Hablar de storytelling -entendido como el argumentario sobre el que se construye la comunicación de una marca- me aburre.

Sí, y me aburre porque al final todos terminamos hablando de lo mismo. De su importancia para sujetar los valores de una marca, definir su trayectoria, de su versatilidad para segmentar los públicos, de su flexibilidad para adaptarse a los diferentes soportes... Y me aburre.

Me aburre porque en definitiva, la excesiva reglamentación de las historias termina conduciéndonos al mundo de lo previsible, llenando el mercado con marcas que ni sorprenden, ni aportan, ni seducen.Comunicación social en la UPEA

Hablar de storytelling se ha convertido en el tópico de quienes buscan la mecanización de la comunicación, hasta el punto de hacer de ésta una simple herramienta para engordar las estadísticas.

Y no creo que éste sea el camino.

En mi opinión, las marcas no sólo deben conformarse con contar historias, más o menos seductoras y acertadas, sino que deben tratar de vivir la historia que les rodea -que en definitiva, es la de su público- y tratar de incorporar sus valores como parte de ella.

Creo que el verdadero storytelling se esconde detrás de quienes no se conforman con dejarse llevar por los acontecimientos para sumarse al discurso imperante, sino que buscan el camino para transformar y mejorar la historia.

Puede que esto suene raro, pero sólo hace falta ver cómo muchas de las grandes marcas nacidas en los EE.UU han adoptado una actitud 'reactiva' frente a la situación política por la que atraviesa el país más poderoso del mundo. Ha hecho falta una catarsis política, para que la comunicación de marca impulse una ola reaccionaria que trata de romper con el inquietante e incómodo status quo establecido por su presidente Trump.

Pero esto no es nuevo. Porque por suerte, siempre han existido marcas que han hecho bandera con su compromiso social. Marcas que han optado por transformar su interés comercial -que como es lógico, siempre deberá estar ahí-, hasta adecuarlo a una escala de valores constructivos y transformadores, en la que la reciprocidad se convierte en la mejor herramienta para la creación de su storytelling.

Marcas que no se conforman con vender más, sino que, además, invierten en hacer que la sociedad en la que viven avance y mejore.

Pienso que es un buen momento para que todos los que trabajamos en este mundo de la comunicación de marca, pongamos nuestro granito de arena en la búsqueda de un 'storytelling proactivo y útil' para nuestros clientes -y también para nosotros mismos-. Que sembremos esa semilla que transforme el discurso de venta y lo convierta en un medio para una comunicación de valores, que contribuya a mejorar la sociedad en la que vivimos o, al menos, intentarlo.

Y es importante hacerlo, porque el enorme poder de comunicación de las marcas -aplicado en el momento justo- puede evitar que estallen tormentas como las que ahora vivimos.

Porque, en definitiva, la mejor manera de compartir una historia es formando parte activa de ella.// Las Blog En Punto

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