Cuando Rebecca Sedwick, de 12 años, decidió el 2013 subirse a la plataforma de un planta de cemento abandonada en Lakeland, al centro de la Florida (Estados Unidos) y lanzarse al vacío, llevaba más de un año siendo acosada y recibiendo burlas online.

Investigaciones posteriores identificaron a un grupo de al menos 15 compañeras como las acosadoras de Sedwich, quien recibió un sinnúmero de mensajes llenos de odio, insultos y sugerencias a que acabara con su vida. Uno incluso le decía “bebe cloro y muere”.

El acoso entre mujeres, de todas las edades, se ha ido incrementando los últimos años, al punto que ya tiene un término propio: “wollying”, la combinación de las palabras en inglés de mujer (woman) y acoso (bullying).

Psicología en la UPEALa psicoterapeuta y conferencista internacional, Sheila Morataya, explica al diario en español de Estados Unidos El Nuevo Herald que el fenómeno del “wollying” ha crecido precipitadamente con el surgimiento y popularización de las redes sociales, debido a que da la aparente libertad de expresar cualquier pensamiento por no tener a las personas frente a frente. Adicionalmente, estas plataformas permiten a sus usuarios actuar en el impulso del momento.

Por su parte, la psicóloga boliviana Sijam Ismael comenta a M que las mujeres por naturaleza, tenemos la facilidad de expresar y compartir entre nosotras las experiencias, opiniones y sentimientos más fácilmente que los hombres. “Muchas veces adquirimos el hábito (porque se trasforma en una costumbre) de juzgar y criticar y sin darnos cuenta, ejercemos el ‘wollying’ hacia otras mujeres”, añade.

En nuestro medio, es usual observar a mujeres reunidas charlando animadamente, criticando o molestando a otras,  carcajadas van y vienen, eso parece ser normal entre el género femenino. “La realidad es que no es tan inofensivo como parece: ya sea sutil o abiertamente, los chismes, críticas, la indiferencia o comentarios irónicos que descalifican a otras mujeres son formas de agresión”, resalta la experta.

¿POR QUÉ EJERCEMOS EL “WOLLYING”?

¿Por qué ejercemos el ‘wollying’? Ismael cita a Sandra Cusato, psicóloga de la Universidad de Chile, magíster y psicoterapeuta con enfoque en constelaciones familiares. Cusato aclara que no es el sentido de pertenencia lo que mueve a una persona a caer en esto, sino el de competencia. “Estudios realizados en diferentes países y contextos, muestran consistentemente la reacción de adversidad de mujeres ante otras que parecen ser porque las perciben más atractivas, deseables, exitosas, sea por su belleza, actitud, o éxito profesional. Es una conducta que se lleva a cabo para eliminar a una posible rival”, señala e indica que es una suerte de envidia que surge de ver que “otra” tiene cualidades que yo no tengo. “Si la autoestima de nosotras como mujeres está firme y bien fundamentada, jamás percibiremos a una mujer como rival, todo lo contrario: la miraremos con buenos ojos y motivación a incluirla en nuestro grupo de pertenencia”, agrega.

La envidia, sentimiento presente

Sijam Ismael señala que la agresora o grupo de agresoras actúan por envidia, competencia o por estereotipos. Las comparaciones en que la mujer se da cuenta que no puede ser como la otra. “La insatisfacción, pues no tiene lo que quiere. Que algo le falte, genera fuerzas internas que se canalizarán en palabras o actos agresivos”, añade.

Por otro lado, en el caso de la víctima, las consecuencias van en contra de su autoestima, se sentirá lastimada, vivirá adquiriendo comportamientos de prevención con otras mujeres, no creerá en los halagos, fabricará escudos para que no la ataquen. Incluso, puede convertirse con el tiempo, en una generadora de bullying con otras mujeres, explica Sijam.

Morataya también coincide que el acoso entre mujeres se basa en la envidia y una falta de autoestima. “Hay una falta de seguridad en una misma porque la autoestima se debe sentir en la entraña, es como la firma del alma, lo que te impulsa a saber que mereces lo que mereces”, explica esta psicóloga, conocida como la “coach del pueblo”, al periódico El Nuevo Herald.

La asesora de vida indica que cuando la mujer carece de autoestima y de valores, entonces puede convertirse en victimaria de otras féminas al llenarse de miedo porque esa otra persona representa lo que se quiere o anhela. “Hay mujeres que, definitivamente por llegar a un lugar, no les importa pasar encima”, dice.

Este fenómeno no solo se ve en las escuelas. De acuerdo con el estudio más reciente del Instituto de Acoso (Estados Unidos), en el lugar de trabajo, 31 por ciento de los casos de maltrato abusivo repetitivo es realizado por mujeres. Y el objetivo de ellas son principalmente las mujeres (68 por ciento).

