se da usualmente en niños y consiste en comer, desde tierra a hierbas, maderas e incluso tiza o cenizas de cigarrillo. Este comportamiento, que puede ser normal en un niño de menos de 18 meses, se hace anómalo a partir de los 24 meses.

Permarexia: Obsesión con no ganar peso, por lo que la persona trastornada se somete a todo tipo de dietas para intentar bajar, o al menos no ganar, peso. Es un estadio previo a la anorexia, y en ocasiones deriva en esta.

Hiperfagia: Sensación permanente de hambre insaciable. Puede ser causada por ansiedad, con lo que lindaría con la bulimia, pero también puede tener un origen fisiológico en la ausencia de leptina en el cuerpo o alteraciones hormonales como la diabetes y el hipertiroidismo.

Trastorno por atracón: Es una bulimia episódica en la que el afectado se harta de comer y después pasa a un periodo de restricción alimentaria casi absoluta para compensar su sentimiento de culpabilidad.// Los Tiempos

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