Nutrición y Dietética UPEA 2024: Convocatoria al Curso Preuniversitario y Prueba de Suficiencia Académica
(La UPEA). Por determinación del Honorable Consejo de Carrera de NUTRICIÓN Y DIETÉTICA HCC Nº 143/2023 y de acuerdo al Reglamento de Admisión Estudiantil de la Universidad Púbica de El Alto (UPEA), se convoca a todos los bachilleres interesados en estudiar la Carrera de NUTRICIÓN Y DIETÉTICA a inscribirse para el Periodo Académica Anual 2024 al Curso Preuniversitario, Prueba de Suficiencia Académica, Excelencia Académica y Admisión Especial…
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Convocatorias UPEA 2024
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¿Qué son las palomitas de maíz?
(La UPEA). Las palomitas de maíz son una comida popular hecha de granos de maíz cocidos en agua o aceite, que se expanden y se vuelven achaparradas cuando se calientan. Se pueden comer solas o con una variedad de aderezos, como sal, mantequilla, queso rallado, etc.
Son comúnmente consumidas en cines, estadios y eventos al aire libre, pero también se pueden comprar en bolsas listas para comer en supermercados.
La palabra "achaparrada" se refiere a algo que tiene una forma aplanada o plana. En el contexto de las palomitas de maíz, se refiere a la forma en que los granos de maíz se expanden y se vuelven planos después de cocerse.
Es una de las características distintivas de las palomitas de maíz y es lo que las hace diferentes de otros tipos de granos cocidos.
¿POR QUÉ REVIENTA EL MAÍZ?

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Cómo descongelar el pescado rápidamente y sin poner en peligro nuestra salud
El pescado no es que pueda congelarse, es que debe congelarse. Eso significa que debemos planificar cuándo vamos a consumirlo y cuándo vamos a descongelarlo
Ocurrió en el año 1874. El ingeniero francés, Charles Tellier, más conocido como “el padre del frío” botó el primer barco frigorífico de la historia, que transportó un cargamento de carne desde la región normanda de El Havre hasta Buenos Aires. En total, el “Frigorique” tardó 105 días en completar la travesía. Es decir, unos tres meses y medio en alta mar, en los que la carne se había mantenido en perfecto estado. Aquel avance tecnológico supuso un salto extraordinario en la forma en la que las personas conservaban y consumían sus alimentos.
Una de las mayores ventajas de esta nueva tecnología, era la posibilidad de consumir pescado en aquellos puntos más alejados de la costa. Estamos hablando de que -por primera vez- sería posible incluir en la dieta de millones de personas, una abundante fuente de nutrientes que antes -simple y llanamente- estaban fuera de su alcance… con las consecuencias para la salud pública que eso supone. Ahora bien, si queremos congelar y descongelar pescado, debemos hacerlo con respeto por el producto. Porque si no somos cuidadosos, podríamos sufrir una intoxicación.
¿Cómo se debe descongelar el pescado?
Los pescados no es que puedan congelarse, es que deben congelarse. Y ojo, que esta precaución es importante, porque todos los tipos de pescado son susceptibles de contener unos pequeños parásitos llamados anisakis; que podrían llegar a generar una reacción alérgica muy grave. Por ese motivo, es obligatorio congelar el pescado… y no es suficiente con congelarlo durante un solo día, debe estar -como mínimo- durante 4 o 5 días en el congelador. Esa es la única forma de asegurarnos de que todos los bichitos están muertos antes de llevárnoslo a la boca.
En cuanto al tiempo máximo que pueden estar en el congelador, hay que apuntar que no es lo mismo un pescado azul, que puede mantenerse congelado durante tres meses; que un pescado blanco, como la merluza o el rape, que puede aguantar congelado hasta los 6 meses.
Los pescados deben descongelarse con antelación y nunca deben descongelarse a temperatura ambiente. La cocina puede alcanzar temperaturas consideradas de alto riesgo y eso puede favorecer el desarrollo de microorganismos que generen infecciones alimentarias mientras el producto se descongela.
Es mucho más aconsejable descongelar el pescado en la nevera. Para hacerlo con seguridad, colocaremos una rejilla debajo del pescado que queramos descongelar para evitar, no sólo que el propio alimento se contamine, sino también que se puedan contaminar los productos que están a su alrededor.
La otra opción para descongelar los pescados es sumergirlos en agua. Pero antes de hacerlo, también tenemos que tener algunas precauciones. Primero, el agua debe estar fría para que la comida no sufra un cambio drástico de temperatura que la eche a perder. Segundo, los alimentos deben estar aislados del agua. Si la bolsa está rota o tiene algún desperfecto, es preferible meterlo a la vez en otra bolsa y luego introducirlo en el agua. Y por último, sería recomendable que cada media hora más o menos se cambiase el agua… para que esta estuviese siempre fría.
Cómo descongelar el pescado de urgencia
Si se trata de una situación de emergencia, es decir, si tenemos poco tiempo para descongelar un pescado congelado, lo único que podemos hacer es ser un poquito creativos. Lo que debe quedar rotundamente descartado es dejarlo a temperatura ambiente, utilizar el microondas o utilizar agua caliente. Es cierto que todos estos métodos serían mucho más rápidos, pero no nos confundamos: es peligroso.
Llegados a este punto, lo único que podemos hacer para reducir el tiempo de descongelación es aumentar la superficie de contacto con el agua o con el aire de la nevera. Es decir, debemos cortar el pescado y luego meterlo en la nevera o en agua fría. No es un remedio milagroso, porque -incluso con esta ayudita- al pescado todavía le llevará unos minutos estar listo para cocinar.
Por cierto, si cortar pescado a temperatura ambiente no es sencillo… hacerlo cuando está congelado no es sólo más complicado, sino que también es bastante peligroso. Por eso, la mejor opción es estar preparado para la eventualidad de que tengamos que descongelar de urgencia… y cortar el pescado antes de congelarlo.// La Razón
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La fórmula para desayunos y meriendas infantiles sanos y sostenibles
La Organización Mundial de la Salud y el International Obesity Task Force llevan años alertando de un incremento sostenido y gradual del sobrepeso y la obesidad infantil.
En concreto España tiene una de las prevalencias de obesidad infanto-juvenil más significativas de Europa, según el Informe Regional Europeo de Obesidad 2022. A ello se le suma que la dieta a estas edades no es precisamente la más adecuada, de acuerdo con el informe ALADINO.
Si además tenemos en cuenta lo importante que es mitigar el impacto ambiental de las dietas, todo anima a realizar un cambio global urgente y apostar desde la infancia por patrones alimentarios que garanticen la salud individual y planetaria.
El desayuno y la merienda también cuentan
En la etapa escolar es importante realizar 4 ó 5 ingestas moderadas al día adaptadas a cada niño o niña respetando la sensación de hambre-saciedad expresada. De ahí que a esta edad se recomiende desayunar y merendar bien. Sin embargo, tanto niños como adolescentes acostumbran a saltarse estas comidas.
Si nos centramos en el contenido del desayuno y la merienda, entre los escolares es bastante común abusar de los productos ultraprocesados y los azúcares libres en detrimento de los alimentos frescos. Para que estas ingestas sean más saludables y sostenibles, se recomienda planificar todas las comidas priorizando la fruta fresca, los frutos secos, los cereales integrales, las verduras y las legumbres.
La abundancia de alimentos de origen vegetal es un rasgo característico de la dieta mediterránea. Y debe ir acompañada de una reducción del consumo de productos de origen animal, especialmente carnes rojas y procesadas.
“Sí” a la fruta y la verdura
Según los estudios de la dieta en población infantil, la mayoría de los niños y niñas en edad preescolar consumen cantidades inferiores a las recomendadas de verduras y frutas. La tendencia se puede intentar cambiar con acciones como éstas:
Involucrar a las niñas y niños en la cocina facilita la aceptación de los alimentos.
“Predicar con el ejemplo” tiene buenos resultados en la promoción del consumo de frutas y verduras. Se ha demostrado que los miembros de la familia y las personas más cercanas a los niños y niñas son sus referentes. Por tanto, si siguen hábitos alimentarios saludables se transmitirán de manera natural.
Ofrecer variedad de verduras y frutas de temporada como refrigerio ayuda a cumplir las recomendaciones de ingesta de estos alimentos desde edades tempranas .
Sostenible además de saludable
Aunque hasta hace unos años en la etapa escolar solo se hablaba de alimentación saludable, ahora es necesario añadir el adjetivo sostenible. Eso implica que, en lugar de poner el foco solo en qué comemos, también prestamos atención a cómo comemos.
La dieta mediterránea no solo ofrece una alternativa capaz de garantizar el adecuado aporte de nutrientes y de prevenir las enfermedades crónicas no transmisibles: también tiene bajo impacto ambiental.