En cambio, en el caso de los hombres –que son responsables del 69 por ciento de los abusos laborales– sus víctimas suelen ser personas de ambos sexos por igual: 57 por ciento hombres y 43 por ciento mujeres.

La importancia de la figura paterna

Durante una visita a Miami (Estados Unidos) para promover su libro “El espejo: ámate tal como eres”, Morataya resaltó la importancia que tienen los papás en la autoestima de sus hijas, que luego se convertirán en mujeres.

“En nuestra cultura hispana, los hombres no han asumido completamente el rol (...) el papá ha estado muy ausente, ha maltratado mucho a las mujeres, o ha tenido mucho éxito y se han ausentado emocionalmente porque no tienen tiempo”, explicó.

La misma Morataya ha sido víctima de “wollying”. Contó que sufrió maltratos cuando era modelo profesional en El Salvador, pero nada se comparó a la pesadilla que vivió cuando hace cuatro años empezó a ejercer como psicoterapeuta y asesora de vida en Houston, Texas.

“Un grupo de mujeres que querían lograr los mismos objetivos que yo, hicieron alianza para sacarme [del mercado]”, relató la “coach del pueblo”, quien agregó que sufrió una campaña en las redes sociales de desprestigio. Le escribían que era una “abusadora de mujeres”, “estás gorda”, “aplícate a tus dietas y baja de peso”.

“Eso me golpeó mucho”, reconoció Morataya, quien fue acosada de niña y abusada sexualmente por un tío.

A raíz de este acoso, la salvadoreña decidió cerrar sus cuentas de redes sociales por un tiempo, pero asegura que ya lo ha superado tras un proceso psicoterapéutico. Esta es en parte las razones que la han motivado a adentrarse en el tema del “wollying”.

¿ERES VÍCTIMA DE ACOSO?

Si crees que eres vulnerable al acoso, Morataya aconseja que se exponga, te atrevas a hacer cosas diferentes y salgas de tu zona de confort. “Aprende a desarrollar la piel de lagarto porque el mundo es el mundo”, dice.

También recomienda que investigues profundamente los grupos a los que te afilias. “Siempre vas a tener un nicho en el que te vas a sentir mejor y estar en tu nicho te va a nutrir para salir de allí”.

Pedir ayuda a un psicoterapeuta es otra opción para que te ayude a conectar con tu valor, autoestima, “belleza única e irrepetible”.

¿ERES UNA VICTIMARIA?

En cambio, para las mujeres que se la pasan acosando a otras, Morataya les aconseja que “vuelvan a su infancia” para determinar si alguien les hizo daño o si hay algo que no está resuelto. “Es la niña herida la que se está vengando, porque en la esencia femenina hay nobleza. Nosotras somos las que traemos la armonía a la sociedad”.

La “coach del pueblo” les manda el mensaje de que hay que “luchar por desatar esos nudos para sanar realmente y hacer más alianza”.

Por su parte, la especialista boliviana Sijam Ismael resalta que, tanto la víctima como la agresora, viven la experiencia de forma dañina, ya que se generan emociones negativas en ambas.

De repente, en algunos círculos eres victimaria y en otros víctima. Puede que estés cansada de que tus amigas y familia planeen y te sugieran cómo vivir el ciclo de la vida: ya naciste, creciste, ahora te toca encontrar pareja y reproducirte; tal vez una compañera de trabajo intentó hacerte quedar mal con la jefa a tus espaldas. ¿Cómo te sentiste al respecto? Seguro que por lo menos, te enfadaste y cada vez te decepcionas y temes más a las mujeres. Sin embargo, vale la pena que te preguntes cómo has podido ofender o hacer daño tú a otras. Cómo vivimos ahora puede movernos de un polo a otro. Es tiempo de que identifiques en qué momentos estás de un lado y otro y decididas si quieres continuar formando parte de este círculo vicioso.  

SUGERENCIAS PARA EVITAR EL “WOLLYING”

La psicóloga Sijam Ismael afirma que muchas mujeres tienen dificultades para reconocer sus propias necesidades y deseos, por ende, reaccionan negativamente cuando ven que otra mujer sí es capaz de hacerlo.

“Reconocer que a la mayoría de las mujeres no se les ha permitido expresar sus emociones negativas y su desarrollo pleno desde pequeñas, permite entender por qué la realización de una mujer puede ser vivida como una traición por parte de otra”.

Ismael comparte con las lectoras de M de Mujer que la solución es reconocer estos sentimientos y abrir un espacio para reflexionar sobre ellos.  “Aunque resulte difícil, al aceptar que tenemos sentimientos de envidia y competencia, nos abre una dimensión más real de lo que en realidad somos. Esto nos permite la posibilidad de abrirnos al cambio y crecimiento personal”, insiste y sugiere lo siguiente para evitar el “wollying”:

1 Desarrollar la empatía: La capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona nos permite desarrollar la comprensión de cómo es ella y por qué es así. Salimos del campo de mirar juzgándola y entramos al campo de la comprensión.

