Es posible que no haya nada más refrescante y placentero que disfrutar de una bebida fría después de pasar el día bajo el caluroso sol. Aunque parezca algo trivial, satisfacer la sed involucra una serie de procesos cerebrales cuyos mecanismos subyacentes no se entienden plenamente.

A fin de profundizar en este punto, un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de California (CalTech), realizó un estudio en ratones cuyos resultados revelaron cómo las señales provenientes de la garganta y los intestinos, en conjunto, controlan los sentimientos de sed.

Mapeando circuitos cerebrales

Una investigación previa realizada por el equipo mostró que el simple acto de tragar activaba un circuito en la lámina terminal, una región cerca de la parte frontal del cerebro, que finalmente condujo a la supresión de la actividad en las neuronas responsables de generar sentimientos de sed.Curiosidades sobre el agua

Esta vía entre la garganta y el cerebro se activó independientemente de lo que consumiera el animal; agua, solución salina y aceite produjeron efectos similares. Pero el hecho de que todas estas sustancias pudieran inhibir las “neuronas de la sed” del cerebro indicaba que faltaba algo.

Estudios de comportamiento animal que datan de décadas sugieren la existencia de un mecanismo adicional en el intestino el cual le indica al cerebro la presencia de agua. Con esto presente, el equipo se dispuso a trazar un mapa de los circuitos cerebrales responsables de recibir estas señales.

Al inyectar fluidos directamente en el intestino de los ratones, los investigadores descubrieron que para que los roedores se sintieran completamente hidratados, este segundo circuito basado en el intestino debía activarse.

Un mecanismo de dos vías

Sin estas señales gastrointestinales, que, a diferencia de las originadas en la garganta, respondieron de manera selectiva a la presencia de agua, las neuronas de la sed del cerebro se aceleraron de nuevo, lo que llevó a los animales a beber más.

En conjunto, estos resultados sugieren un mecanismo de dos vías. Inicialmente, la garganta envía una señal al cerebro inmediata, pero temporal, para calmar la sed una vez que el animal comienza a tragar. En ese momento, el cuerpo no se da cuenta de lo que consume. La segunda señal, que se origina en el intestino, actúa como un mecanismo de control que asegura que la sensación de sed se suprima solo si lo que el cuerpo consumió fue agua.

En complemento, el hallazgo podría explicar, al menos en parte, por qué el consumo de una bebida suele ser refrescante, pero no siempre calma la sed.

Si bien estos estudios se han realizado en roedores, los investigadores creen que existen circuitos similares en los seres humanos. Hay evidencia que respalda de esta idea, como el trabajo de neuroimagen en personas que ha identificado actividad en la lámina terminal en respuesta a la sed.

Además, se piensa que las áreas del cerebro bajo investigación están evolutivamente conservadas porque están involucradas en comportamientos básicos necesarios para la supervivencia.// Hipertextual

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