Algunos ejemplos de posibles desayunos y meriendas saludables son:
Macedonia de fruta de temporada con frutos secos y tostada de pan integral con aceite de oliva y romero.
Bocadillo integral con pisto de verduras, piñones y bonito.
Bebida vegetal o leche con canela y tostada de pan integral con paté vegetal o humus.
Bizcocho casero integral de zanahoria y almendra con una pieza de fruta de temporada.
Yogur natural con avena y fruta de temporada.
Podemos conseguir que ambas comidas sean sostenibles teniendo en cuenta los siguientes criterios:
Temporalidad: elegir productos de temporada ya que son más económicos, sostenibles y añaden variabilidad a la dieta.
Origen: priorizar alimentos de producción local, lo más cercano posible a nuestra residencia (radio de 100 kilómetros).
Envases de alimentos: evitar los batidos y zumos en tetrabrick (en general, evitar los zumos, que son poco saludables). Prescindir también de los paquetes individuales de frutos secos o cereales para minimizar envases de un solo uso y priorizar los envases reutilizables. La compra de alimentos a granel es una alternativa sostenible que permite adquirir solo las cantidades necesarias, sin tener que aceptar los formatos estandarizados (en kilogramos o litros de productos).
Otro factor clave en temas de alimentación saludable y sostenible es la técnica culinaria empleada. Así lo explicita el reciente informe del comité científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que recomienda cocinar empleando electrodomésticos de bajo impacto ambiental. Es decir, microondas u olla a presión. Además de ahorrar tiempo y energía, estas opciones permiten cocinar en grandes cantidades que, posteriormente, se pueden congelar.
Aprovechar mejor que tirar
Tampoco hay que perder de vista las medidas para reducir el desperdicio alimentario. Alrededor de un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se pierde o se desperdicia.
A reducir ese porcentaje ayudaría realizar compras conscientes (comprando solo lo necesario), hacer un correcto almacenaje de los alimentos asegurando la rotación de productos y controlar las fechas de caducidad de los alimentos.
Practicar una cocina de aprovechamiento, representada en las clásicas croquetas, también reduce la cantidad de comida que tiramos.// The Conversation
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Qué está pasando realmente con el arroz blanco (y hasta qué punto debería preocuparnos)
"Un alimento clásico" de la cocina española "con fama de saludable" que en realidad "es dañino para el páncreas". En los últimos días, un estudio sobre la relación entre la diabetes y el tipo de arroz que comemos (blanco o integral) ha tenido un enorme eco mediático. Y, la verdad, llueve sobre mojado. Durante los últimos años, hemos escuchado muchas cosas negativas sobre el consumo de arroz. Así que nos hemos preguntado, ¿qué pasa con uno de los cereales más producidos y consumidos del mundo?
¿Qué es realmente el arroz blanco? De entrada, y aunque parezca contraintuitivo, se trata de un producto bastante procesado. Si lo pensamos un segundo, un grano de arroz está compuesto por la cáscara, el salvado, el germen y el endospermo. Al arroz integral solo le quitan la cáscara dura del exterior, pero al arroz blanco le quitan todo y solo dejan el endospermo.
Eso ya nos da una pista sobre qué está pasando aquí: al producir arroz blanco estamos quedándonos con los carbohidratos y estamos desechando la fibra (del salvado) y los nutrientes (del germen). ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué "vaciamos" el arroz? Esencialmente, porque así se mejora el sabor, se facilita la cocción y, sobre todo, se prolonga su vida útil. Es decir, se conserva, se almacena y se mantiene mejor. Y eso, hasta hace un par de décadas, era el argumento ganador.
Las cosas han cambiado. Lo que ocurre es que, hoy por hoy, ese argumento pierde peso y los posibles problemas relacionados con su consumo empiezan a mirarse de otra forma. Por ello, desde hace años escuchamos que el consumo de arroz blanco (por s mayor índice glucémico) podría estar relacionado con un mayor riesgo de diabetes, con un mayor riesgo de desarrollar síndrome metabólico o que sus niveles de arsénico son muy altos.
Un problema, sí.... Esto último, lo del arsénico, afecta más al integral que al blanco porque tiende a acumularse en el salvado y es algo sobre lo que se está trabajando (y mucho) desde la Unión europea. No obstante, es una buena muestra de lo que solemos leer en prensa sobre el consumo de arroz y sus problemas asociados. Un tratamiento mediático que acaba por generar una imagen totalmente distorsionada del asunto.
...pero con un gran asterisco. Porque, a poco que nos podemos a revisar los estudios que hay sobre el tema, encontramos un pequeño problema: que todas esas afirmaciones son esencialmente ciertas, pero olvidan un detalle sustancial: se refieren a consumo de arroz descomunales; muy superior, en todo caso, al consumo típico en España. Los estudios sobre el síndrome metabólico, por ejemplo, están hechos en población asiática.
Entonces, ¿es bien o mal?. Es cierto que no se recomienda introducir alimentos derivados del arroz (como bebidas o tortitas) en niños menores de seis años y que en las embarazadas puede ser recomendable el uso de arroz blanco enriquecido; pero, en la población general, el consumo moderado de arroz (sea blanco o integral) no presenta ningún problema.
¿Es mejor consumir arroz integral? A nivel nutricional y en términos generales, sí. Sobre todo, porque en dietas cada vez más ultraprocesadas, mantenter bajo control nuestra respuesta glucémica es una buena estrategia a largo plazo. No obstante, eso va mucho más allá del tipo de arroz que consumimos. Y es que, siempre que hablamos de un alimento de forma aislada, corremos el riesgo de no ver nuestra dieta como un todo integrado donde cada pieza juega su parte. Si no pensamos a nivel general, estamos dando palos de ciego.// Xataka
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Nutrición y Dietética UPEA 2023: Convocatoria a la Prueba de Suficiencia Académica, Curso Preuniversitario, Excelencia Académica y Admisión Especial
(La UPEA). Por determinación del Honorable Consejo de Carrera de NUTRICIÓN Y DIETÉTICA HCC No 126/2022 y de acuerdo al Reglamento de Admisión Estudiantil de la Universidad Pública de El Alto, se CONVOCA a todos los bachilleres interesados en estudiar la Carrera de NUTRICIÓN Y DIETÉTICA a inscribirse para el Período Académico Anual 2023 a la Prueba de Suficiencia Académica, Curso Preuniversitario, Excelencia Académica y Admisión Especial
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Convocatorias UPEA 2023
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¿Por qué cocinamos la comida?
Las hipótesis son varias y posiblemente se deba a un conjunto de ellas
Hay personas que pasan más tiempo de su vida cocinando que comiendo y, si lo pensamos, es una costumbre bastante extraña. La naturaleza “busca” la eficiencia y dedicar una hora a cocinar una tortilla de patatas que podemos devorar en apenas 5 minutos no parece especialmente práctico. De hecho, mucha gente se niega a invertir tanto tiempo en la cocina.
Partiendo de estas premisas, puede parecer poco intuitivo que nuestros antepasados prehistóricos, que luchaban diariamente por sobrevivir, empezaran a derrochar energía en la cocina si esta no fuera algo realmente valioso. Su peso social y cultural tuvo que venir después de que se generalizara y, por lo tanto, tiene que haber otra serie de ventajas previas a las que ahora le damos como sociedad. El tema es más complejo de lo que puede parecer y, precisamente por eso, han corrido ríos de tinta, sugiriendo diferentes motivos por los que el ser humano pudo empezar a cocinar sus alimentos.
Cerebros cocineros
Una de las explicaciones más conocidas de la cocina es que, gracias a ella, se podían aprovechar mejor los nutrientes de determinados alimentos, permitiendo que nuestros antepasados empezaran a nutrir su creciente cerebro. Estas ideas descansan, sobre todo, en tres conceptos. El primero y el segundo van de la mano y consisten en que, en principio, parece que empezamos a utilizar el fuego más o menos en el mismo momento en que el cerebro de nuestros antepasados comenzó a expandirse, hace entre 300.000 y 500.000 años (según cómo lo evaluemos). El tercer concepto tiene que ver con lo costoso que es mantener un tejido cerebral como el nuestro, con tantísimas neuronas (unas 86.000 millones), teniendo en cuenta la energía que consumen. De hecho, el cerebro gasta cerca de una cuarta parte de la energía que ingerimos.
Si juntamos estos tres puntos, parece razonable pensar que los seres humanos pudieron haber aprovechado el fuego para mejorar su dieta y facilitar que, generación tras generación, su cerebro creciera. Sin embargo, cada vez surgen más dudas sobre esta explicación, por ejemplo, el hecho de que no parece haber pruebas de que el fuego se utilizara para cocinar hasta hace unos 30.000 años, concretamente mediante hornos de piedra. Sea como fuere, las fechas parecen bailar. Así que, sea o no cierta esta explicación, posiblemente haga falta algo más, algo cuyos efectos fueran evidentes para nuestros antepasados y que, por lo tanto, les parecieran deseables.