2 El pensamiento reflejo: es tener el coraje de analizar de forma honesta, sincera y valiente ese mismo defecto que estás criticando en ti. Tu mente adquirirá mayor grandeza si la empleas en autoanalizarte y ver por qué lo que ves en otra, te molesta.

3 Practica la regla de oro: “Trata a los demás como te gustaría que te trataran” o sea que, antes de juzgar, piensa en cómo te sentirías cuando sabes que te están juzgando.

4 Cuando estés presenciando una situación conflictiva, antes de reaccionar, cuenta hasta 10. Este espacio dará tiempo a que tu mente lógica piense antes de reaccionar impulsivamente.

5 Hay que tener presente que las mujeres estamos construyendo nuevas formas de relacionarnos entre nosotras, pero también con el mundo, lo que significa que en la actualidad, no todas tenemos las mismas opiniones o expectativas sobre una serie de temas. Aceptar y respetar las diferencias de opinión en los asuntos privados y también en el trabajo, nos ayudará a fortalecer nuestra individualización, de la cual depende que logremos lo que nos hemos propuesto en la vida.

“Desarrollar la solidaridad con otras mujeres es un desafío que aprendemos cuando ya no nos vemos como competencia, sino como compañeras que nos necesitamos para avanzar en un mismo camino. Se trata de poder expresar abiertamente nuestras necesidades, deseos y expectativas en un ambiente de confianza y comunicación clara, sabiendo que unimos fuerzas entre nosotras. Nos complementamos. Compartir temas y experiencias de nosotras-sin juzgarnos-nos fortalece y alivia”, resalta Ismael. 

Las mujeres exigimos respeto y buen trato por parte de los hombres, estamos en todo nuestro derecho, pero ¿qué pasa con la agresión de una mujer hacia otra mujer? ¿Está bien que aceptemos que hacernos daño es normal? ¿Eres parte de este círculo vicioso de “wollying”? Nos falta mucho camino por recorrer como género, empecemos a construir los cimientos a partir de las relaciones positivas y constructivas de mujer a mujer. Vive cada día como una oportunidad de descubrir lo bien que te hace a ti y a otras vivir en paz.

¿CÓMO SE MANIFIESTA EL “WOLLYING”?

Presenciamos el “wollying” prácticamente todos los días con comentarios llenos de veneno y críticas destructivas, pero qué criticamos específicamente las mujeres. La psicóloga salvadoreña Sheila Morataya recalca los siguientes puntos:

•       El aspecto físico. Si es muy gorda, muy flaca, alta, bajita, voluptuosa o no tiene curvas.

• Cómo se muestran al mundo. La ropa, el peinado o el tinte de cabello, los accesorios, maquillaje (sea por ponerse mucho o poco).

•       Las elecciones de vida. Si está soltera o casada, si tiene (muchos) hijos o no tiene ninguno, cómo crían a esos hijos, la pareja que tienen, si trabajan o no.

•       La conducta individual o personalidad. Si es muy habladora o callada, lo que comen o no comen, cómo se relacionan con el sexo opuesto.

Sijam Ismael explica que los motivos para criticar se convierten para muchas-en un pretexto perfecto para agredir a otras de su género. “Quien queda mal no es la persona criticada, sino quien la juzga porque deja ver sus carencias y fallas emocionales. Refleja también, en los detalles observados, algo de ella misma.  Sabemos que el concepto de una misma es proyectado en las relaciones”, señala.

Sijam Ismael explica que los motivos para criticar se convierten-para muchas-en un pretexto perfecto para agredir a otras de su género. “Quien queda mal no es la persona criticada, sino quien la juzga porque deja ver sus carencias y fallas emocionales. Refleja también, en los detalles observados, algo de ella misma.  Sabemos que el concepto de una misma es proyectado en las relaciones”, señala.

“Reconocer que a la mayoría de las mujeres no se les ha permitido expresar sus emociones negativas y su desarrollo pleno desde pequeñas, permite entender por qué la realización de una mujer, puede ser vivida como una traición por parte de otra”.

Sijam Ismael

“Hay una falta de seguridad en una misma porque la autoestima se debe sentir en la entraña, es como la firma del alma, lo que te impulsa a saber que mereces lo que mereces”

Sheila Morataya

“Quien queda mal no es la persona criticada, sino quien la juzga porque deja ver sus carencias y fallas emocionales”.

Sheila Morataya

Con datos de El Nuevo Herald// Los Tiempos

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