Hace 17 años nace la UPEA en contra del racismo del Estado boliviano y en contra del neoliberalismo.

En 2000, los grupos dominantes de Bolivia no admitían que una ciudad como El Alto tuviera una universidad propia.

Sin embargo, estas semanas la UPEA se ha visto obligada a salir nuevamente a las calles para exigir un tratamiento económico justo por parte del gobierno central. Producto de ello, ha sido duramente atacada mediante un atosigadora propaganda en los medios de comunicación bajo el “control remoto” y  con publici dad pagada, como si fuera un enemigo extranjero que debe aplastarse. Se intenta destrozar su imagen ante la sociedad. Opiniones sobre la UPEA

El desprecio que recibe la UPEA no es novedoso. En el gobierno del exdictador Hugo Banzer Suárez la naciente universidad recibía un conjunto de descalificaciones como: “¿para qué quiere una universidad El Alto cuando tiene mano de obra calificada?”. Ante lo cual los jóvenes respondían: “Nosotros también queremos ser economistas, sociólogos, médicos o arquitectos, igual que ustedes, señores”.

No estamos ante un racismo abierto, pero si ante un apabullador acto de criminalización de la lucha de la UPEA. Los sectores dominantes del país siempre han visto con desprecio a esta nueva universidad, porque en ella estudian los hijos de los “indios”.

La insistencia de que esta universidad tiene recursos económicos suficientes, cuando no es cierto como veremos más adelante, es parte de ello. El IDH del que habla el Ministerio de Economía no se utiliza en gastos corrientes. Estos ya están destinados para su infraestructura y equipamiento.

El estigma

La propaganda crea en el imaginario social un estigma. Según el sociólogo E. Goffman, el estigma es un fenómeno lapidario: cae como piedra demoledora sobre el estigmatizado y luego éste sufre un desprecio atroz, aparece ante los ojos de los otros como anormal.

Y lo anormal se asocia inmediatamente con la enfermedad, lo infectado, en unos casos; y en otros, con la locura. El estigma es un sello que marca el cuerpo de manera tan grosera que resulta difícil de revertir, justamente porque es una marca en el cuerpo o en la memoria social.

En el caso de una institución universitaria esto es grave porque ella está fundada en el reconocimiento social de los profesionales que se forman en ella. Para ella el estigma es una marca que inhabilita, descalifica, anula. El estigma da nuevas alas a la mentalidad racista del país.

Es posible que las autoridades gubernamentales tengan que hablar de las fallas de la universidad, pero la insistencia en ellas, de un modo sistemático, virulento, se convierte en un acto de criminalización.

Se tilda de “injustificado” su pedido de un mejor tratamiento económico, cuando a la fecha están impagos docentes, administrativos y algunas becas estudiantiles.

La élite criolla ahora tiene la certeza de que ésta es una universidad de segunda. Lo cual acrecienta el odio y el desprecio sobre los jóvenes y señoritas que estudian en ella y que vienen de sectores más despreciados de la sociedad, que apenas puedes costear el estudio de sus hijos.

Se ha lastimado la reputación de jóvenes que vienen de la periferia de El Alto y de las provincias y que luego en el mercado laboral serán despreciados y rechazados, pese a tener capacidades académicas y técnicas. Recuérdese que la UPEA ha recibido varios reconocimientos de otras instituciones académicas por su inventiva en áreas técnicas y otras.

Vueltas de la vida

La tragedia es que esto lo hace un gobierno que es producto de la lucha alteña y de la propia lucha de la UPEA en 2003. En aquel año la UPEA luchó en contra de Gonzalo Sánchez de Lozada y nació una nueva coyuntura de la que es producto el gobierno del MAS. Sin esta lucha no hubiera existido el gobierno de Evo Morales y Álvaro García.

El Alto produjo un nuevo escenario sociopolítico y hoy, contra todo pronóstico, recibe un apaleamiento inmisericorde.

La UPEA exige una coparticipación tributaria en igualdad de condiciones con el resto del sistema universitario, que recibe el 5% los impuestos, mientras que la UPEA no recibe más que un 0,355%; sus ingresos por IDH tampoco son significativos.

Por ejemplo, la UPEA recibe un presupuesto anual total de 242 millones de bolivianos de cuatro fuentes (TGN, coparticipación, IDH, recursos propios), que es ínfimo frente al de las otras universidades, algunas de las cuales tienen un presupuesto anual por encima de 1.300 millones de bolivianos.

Como toda nueva universidad tiene muchas necesidades: infraestructura, equipamiento, más carga horaria por el natural crecimiento vegetativo de sus estudiantes. Aquí estudian cerca de 45.000 jóvenes y señoritas. Cuenta con 35 carreras y 11 subsedes en las diferentes regiones de La Paz. Es decir, sus necesidades son obvias.

Si no existiría la UPEA, muchos de estos jóvenes no estarían en proceso de profesionalización y tampoco habría nuevos profesionales, más de 3.000 nuevos titulados. Asimismo, sin la UPEA muchas familias de El Alto y La Paz, cerca de 2.600 familias de docentes y administrativos, no tendrían ingresos económicos.// Pablo Mamani - Página Siete

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