Seguro, digestible y comestible
Si dejamos a un lado la hipótesis del cerebro, nos encontraremos con tres conceptos principales: la seguridad alimentaria, la digestibilidad y la comestibilidad. La primera es bastante evidente, cocinando los alimentos logramos eliminar la mayoría de las bacterias perjudiciales para la salud, las cuales raramente sobreviven a los 70 grados de temperatura y mucho menos a los 100 que se alcanzan durante la cocción. De ese modo, cocinar alimentos (sobre todo cuando no estaban correctamente conservados, eliminaba bacterias problemáticas como el Campylobacter, la Salmonella y la Listeria monocytogenes. Eso ya es una ventaja clara, pero hay más.
Por otro lado, los alimentos cocinados suelen ser más digestivos. Si nos quedamos en un ejemplo sencillo (y bastante evidente), la comida más blanda es más masticable y, al estar más procesada, el estómago y el intestino pueden digerirla con mayor facilidad. Esto significa que pueden aprovecharse más sus nutrientes, independientemente de que sea para alimentar a un cerebro en crecimiento o a cualquier otro tejido del cuerpo humano. Por ejemplo, algunos granos serían muy indigestos si no se molieran y cocinaran, como ocurre si comemos harina cruda. Las proteínas sometidas a calor (cambios de pH o salinidad) ven alterada su estructura y, por lo tanto, cambian sus propiedades. Esto significa que cocinar algunos productos puede alterar compuestos que antes eran tóxicos y, por lo tanto, hacerlos comestibles para nosotros.
Y, finalmente, está la comestibilidad, porque los procesos químicos que ocurren durante el cocinado enriquecen los sabores de los alimentos, haciéndolos más aromáticos y atractivos, ya no solo por motivos culturales, sino por lo que nuestro cerebro tiende a buscar.
QUE NO TE LA CUELEN:
- Hay que tener en cuenta que, aunque la mayoría de los productos se vuelven más digestivos y comestibles cuando se cocinan, dependiendo del cocinado y del producto puede ocurrir lo contrario. De hecho, en algunas ocasiones, el cocinado puede volver tóxicos algunos alimentos.// La Razón
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Cada vez sabemos más sobre los edulcorantes. Y ya no parecen tan inocuos como siempre creímos
Una noche de 1879 y mientras cenaba, Constantin Fahlberg se dio cuenta de que el panecillo que acababa de morder estaba increíblemente dulce. Pero mucho. Al principio pensó que el panadero se habría equivocado, pero luego, al darle un bocado más por otra parte del bollo, comprobó que el sabor era normal. ¿Qué estaba pasando? Pues que aquel químico ruso que trabajaba en la Universidad John Hopkins no se había lavado las manos al salir del laboratorio y, por pura casualidad, acaba de descubrir la sacarina.
Desde entonces, la promesa de los edulcorantes no nutritivos ("todo el dulzor y ninguna caloría") ha sido una constante.
¿Son realmente inertes esos edulcorantes?. La clave de estas sustancias química estaba precisamente en que se pensaba que eran inertes en el cuerpo; es decir, que no tenían ningún efecto en él. Sentíamos el sabor, pero nada más: tal y como entraban, salían. El problema es que desde hace tiempo muchos investigadores sospechan que eso no es así. La idea de que los edulcorantes no nutritivos engordan son casi una leyenda urbana: una historia muy repetida, pero con escasa evidencia científica detrás.
Por ser precisos, en muchos casos, no solo es que falten estudios sobre si estos tipos de edulcorantes engordan; es que, al ser inertes, no se sabía cómo podían hacerlo (más allá de por algunos indefinidos mecanismos psicológicos). Ahora, un equipo del Instituto Weizmann de Ciencias y el Centro Nacional del Cáncer de Alemania han descubierto cómo pueden afectarnos al menos dos de estos edulcorantes.
¿Cómo lo hicieron?. El enfoque es curioso: los investigadores buscaron a 120 personas que no consumían (de forma bastante estricta) edulcorantes no nutritivos, los dividieron en grupos para que unos siguieran sin consumir estos educorantes y otros empezaran a hacerlos. Más tarde, para evitar problemas, los investigadores transfirieron muestras microbianas de esas personas en ratones criados en condiciones completamente estériles (es decir, sin microbios intestinales).
¿Y qué descubrieron? “Los resultados fueron bastante sorprendentes”, explicaba el investigador principal, Eran Elinavinav. “Cuando transferimos a estos ratones estériles el microbioma de los individuos que consumían [sacarina y sucralosa], los ratones receptores desarrollaron alteraciones glucémicas que reflejaban muy significativamente las de los individuos donantes". Esto no pasaba con todos los edulcorantes: solo con la sacarina y la sucralosa. Es decir, encontraron que "los cambios en el microbioma en respuesta al consumo humano de edulcorantes no nutritivos pueden, en ocasiones, inducir cambios glucémicos en los consumidores de una manera altamente personalizada".
No está muy claro las consecuencias últimas de esos cambios glucémicos, la verdad; pero sí parece claro que hay que empezar a asumir que esos edulcorantes serán muchas cosas, pero no inertes. Francisco Guarner, director de la Unidad de Investigación del Sistema Digestivo en el Hospital Universitario Vall d’Hebron, decía en SMC España que "solo una conclusión aceptable, que además es importante: el hecho de que una sustancia no sea absorbible y que, por tanto, no pase a la sangre, no significa que sea inerte. La sustancia influye sobre la microbiota del intestino grueso y puede inducir cambios negativos o positivos". Todo lo demás, pese a coincidir con otros estudios recientes, es polémico aún.
Pero no debería. Y es que muchas partes del mundo llevan años consumiendo grandes cantidades de estos productos; algo que hace injustificable la escasa investigación que hemos conseguido acumular sobre el asunto. Ni siqueira este estudio nos da una visión global del asunto. Como señalaba Ascención Marcos, investigadora del CSIC, "se trata de un buen estudio. Sin embargo, como de costumbre, siempre se pueden ver ´pegas´. De los 19 edulcorantes aprobados en la UE, en este artículo solo aparecen cuatro, luego no se puede extrapolar ningún resultado".// Xataka
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Estos alimentos que consideras buenos para la salud son más perjudiciales de lo que crees
Quizás ese helado de chocolate del que te has privado durante todo el verano sea mucho más sano que ese arroz blanco que te intentas imponer todos los días en la comida.
A la hora de confeccionar nuestra dieta solemos elegir alimentos lo más saludables posibles, teniendo en cuenta su contenido en grasas, sal o azúcar del etiquetado, algo que podría acabar siendo una bomba de relojería para nuestro propio cuerpo si muchos de los alimentos que consideramos saludables no lo son tanto, y ahora una investigación lo demuestra.
Y es que investigadores de Estados Unidos han creado una especie de brújula de alimentos que cambian las suposiciones comunes sobre los refrigerios.
Así que un equipo de la Universidad de Tufts en Boston ha estado más de tres años analizando más de 8000 alimentos y bebidas utilizando ciencia para clasificarlos según 54 atributos distintos. Y si bien en el etiquetado de alimentos se destacan las calorías, la grasa, el azúcar y la sal, los investigadores señalan que esto solo tiene en cuenta un puñado de ingredientes e ignora algunos importantes.
Así que han desarrollado un sistema de puntuación que considera qué tan saludables son los alimentos en nueve métricas. Si bien hay resultados esperables como que los postres dulces y las bebidas gaseosas han obtenido una puntuación muy baja y que las frutas, verduras y nueces muy altas, hay parejas de alimentos que van a sorprenderte como los siguientes.
Si estás a dieta y tienes que elegir entre arroz blanco o patatas fritas, seguro que eliges la primera opción: pues te has equivocado. Y es que esta investigación demuestra que las patatas fritas son ricas en hierro, fibra y potasio mientras que al arroz blanco le han quitado las partes internas y externas del grano las cuales están repletas de nutrientes.![]()
Si tuvieras que elegir entre una barra de granola o bien un cono de un buen helado, seguro que eliges la primera opción, pero te has vuelto a equivocar. Señalan que una barra de granola puede contener mucha grasa, azúcar y sal y ser baja en fibra y proteínas. En cambio un cono de helado es un dulce rico en lácteos y encima está repleto de calcio.
Otra comparación es entre la leche de almendras con chocolate y la leche láctea normal. Si has elegido la leche normal te has vuelto a equivocar. Si bien la leche normal tiene una puntuación bastante alta dado que proporciona nutrientes esenciales como calcio, proteínas y vitaminas, tiene peor puntuación que la leche de almendras con chocolate.
Esto se debe a que la leche de almendras con chocolate sin azúcar tiene menos calorías que por ejemplo la leche entera tradicional y suele estar fortificada con calcio, vitamina D y vitamina B12.
Hay muchas más comparaciones de alimentos que pensamos que son más saludables con otros que pensamos que son menos saludables y que han hecho en Dailymail y que te aconsejamos revisar por si tienes que empezar a cambiar tu dieta.// CH
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Los peores alimentos y bebidas para nuestro cerebro, según los expertos
Estos son los alimentos que ahora mismo consumes en tu dieta, y que deberías retirar inmediatamente por el bien de tu cerebro.
La dieta es muy importante para el organismo, pero también para nuestra salud mental, y es que es conveniente elegir nuestros alimentos adecuados para no llevarnos una sorpresa inesperada con nuestra salud con el paso de los años.
Y ahora la dietista Susan Kelly, ha comentado, vía New York Post, algunos alimentos que deberías retirar ahora mismo de tu dieta por considerarlos perjudiciales tanto para nuestro organismo como para nuestra salud mental.
Y entre este tipo de alimentos hay muchos que seguro que consumes actualmente, entre los que se encuentran zumos de frutas, bebidas azucaradas, alcohol, alimentos con azúcar refinado, alimentos con granos refinados, o incluso esos refrescos dietéticos que piensas que son buenos para tu salud.
Zumos de frutas y otras bebidas azucaradas
La experta comenta que los zumos de frutas cuentan con nutrientes útiles, pero en general son bebidas azucaradas que casi no contienen fibra. Por otra parte la bebida azucarada reduce el volumen cerebral total y el volumen del hipocampo.
De esta manera recomienda que es mejor comer fruta entera en lugar de consumirla en forma de bebida.
Alcohol
No es ninguna sorpresa, el alcohol no es nada bueno para el organismo y ni mucho menos para nuestra salud mental. Comenta que las bebidas alcohólicas afectan en gran medida a las vías de comunicación del cerebro. Una persona que habitualmente consume mucho alcohol se le hace difícil recordar cosas y procesar nuevos datos.
Azúcar refinado
Y sí, esos pasteles, helados, galletas, y en general dulces que tomas son malos para el organismo y para el cerebro, y esto es porque contienen azúcar refinado.
Comenta que se ha descubierto que existe una línea directa de comunicación entre el cerebro y el sistema nervioso entérico, algo que hace que sea de vital importancia mantener el intestino sano y el microbioma en equilibrio.
Granos refinados
Así que en lugar de comer granos refinados con alimentos como la pasta, opta por las opciones integrales. Así que los alimentos que debes evitar son el pan blanco, la pizza, los burritos, la pasta blanca o incluso el arroz blanco.
En su lugar recomienda el trigo, la pasta integral, la cebada, la avena, el arroz integral y el mijo, por nombrar algunos.
No es bueno consumir muchas calorías
Tampoco es un secreto que consumir muchas calorías, de golpe, no es nada bueno para nuestro organismo, y también puede afectar a la salud del cerebro. Y es que la experta señala que comer en exceso y consumir muchas calorías en un periodo corto de tiempo está relacionado con un mayor riesgo de problemas relacionados con la memoria y deterioro cognitivo general.
Por otra parte comer en exceso causa obesidad que contribuye a la diabetes, a la presión arterial alta y a las enfermedades cardíacas.
Refrescos dietéticos
Que no te engañen, esos refrescos dietéticos que compras en tu supermercado son malos para tu salud. Y es que comenta que distintos estudios han demostrado que incluso los refrescos dietéticos se han relacionado con una inflamación cerebral elevada y un mayor riesgo de depresión.// CH
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Lo que cenas influye en tu sueño: nueve alimentos con melatonina que te ayudarán a dormir mejor
La melatonina es una hormona que varía según nuestros ritmos circadianos, ayudándonos a dormir cuando llega la noche. Existen diferentes alimentos que son potenciadores del sueño por su alto contenido en esta sustancia, lo que los convierten en opciones interesantes para consumir en la cena. Prepara tu última comida del día con una mezcla de los siguientes alimentos que pueden ayudarte a conciliar el sueño y mejorar la calidad del mismo.
Alimentos con alto contenido en melatonina para ayudarte a dormir mejor
La melatonina puede resultarte familiar, ya que de un tiempo a esta parte se ha convertido en vital para las personas a las que les cuesta conciliar el sueño. Esta hormona depende de la luz y la oscuridad, siendo regulada de forma innata por nuestro ritmo circadiano.
Nuestro cuerpo liberta sustancias al despertar para activarnos y hace lo mismo con otros componentes cuando llega la hora de ir a dormir. El problema aparece cuando desregulamos esos ciclos naturales de luz y oscuridad, entorpeciendo la producción de melatonina, y con ello el ciclo de sueño y vigilia.
Además de melatonina, los alimentos ricos en triptófano y magnesio también nos interesan como favorecedores del sueño. Consumir alimentos ricos en estas sustancias no van a hacer que arreglemos el insomnio de manera inmediata, puesto que otros factores también intervienen en esta y otras alteraciones del sueño.
Sin embargo, consumir una dieta sana como la dieta mediterránea a lo largo del día, practicar ejercicio físico y evitar el alto estrés y la ansiedad, producirán grandes mejoras en el tiempo y la calidad del sueño. Estos alimentos también nos ayudarán al ser ricos en melatonina, haciendo que nuestro sueño sea más reparador cada noche.
Kiwi como postre
El kiwi es una excelente opción a consumir como postre en la cena, o como re-cena en esos casos en los que cenamos temprano y luego siempre nos entra hambre después. Es una fruta rica en vitaminas y minerales que pueden ayudarnos a mejorar el sueño.
La melatonina se libera a partir de la serotonina. El kiwi cuenta con una alta concentración de serotonina, además de relacionarse con otros factores que pueden mejorar la calidad del sueño como sus propiedades antioxidantes.
Cerezas ácidas (y en menor parte las cerezas dulces)
La cereza ácida es comúnmente conocida como guinda, siendo muy similar a la cereza dulce que es la más consumida. Las cerezas ácidas tienen un alto contenido en melatonina, además de otros compuestos antiinflamatorios como la procianidina que aumenta la disponibilidad de triptófano.
La unión de triptófano y melatonina es un "caballo ganador" a la hora de elegir alimentos que promuevan la mejora del sueño. Hay evidencia científica donde se informó que tomar cerezas ácidas antes de dormir aumentó el tiempo de sueño y la eficiencia del mismo.
Bayas de Goji
Las bayas de Goji son uno de esos alimentos a incluir en nuestra dieta por su contenido en antioxidantes y sustancias bioactivas que pueden ayudarnos a mejorar alteraciones como la ansiedad y la depresión. Su gran contenido en fibra convierten a este fruto en una opción excelente para consumir antes de dormir.
Leche y a dormir
Mi madre cuando era pequeño esperaba a que me tomase el vaso de leche y le diera un beso al vaso de leche volcado boca abajo para comprobar que estaba totalmente vacío. Sin saberlo, estaba tomando una de las mejores fuentes de melatonina y serotonina que me ayudarían a conciliar el sueño más fácilmente.
Curiosamente, las vacas que se ordeñan de noche tienen un aporte mayor de serotonina que las que son ordeñadas por el día. Al igual que nosotros, la secreción de esta hormona tiene ciclos donde está más o menos presente. No vamos a saber ese dato cuando vamos a comprar leche, pero en cualquier caso será una fuente interesante de melatonina a tomar antes de dormir con el objetivo de mejorar el sueño.
Pescados ricos en grasa (pescado azul)
Los pescados con alto contenido en grasa como el salmón y el atún, son ricos en melatonina. Además, cuentan también con niveles elevados de magnesio, ácidos omega 3 y vitaminas que regulan la serotonina. Un todo en uno que podemos escoger para preparar una cena ligera y saludable que potencie la aparición del sueño.
Diferentes estudios, como este que evaluaba el sueño general en personas que consumían salmón tres veces por semana, encontraron que el pescado graso es un buen alimento para dormir mejor.
Frutos secos: nueces, almendras y pistachos
Muchos frutos secos como las nueces, las almendras o los pistachos contienen melatonina, magnesio y zinc, tres componentes combinados que aumentan aún más el efecto que por separado. Consumirlos antes de dormir puede ayudarnos a combatir problemas de insomnio y mejorar la calidad del sueño.
Huevos
Los huevos son una opción rápida y saludable para incluir como cena, que además puede favorecer el sueño, ya que son ricos en melatonina y triptófano. Para esas noches en las que no tienes ganas de cocinar, prepara una tortilla francesa o unos huevos revueltos con verdura y tendrás cena ligera, sana y que potencia el sueño.
Arroz blanco
El arroz blanco es un alimento con un índice glucémico alto que se correlaciona con la liberación de serotonina. Consumirlo hasta una hora antes de ir a dormir puede ayudar a mejorar la calidad del sueño. Eso no ocurre con otros alimentos de índice glucémico alto como el pan o la pasta.
En función de tu estilo de vida y gustos, puedes utilizar el arroz como acompañamiento en la cena de un pescado azul, por ejemplo. ¿Qué preparación aúna arroz blanco y pescado azul? Sí, el sushi y varias preparaciones de ese estilo japonés.// Vitónica
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Un estudio demuestra que comer estas bayas todos los días, previene la pérdida de visión por la edad
No es ningún secreto que los alimentos saludables nos garantizan una mejor calidad de vida. Pero hay que investigar cuáles, y qué efectos tienen.
A partir de los 40 años, casi todas las personas comienzan a perder vista con la edad. La mayoría empiezan a ver peor de cerca, lo que se llama "vista cansada". No queda más remedio que ponerse gafas para leer.
Existe también la degeneración macular motivada por la edad (AMD), otra de las causas de pérdidas de visión más comunes, que afecta a la protección contra la luz estándar, y la luz azul.
Las bayas de Goji se han usado durante siglos en Asia para "mejorar la vista". Ahora un grupo de científicos de la Universidad de California ha comprobado que, efectivamente, comer un puñado de bayas de Goji todos los días protege contra la pérdida de visión asociada a la edad, según cuenta VerywellFit.
El estudio pidió comer a un grupo de 27 personas de entre 45 y 65 años un puñado de bayas de Goji 5 veces a la semana durante 3 meses. Todas ellas experimentaron un aumento en la capa de protección que tienen nuestros ojos para defenderse de la luz del sol, y la luz azul.
Esta especie de "gafas de sol" naturales protegen la mácula de la radiación, y con ello previenen su desgaste.
Las bayas de Goji, también conocidas como cerezas de Goji o bayas del Tibet, son un tipo de baya que se emplea en la cocina y en la medicina de países como China, Corea, Vietnam y Japón, desde hace casi 2.000 años.
En Occidente se venden deshidratadas, porque así se conservan mejor sin perder sus propiedades. Son fáciles de encontrar en cualquier comercio, por ejemplo en Amazon. Este estudio demuestra que son buenas para la vista, pero se trata de un superalimento que tiene otras muchas propiedades.
En 28 gramos de bayas de Goji, que solo tienen 100 calorías, encontramos 4 gramos de proteínas y 4 gramos de fibras, además de vitamina A y C, hierro y calcio. Además son muy sabrosas.
Se ha comprobado científicamente que cuidan la piel, mejoran el sistema inmunitario, el estado de ánimo, la concentración y la fatiga.
Además son muy sabrosas, así que se pueden tomar como snack, con yogur, en ensaladas, o como se desee.
Si tienes más de 40 años, te conviene añadirlas a tu dieta...// CH
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Tres claves para comer frutas y verduras crudas de forma segura
Que los vegetales son fundamentales para el correcto funcionamiento del organismo ha quedado claro: la ciencia se ha esforzado por confirmarlo. Por eso estos productos conforman la base de la dieta mediterránea, esa que promueven las instituciones internacionales para mejorar el bienestar general e incluso aumentar la esperanza de vida.
Sin embargo, también son alimentos que generan cierto miedo en los consumidores, que dudan si pueden estar contaminados, tanto por microorganismos como por los plaguicidas usados para cultivarlos.
Evidentemente, es imposible garantizar que la producción de alimentos está libre por completo de sustancias contaminantes, ya sean químicas o biológicas. Pero siguiendo unas pautas sencillas podemos reducir al máximo los riesgos, tanto para la salud de la población general como para el medio ambiente.
Tres preocupaciones derivadas de los vegetales
1. Plaguicidas
Lo primero que nos suele inquietar de los productos vegetales frescos es si contendrán sustancias químicas derivadas de las prácticas agrícolas convencionales. Por ejemplo, plaguicidas.
Sin embargo, la legislación europea al respecto es estricta. Fundamentalmente, prohíbe la utilización de ciertas sustancias químicas y limita la presencia de otras en nuestros alimentos. Asimismo, la continua vigilancia y el control oficial, coordinados por las autoridades sanitarias, garantizan el cumplimiento de estas normas y muestran un alto grado de cumplimiento.
Así lo pone de manifiesto el último informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Este documento destaca que más del 98 % de las muestras analizadas en el último control cumplían con los límites máximos exigidos.
2. Microorganismos
Más allá de los plaguicidas, también nos preocupa la presencia de microorganismos que puedan suponer un peligro para la salud humana. Y es cierto que los hay, pero el riesgo de que provoquen daños en nuestro organismo es menor que el que existe al consumir alimentos de origen animal. No hay que olvidar que los vegetales son menos propensos al desarrollo de microorganismos que puedan causar enfermedades a las personas.
No obstante, no están libres de riesgo. El consumo de vegetales crudos se puede asociar a brotes producidos por virus (hepatitis A y norovirus) o bacterianos de origen fecal, como Salmonella o tipos patógenos de E. coli.
Que proliferen es algo que los consumidores podemos evitar. Conviene saber que los vegetales presentan de forma natural una microbiota general no patógena, aunque en ocasiones podrían contaminarse durante las diferentes etapas productivas (cultivo, recolección, transporte o puesta a disposición de los consumidores). Esta contaminación puede tener un origen ambiental, animal o humano.
Un reciente informe de AESAN concluye que el almacenamiento a temperatura ambiente de melón, sandía, papaya y piña cortadas por la mitad puede suponer un riesgo sanitario importante debido a la exposición a las bacterias Salmonella, E. coli verotoxigénico o Listeria monocytogenes. Todas ellas se asocian con frecuencia a brotes de diarrea.
3. “Superbacterias”
En general, deben tenerse en cuenta todas las bacterias, tengan o no capacidad para producir enfermedad en las personas, porque pueden ser potencialmente portadoras de genes de resistencia a antibióticos. Eso implica que pueden contener información genética que, una vez expresada, vuelve ineficaces a los antibióticos. Hay ocasiones en las que esta resistencia no es únicamente frente a un solo antibiótico sino a varios. En este caso, hablaríamos de “superbacteria”.
Además, esta resistencia puede transmistirse a otras bacterias próximas, aumentando la magnitud del problema. La estrategia actual de prevención y mitigación se desarrolla internacionalmente mediante el enfoque One Health, que defiende que la salud de las personas está directamente interrelacionada con la sanidad animal y la medioambiental.
En esta línea, algunos estudios muestran que los vegetales frescos pueden también ser portadores de estas superbacterias. No obstante, la información disponible todavía no es tan completa como la existente para los productos de origen animal. De ahí la importancia de aumentar el esfuerzo investigador.
Nuestro grupo de investigación, a través del proyecto #VegeColiRes, está remarcando la importancia de los vegetales frescos como vehículos de bacterias portadoras de resistencia antimicrobiana con potencial capacidad de transmisión a otras, aunque mayoritariamente asociadas circunstancialmente a enfermedad humana (oportunistas).
Trucos cotidianos para consumir vegetales de forma segura
Los consumidores de productos vegetales frescos podemos aumentar la seguridad de su consumo mediante prácticas domésticas muy sencillas.
En primer lugar, es imprescindible lavar y desinfectar bien los productos vegetales. Por ejemplo, con un tapón o cucharada de lejía apta para la desinfección de agua en unos 3 litros de agua. Esta técnica es importante para los vegetales que vamos a consumir crudos. Así eliminaremos eficazmente a los microorganismos peligrosos, impidiendo también que las superbacterias puedan llegar a nosotros.
Otro aspecto de gran trascendencia para el consumo seguro de vegetales frescos es evitar la contaminación cruzada. Es decir, debemos impedir que los productos de origen animal crudos puedan contaminar a los de consumo directo. Por eso conviene mantener una buena higiene de las superficies y los utensilios que se emplean para la preparación de ambos tipos de productos.
Del mismo modo, el almacenamiento de los productos alimenticios en nuestras neveras debe ser racional y la limpieza frecuente.
En definitiva, los vegetales frescos nos aportan una gran cantidad de beneficios que hacen imprescindible su consumo regular. Sin embargo, debemos ser conscientes de sus posibles riesgos para la salud humana.
Afortunadamente, y de acuerdo a la vigilancia constante de las autoridades sanitarias, estos peligros se ven minimizados manteniendo buenas prácticas en la producción agrícola y ganadera y con unas razonables medidas higiénicas en los hogares.// The Conversation
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Comer pipas de girasol: beneficios para la salud que te sorprenderán
Las pipas de girasol son muy populares en España. Se toman como aperitivo para ver la tele, en el parque, en los eventos deportivos... Y es una sana costumbre.
Hay pocos aperitivos más sanos, sabrosos y baratos que las pipas de girasol. Pero con condiciones...
En los kioscos o supermercados se pueden encontrar con y sin sal. Si queremos que sean saludables de verdad, hay que comer las pipas sin sal. Si no es posible porque no te saben igual, que la cantidad de sal sea lo más baja posible.
Otro aspecto a considerar es que, como los frutos secos (aunque las pipas son semillas), tienen grasa y calorías. Por lo tanto, hay que tomarlas con moderación, no te puedes comer un kilo de pipas todos los días.
Dicho esto, si se consumen sin sal y con moderación, son un excelente alimento, tal como explica la web médica ActiveBeat.
Las pipas de girasol contienen abundante vitamina E, que aporta diferentes beneficios al organismo. Esta vitamina es un antioxidante que previene el colesterol, con lo que protege contra las enfermedades del corazón.
También es un potente antiinflamatorio, lo que reduce el riesgo de padecer asma o artritis, entre otras enfermedades.
Son además muy saciantes, así que podemos matar el hambre sin comer otros aperitivos menos sanos. Y como contiene abundante fibra, ayuda a luchar contra los problemas digestivos.
Las pipas de girasol también contienen magnesio, que fortalece los huesos, y cobre, que ayuda a mantener las articulaciones flexibles.
El magnesio que aporta también ayuda a reducir las migrañas. Y un compuesto llamado colina ayuda a mejorar la memoria, según un estudio médico.
¿Te cuesta dormirte por las noches? Las pipas de girasol contienen triptófano, un aminoácido que ayuda a relajarse. Así que son ideales para comer mientras ves la tele o lees un libro, antes de irte a la cama.
El zinc que atesora fortalece el sistema inmunitario, y la vitamina E protege contra los resfriados.
Finalmente, son ricas en potasio, que neutraliza el sodio del organismo, disminuyendo la presión arterial.
Como puedes ver, una enorme lista de beneficios para la salud, si se consumen con moderación y sin sal.// CH
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¿Durante cuánto tiempo se pueden consumir los alimentos probióticos?
Los alimentos probióticos son imprescindibles en la dieta, pero hay que tener claro cómo influyen en nuestra flora bacteriana.
Los probióticos son cepas de bacterias y levaduras vivas que no solo residen en nuestros intestinos. También en la boca, la piel, el tracto urinario, y otros lugares, según explica Verywellfit.
Dos de las más comunes son las bacterias lactobacillus y bifidobacterium y la levadura saccharomyces boulardii. Aunque tienen mala fama, existen bacterias buenas que son beneficiosas, e incluso imprescindibles para nuestro organismo.
Estos probióticos ayudan al intestino a procesar nutrientes, y mejoran el sistema inmunitario. También reducen los síntomas de la intolerancia a la lactosa, y la dermatitis.
No hay que confundir los probióticos con los prebióticos, que son las partes no digeribles de algunas plantas, que sirven de alimento a los probióticos.
Según explica nuestra compañera Laura Priego en Business Insider, un alimento solo es considerado probiótico cuando las bacterias y levaduras son capaces de mantenerse vivas durante su procesado.
Además deben permanecer al menos durante 21 horas dentro del organismo, no sufrir daños cuando son sometidos a los ácidos, reducir el crecimiento de otras bacterias patógenas y ser capaces de unirse a las mucosas del intestino.
Estos son los principales alimentos que se consideran probióticos.
Son muy baratos y fáciles de conseguir en cualquier supermercado:
- Yogur
- Kefir
- Aceitunas y encurtidos
- Queso crudo
- Kimchi
- Vinagre de manzana
Estos alimentos tardan hasta una semana en hacer efecto, y no son inocuos, ya que contienen microorganismos vivos que actúan en nuestro intestino.
Por ejemplo, son adecuados para los niños cuando sufren cólicos, durante seis semanas. Si sufres estreñimiento, problemas de intestino irritable o diarreas por antibióticos o quimioterapia, el tiempo de consumo de probióticos no debe superar las 3 o 4 semanas aproximadamente, y hay que consultar con el médico.
Si consumes probióticos para reducir peso, se pueden consumir de manera prolongada, pero los resultados no se notarán hasta pasados unos 3 meses.
Añádelos a tu dieta, y sentirás los beneficios.// CH
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¿Estamos comiendo opiáceos?
La amapola adormidora o amapola real (Papaver somniferum L.) se ha utilizado desde la antigüedad como planta medicinal. Su utilidad viene dada por su alta concentración de alcaloides presentes en su látex u opio (el jugo blanquecino que se obtiene a partir de la savia lechosa del árbol). Este se obtiene a través de pequeños cortes en la cápsula inmadura. Recordemos que no hablamos de la amapola común.
Entre los alcaloides mencionados podemos destacar la morfina y la codeína, ambas muy utilizadas por sus propiedades analgésicas. Pero las semillas de adormidera también son utilizadas en la elaboración de alimentos ya que son ricas en ácidos grasos. Mayoritariamente ácido linoleico y oleico.
Algunas de las semillas que consumimos tienen altos niveles de opiáceos
Su uso está muy extendido en países de Europa Central para la preparación de productos de panadería, bollería, rellenos de tartas, pasteles e, incluso, para producir aceite comestible. También se utilizan para infusiones y se agregan a ensaladas, cremas, yogures y platos de pasta. Se pueden consumir solas o mezcladas con otras semillas, como la chía, lino o mijo.
A diferencia del látex, las semillas de adormidera no contienen alcaloides opiáceos, motivo por el cual su uso en alimentación se ha considerado seguro. Sin embargo, en los últimos años algunos estudios han demostrado la presencia de altas concentraciones de estos compuestos. La causa de tal hecho se encuentra bien en la contaminación que puede producirse durante la recolección, bien en los daños producidos en la cápsula por los insectos.
Estas son las razones por las que los alcaloides opiáceos pueden estar presentes en las semillas de adormidera y en los alimentos que las contienen, suponiendo un riesgo para la salud. Este hecho puede explicar los casos de intoxicación, falsos positivos en los test de drogas y las dependencias que han aparecido en los últimos años por el consumo de estas semillas.
Cómo consumir semillas de forma segura
Hasta la fecha, debido a la inexistencia de una legislación armonizada, muchos países han tomado diferentes medidas para intentar controlar y reducir la concentración de alcaloides opiáceos en las semillas y, por ende, en los alimentos que las contienen.
Por ejemplo, en Bélgica solo se permitía utilizar semillas de adormidera en productos de panadería. Por su parte, en Alemania, se estableció un límite máximo de 4 mg/kg de morfina.
Por otro lado, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) en 2011 evaluó el riesgo y estableció una dosis de referencia aguda de morfina de 10 µg/kg de peso corporal. Más tarde, en 2014 se recomendaron algunas prácticas de procesado para reducir la presencia de alcaloides del opio en las semillas y alimentos elaborados con las mismas. Entre ellas, destacan el proceso de lavado y molienda de las semillas y el horneado.
Aun con estas medidas, en los últimos años se han publicado numerosas alertas sanitarias en el RASFF (Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos) tras encontrar concentraciones de morfina entre 14 y 369 mg/kg en dichas semillas.
Por ello, en 2016 se estableció en la Unión Europea un nivel de referencia de carácter no vinculante de 10 mg/kg de morfina en semillas de adormidera para consumo humano directo.
Recientemente, el 3 de diciembre de 2021, la Comisión Europea estableció un contenido máximo de alcaloides opiáceos, expresado en equivalentes de morfina (morfina + 0,2 codeína) en determinados productos alimenticios, concretamente 20 mg/kg para las semillas de adormidera enteras o molidas comercializadas para el consumidor final y 1,5 mg/kg para productos de panadería. Estos niveles máximos serán efectivos a partir de junio de 2022.
No obstante, sigue siendo necesario avanzar en el desarrollo de métodos de análisis de dichas semillas y sustancias para establecer límites armonizados. El objetivo es que estas medidas incluyan también otros alcaloides opiáceos y que se conozca el efecto que producen en ellos las diferentes técnicas de elaboración y procesado de los alimentos.
Técnicas más precisas para la eliminación de opiáceos
En esta línea, en el grupo de investigación consolidado de Química Analítica aplicada a Medioambiente, Alimentos y Fármacos (GQAA-MAF) de la Universidad Rey Juan Carlos hemos estado trabajando en el desarrollo de metodologías analíticas avanzadas que permitan la extracción y el análisis de estos alcaloides, tanto en semillas de adormidera como en productos de panadería.
Para ello, hemos analizado 11 muestras de semillas de adormidera, 3 muestras de mezclas de semillas (incluyendo las semillas de adormidera en su composición), 5 muestras de palitos de pan y 4 de pan de molde. Todas estas se han adquirido en diferentes establecimientos de Madrid y algunas de ellas a través de internet.
Los resultados obtenidos mostraron en las semillas cantidades considerablemente altas de los 6 opiáceos analizados (morfina, codeína, tebaína, papaverina, noscapina y oripavina). La mayoría de las muestras superaron los límites máximos establecidos recientemente en el Reglamento de 2021.
También se observaron casos de productos mal etiquetados, ya que indicaban contener semillas de Papaver rhoeas L. (amapola común, que no tiene opiáceos) cuando en realidad se trataba de semillas de adormidera.
Con respecto a los productos de panadería analizados, las cantidades de opiáceos encontradas fueron inferiores y más altas en el pan de molde que en los palitos de pan. Este hecho puso de manifiesto que el procesado de alimentos con semillas puede reducir considerablemente su concentración, si bien lo hace de manera variable en función del tipo técnica.
En este sentido, el avance en este tipo de estudios es imprescindible para evaluar la concentración real de estos alcaloides en los alimentos que consumimos. Así podremos establecer la ingesta real de dichos compuestos para la población.// The Conversation
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El estudio que recuerda a los deportistas que los suplementos naturales pueden ser peligrosos
En el dopaje el único peligro no son las sanciones. También el peligro que corren los deportistas. Y esto es aplicable también a sustancias naturales.
No todo lo natural es inocuo. En este medio hemos hecho esta advertencia muchas veces. Como también se hace en otros muchos lugares de difusión de la información científica. Pero a veces parece que el mensaje no cala. Se demoniza lo sintetizado artificialmente y lo natural se sube a los altares. Sin embargo, los remedios y suplementos a base de sustancias naturales pueden llegar a ser muy peligrosos. También para los deportistas. De hecho, en su caso, incluso pueden llegar a considerarse dopaje.
Estas son algunas de las advertencias que ha hecho un equipo de científicos de la Sociedad Europea de Cardiología en un informe que se acaba de publicar en European Journal of Preventive Cardiology.
En él analizan las consecuencias, no solo de consumir determinadas sustancias, también de mezclarlas con otras. Y es que este es otro de los grandes problemas de las sustancias naturales. Que no tienen un prospecto que especifique con qué no se pueden mezclar o cuáles son las dosis adecuadas para tomar. Es aplicable a toda la población, pero juega aún más importancia entre los deportistas, pues a menudo pueden excederse con determinadas sustancias para poder mejorar su rendimiento. Esto les hace caer en el dopaje, pero también puede poner su salud en peligro.
Los dos peligros del dopaje
Si se insiste a los deportistas en que no caigan en el dopaje no es solo para evitarles las sanciones. Lógicamente esa es una de las causas, sí. Pero es que también a veces esas sustancias cuyo uso se intenta controlar pueden ser muy peligrosas para la salud.
Por ejemplo, según explican en un comunicado los autores de este último trabajo, los deportistas que consumen esteroides anabólicos androgénicos pueden tener entre 6 y 20 veces más posibilidades de morir que aquellos que están limpios. Alrededor del 30% de esas muertes son por causas cardiovasculares.
Por eso, estos científicos insisten en recordar que las sustancias dirigidas a mejorar el rendimiento deben pasar siempre por el criterio de un médico. Es común que los atletas se hagan recomendaciones entre ellos o que se dejen llevar por los consejos de sus entrenadores. Incluso de familiares y amigos ajenos al deporte. Se deja de lado la visión experta de un médico. Y sí, todos sabemos que muchas veces son los propios médicos los que participan a sabiendas en el dopaje. Pero esa ya es una cuestión ajena a la ciencia que no procede comentar en este artículo. Además, no es algo generalizado. Hay mucho médicos deportivos muy buenos.
El caso es que un médico deportivo sabrá, en primer lugar, si esa sustancia se considera dopaje. Pero también cuáles son las dosis seguras, si el deportista tiene algunos antecedentes que desaconsejen su consumo o si hay otras sustancias con las que no se deba mezclar.
No todo lo natural es inocuo, tampoco para los deportistas
Generalmente las sustancias naturales no se consideran dopaje. Pero esto es precisamente porque su consumo está mucho peor regulado que el de los fármacos. Hay vacíos legales de los que se pueden aprovechar. Y si encima es natural, pues no pasa nada.
Pero eso es un error. Por ejemplo, estos científicos citan el caso de la cafeína. Se sabe que mejora el rendimiento en general, pero sobre todo la capacidad aeróbica de los atletas de resistencia. Su consumo está más que extendido en cualquier ámbito, todos tomamos un café de vez en cuando, o incluso a diario. Y no pasa nada. Hasta puede llegar a ser beneficioso. Pero con los deportistas la cosa cambia.
Muchas veces recurren a suplementos deportivos a base de cafeína que suponen una dosis mucho mayor. Si esta dosis se controla (de nuevo interesaría el consejo de un médico) no pasa nada. Pero si se excede pueden darse síntomas como taquicardias, arritmias, subidas de tensión e incluso muertes súbitas en casos extremos.
Por eso, es importante que incluso esta sustancia la controle a ser posible un especialista. De hecho, esto es aplicable a cualquier sustancia natural, en cualquier ámbito. No solo el deportivo.
Más allá del deporte
Un ejemplo muy conocido de lo mencionado anteriormente es el de la hierba de San Juan. Como su propio nombre indica, es una hierba, una sustancia natural. Se le atribuyen propiedades calmantes y antidepresivas, de ahí que muchas personas la consuman para calmar la ansiedad. O incluso en situaciones de depresión. El problema, además de que el hecho de ser una hierba no permite controlar adecuadamente su consumo, es que interactúa con muchos medicamentos, generando efectos que pueden ser muy graves.
Por ejemplo, si se toma con anticonceptivos puede disminuir sus efectos, dando lugar a embarazos no deseados. Pero no solo eso, también es posible que aumenten los sangrados menstruales, o incluso que se sangre entre una regla y otra. También se le conoce interacción con algunos fármacos quimioterapéuticos, a los que reduce su efecto. En este caso, como es lógico, las consecuencias pueden ser muy graves. En general reduce los efectos de muchos fármacos. Pero otras veces los potencia, y eso también puede ser muy dañino.
Es el caso de los antidepresivos. No es raro que alguien tome hierba de San Juan, por consumir algo natural, pero también la acompañe de antidepresivos. En ese caso, se puede producir algo conocido como síndrome de serotonina, que se da cuando los niveles de este neurotransmisor se elevan demasiado. Los síntomas van desde mareos y confusión hasta malestar estomacal, espasmos y rigidez muscular. Pero también puede llegar a provocar la muerte si no se soluciona a tiempo.
Por eso, ni los deportistas ni la población general deberíamos tomar alegremente suplementos nutricionales o remedios a base de hierbas, escudados por la tranquilidad de que son naturales. Aun si lo son, debemos considerarlos como si fuesen fármacos, y pensar que una dosis excesiva o una mezcla inadecuada nos pueden salir muy caras. Para saber si es así, siempre, lo mejor es buscar en las fuentes adecuadas. Y, por supuesto, consultar con un profesional. No todo va a ser esquivar el dopaje.// Hipertextual
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Omnívoros, veganos y vegetarianos: ¿quién tiene la dieta más saludable?
Omnívoros, veganos y vegetarianos, siempre la misma disputa: ¿quién tiene la dieta más saludable? Esta pregunta podría formar parte de un concurso de televisión, pero sería engañosa porque posiblemente no tenga una respuesta certera al 100%. A continuación mostramos una serie de evidencias para que puedan dar la respuesta más acertada posible.
La calidad de una dieta no depende solo de la carne
La dieta omnívora es la más conocida por ser seguida por la mayoría de la población humana mundial. Según la RAE, un omnívoro es aquel animal que se alimenta de toda clase de sustancias orgánicas, es decir, se incluyen todos los grupos de alimentos.
En el lado opuesto, una dieta vegana es aquella que no incluye los alimentos de origen animal. Por tanto, las carnes, pescados, huevos, lácteos y miel quedarían excluidos. Y, en un punto intermedio, están las dietas vegetarianas, que son las que excluyen las carnes y pescados pero no lácteos y huevos.
Cabe destacar que cualquiera de las dietas mencionadas, siempre y cuando esté bien planteada, es saludable. Desde 2015, la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos establece que las dietas veganas y vegetarianas son saludables y nutricionalmente adecuadas. Pueden proporcionar beneficios para la salud, tanto en la prevención como en el tratamiento de ciertas enfermedades. Otra cuestión es la sostenibilidad de la alimentación, pero esto merece un artículo a parte.
Qué dice la ciencia sobre el consumo de carne
Es sabido que una dieta omnívora equilibrada, siguiendo las recomendaciones de ingesta, se podría clasificar como saludable. Aquí entendemos esta dieta como aquella en la que no se consume alcohol, ni productos procesados, ni bollería, ni carnes rojas más de una vez al mes, etc.
Pero siempre tendemos a los extremos, y el ritmo de vida y las influencias del medio distorsionan lo que podría ser una dieta saludable. Así, consumimos carnes rojas casi a diario, meriendas con procesados como el jamón cocido, y alcohol, y pensamos que el vino es sano por que se incluye en la dieta mediterránea. Pero nada más lejos de la realidad, ya que la OMS no establece dosis seguras de consumo.
Según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, la carne procesada es un carcinógeno humano, lo que significa que existen suficientes pruebas para decir que estos productos causan cáncer. Mientras que las carnes rojas se clasifican como un carcinógeno probable.
Además, recientemente se han identificado daños en el ADN que relacionan el consumo alto de carne roja con el cáncer colorrectal.
La investigación relacionada con la dieta vegetariana y vegana es relativamente reciente, dado que ha sido en los últimos años cuando se ha visto un incremento de personas consumidoras de este tipo de dietas.
En España, en 2019, había 3,8 millones de personas vegetarianas y veganas. Las motivaciones para seguir estas dietas son muy variadas e incluyen un compromiso por la vida de los animales, la ética, la salud y la sostenibilidad del planeta. Aunque, tal vez, también podríamos añadir a estos motivos la moda.
Todas son saludables pero ¿unas más que otras?
¿Qué tienen estas dietas basadas en alimentos de origen vegetal para que pensemos que son más saludables? Pues un mayor consumo de frutas y verduras, cereales, legumbres y fuentes proteicas de origen vegetal. Tal vez, la mayor diferencia radique en lo que no contienen: productos de origen animal con un alto contenido en grasas saturadas.
Los estudios que evalúan los diferentes beneficios de estas dietas sobre la salud son múltiples y exploran su relación con diferentes enfermedades, mejorándolas o previniéndolas. Por ejemplo, es conocido el efecto negativo de los lípidos en sangre cuando estos están elevados. Por tanto, seguir una dieta vegetariana puede ser beneficioso ya que modula dicho perfil.
El organismo necesita ser constante en sus procesos. El equilibrio ácido-base es importante para mantener esta homeostasis y la nutrición juega un papel primordial. Alimentos como las carnes, pescados, huevos y quesos promueven medios ácidos. Si este no se contrarresta con el consumo de frutas y verduras puede resultar perjudicial para la salud.
Por eso, una dieta vegana sería mucho más saludable que una vegetariana y por consiguiente que una omnívora.
Otra enfermedad muy conocida y relacionada con la alimentación es la diabetes mellitus tipo 2. Las personas con un patrón basado en productos vegetales tienen menor riesgo de desarrollarla, ya que los productos vegetales actúan sobre diferentes parámetros reduciendo este riesgo.
Por último, podríamos destacar la importancia que está adquiriendo el estudio sobre la microbiota intestinal y su relación con algunas enfermedades. Se ha observado que las dietas vegetarianas y veganas mejoran el perfil de nuestras bacterias intestinales, protegiéndonos frente diferentes enfermedades.
En alimentación, los extremos pueden no ser buenos, pero si están bien planteados, son alternativas saludables. A la vista de la crisis climática que vivimos y el impacto medioambiental que supone la cría de animales para consumo humano, tal vez no sea descabellado disminuir el consumo de productos de origen animal y aumentar los de origen vegetal. Así no solo mejorará nuestra salud, sino también la del planeta.
Con esta información ya conocemos las opciones. Ahora depende de cada persona escoger la más saludable y sostenible.// The Conversation
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¿Por qué la leche calma el picante?
- El picante no provoca el mismo efecto en todas las personas.
¿Alguna vez le han tentado a probar una guindilla o un chile habanero? ¿Se atrevería al menos con un pimiento del padrón? El picante, incluso el de un mismo alimento, no provoca el mismo efecto en todas las persona.
El gusto, el olfato y otros sentidos que se activan al comer
Cuando comemos, muchos compuestos químicos que sazonan los alimentos se disuelven en la saliva. Esto hace que se activen determinados receptores del gusto que están en las papilas gustativas localizadas en la lengua y el paladar.
Estas mismas moléculas también activan receptores del olfato que se encuentran en el epitelio olfativo. Las sensaciones gustativas y olfativas se integran dando lugar a la percepción de un sabor.
En el sabor interviene también la actividad generada desde otros receptores responsables de modalidades sensoriales. Por ejemplo, los que nos informan de la textura y de la temperatura (el sabor de un buen arroz también lo da su punto de cocción y la temperatura a la que se come).
Otros receptores que también se activan son los del dolor. Los sensores del dolor que se encuentran en la mucosa de la boca nos avisan, por ejemplo, de que un alimento o bebida está demasiado caliente y podría provocarnos una quemadura. Es lo mismo que sucede en la superficie de la piel.
La activación de estas fibras de dolor provoca un reflejo de retirada (escupir lo ingerido) y una sensación quemante desagradable que, normalmente, está asociada a un daño del tejido.
La capsaicina es la responsable del dolor de lengua
Pero en ocasiones, esas mismas fibras de dolor que están en la boca se activan con compuestos químicos (la capsaicina, de la que hablaremos ahora) provocando una sensación quemante que no solo no es desagradable ni activa un reflejo de retirada (si nos gusta el picante), sino que puede convertirse en un auténtico placer.
Uno de estos compuestos es la capsaicina, ingrediente activo de los pimientos picantes (guindillas, chiles). Cuando esta sustancia se une a los receptores TRPV1 (receptor de potencial transitorio vaniloide 1) activa las neuronas de dolor. Este receptor también se activa a temperaturas por encima de los 42ºC. Por eso, la sensación que evoca la capsaicina en boca es un picor de tipo quemante.
Los receptores TRPV1 fueron descritos por primera vez a finales del pasado milenio, dando pie al descubrimiento de otros miembros de una gran familia (los receptores de potencial transitorio o TRPs) implicados en la detección de estímulos que provocan sensaciones térmicas, de tacto e, incluso, ¡de dolor!
A modo de curiosidad, el impacto de estos descubrimientos en la neurofisiología sensorial es tal que ha merecido la concesión este año del premio Nobel en Medicina y Fisiología a los doctores David Julius y Ardem Patapoutian por sus aportaciones en este campo.
Ahora sabemos que cuanta más capsaicina tenga una guindilla, más receptores TRPV1 activará y más intensa será la sensación de picor quemante. También entendemos por qué si nos tocamos los ojos después de haber manipulado guindilla vamos a sentir una sensación de quemazón horrible que nos puede hacer llorar: en la cornea tenemos muchos receptores TRPV1.
¿Por qué hay personas más tolerantes al picante?
Si bien las percepciones son siempre subjetivas, la escala Scoville (originalmente descrita en 1912) mide el picor en SHUs ("unidades Scoville", del inglés Scoville Heat Units) y ayuda a saber cuán picante va a ser una guindilla.
En la actualidad, se utilizan técnicas muy avanzadas que nos indican con precisión los niveles de capsaicina de diferentes especies comestibles del género Capsicum.
Quizás "Carolina Reaper", con los niveles más elevados hasta ahora descritos (1,5 millones de SHU), no sea apta para todos los públicos. Pero los pimientos del Padrón, si pican, no llegan a los 5000 SHU. ¿Qué puede hacer si no soporta el picor?
La capsaicina es de naturaleza lipofílica, es decir, no se disuelve en agua. Por tanto, según lo que bebamos, podríamos amplificar el efecto de la capsaicina al hacerla llegar a más zonas de la boca.
¿Leche, agua o bebidas azucaradas?
Está popularmente aceptado que la leche es el mejor remedio para contrarrestar el picor porque la capsaicina, de naturaleza lipofílica, al disolverse en la parte grasa de la leche o quedar neutralizada por la caseína (también lipofílica), perdería su efecto.
Sin embargo, no existen evidencias científicas que avalen que esta sea la razón. Lo que si es cierto es que, como demuestra un estudio reciente, en general, cualquier bebida es capaz de disminuir la sensación de picor evocada tras consumir zumo de tomate especiado.
Estos autores, como otros antes, corroboraron que la leche tiene, efectivamente, un buen efecto antipicor. Además, añaden que este es independiente de su contenido graso (pues tanto la leche entera como la desnatada lograron el mismo efecto). Por tanto, es posible que algún componente de la fracción proteica de la leche (y no la grasa) tenga algún efecto neutralizante sobre la capsaicina.
Si el sabor de la leche va a alterar su percepción gustativa, también puede mitigar la sensación de picor con bebidas azucaradas. Sea cual sea su bebida de elección para acompañar un plato picante, aun no existe una explicación que avale el efecto antipicor de cualquiera de ellas.// Gastronomía
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