Aunque por norma general se piense que los pensamientos positivos son beneficiosos, la realidad es que no necesariamente debe ser así. Todo el mundo quiere ser feliz y no hay nada malo en ello, pero realmente hay que tener en cuenta que la felicidad no tiene por qué ser necesariamente la respuesta más oportuna frente a numerosas situaciones de la vida.
Cuando a una persona le sucede algo malo, debe poder permitirse a sí misma tener pensamientos y sentimientos negativos sobre ello, siendo natural que haya personas que tienen una visión optimista y relajada. Hoy en día se dan muchos casos en los que la felicidad se ha convertido casi en un requisito indispensable.
Por ejemplo, en el ámbito laboral, las evaluaciones de los empleados insisten de manera genérica en que los profesionales se centren en los aspectos positivos y dejen a un lado los problemas o dificultades, algo que se traduce en un control del pensamiento. De esta manera, el centrarse en los positivo e ignorar las dificultades es casi una imposición en muchos ámbitos y en numerosas relaciones sociales.
Hay que tener en cuenta que los pensamientos positivos como una imposición, ya sea impuesta por otra persona o por uno mismo, tiene diversos peligros, ya que este tipo de mensajes hacen pensar a una persona que siempre debe estar bien o que siempre es posible estarlo.
Esta creencia va a incidir sobre aquellas emociones que resultan desagradables deben ser rechazadas en mayor medida y que, además, cuando no consigas estar bien, podrás llegar a la conclusión de que hay algo negativo en tu interior, cuando en realidad no debe ser así.
Por otro lado, se trata de un error el tratar de etiquetas las emociones como positivas o negativas, ya que conlleva un rechazo implícito hace las mismas, sobre todo con respecto a aquellas que son juzgadas de forma negativa. Estas emociones negativas, que nadie quieren en su vida, se entiende que no deberían estar presentes.
No obstante, todas las emociones tienen una función, aunque estas sean negativas, siendo necesarias para adaptarnos y relacionarnos con uno mismo y con el entorno que le rodea. El tratar de forzarse a pensar de forma positiva, no hace más que incrementar las discrepancias y que exista un anhelo de conseguir emociones consideradas positivas.
La denominada psicología positiva nación en la década de 1950, pero a finales de los años noventa fue cuando se empezó a popularizar gracias a diferentes libros de autoayuda. En algunos se lleva a cabo un mensaje implícito y que realmente puede llegar a resultar nocivo para la salud mental.
A lo largo de los últimos años se han realizado diversos estudios e investigaciones que han tratado de analizar la forma en las que funcionan las emociones y su influencia sobre la autoestima, el bienestar y la vida cotidiana en general. A través de los mismos se ha podido ver como la psicología positiva, aunque realmente ha podido ayudar a algunas personas, para otras ha provocado un efecto totalmente contrario, es decir, pudiendo aparecer sentimientos de tristeza, fracaso o depresión.
El tratar de enviar siempre mensajes de que la felicidad es una decisión y que hay que pensar siempre en positivo, puede acaba produciendo una sensación y sentimiento de culpabilidad.
Hay que tener en cuenta que el exceso de positivismo puede a llegar a ser perjudicial e incluso peligroso. Por esto hay que tener en cuenta que una persona que aunque trata de pensar en positivo no se siente feliz se puede llegar a sentir culpable y, por lo tanto muy mal. Es importante pensar de forma simple y no en positivo, tratando de saber qué hacer con los sentimientos que se tienen, debiendo cuidarse y apoyarse en personas cercanas, así como dejarse ser a uno mismo.
Los mensajes positivos con respecto al bienestar pueden llegar a ser muy perjudiciales, teniendo en cuenta que hay que lidiar con las emociones, debiendo saber qué con estas emociones y conocer la función de las mismas. En muchas ocasiones la mejor opción es simplemente dejar de exigirse estar bien o tratar de lidiar de una manera correcta frente al malestar.
A diario toda persona sufre de una constante invasión de mensajes positivos, que inciden de manera directa en las personas. Al ignorar los sentimientos o reprimirlos, lo que se consigue es que estos sean aún más fuertes.
En definitiva, teniendo en cuenta todo lo anterior, hay que ser consciente que más allá de estar pensando de forma constante en positivo, realmente una visión más útil para la sociedad en general sería saber aquellos aspectos que están mal.
En cualquier caso es muy importante poder conocerse a uno mismo en el aspecto emocional, y saber que las emociones no se reproducen de la misma manera en todas las personas, por lo que las reacciones a unas determinadas emociones se basan en gran medida a las propias situaciones y experiencias vividas de cada persona en particular, y que estas tienen más que ver con la emoción que la propia emoción en sí misma.
Por este motivo es necesario tener en cuenta que aunque haya una tendencia a juzgar y catalogar las emociones que nosotros mismos tenemos, el hacerlo no impide poder vivir con ellas, así como observarlas y reaccionarse con ellas de una manera que realmente sea útil para uno mismo.
En resumen, al contrario de lo que se pueda pensar, el tener siempre en la mente pensamientos positivos no significa que una persona vaya a ser más feliz, ya que en muchas ocasiones estos pensamientos positivos nacen a partir de las exigencias propias de cada persona o por la imposición de otras. Al reprimir o disimular nuestros sentimientos, lo que realmente estaremos haciendo es que esos sentimientos se acaben reproduciendo en nosotros de una forma más fuerte, con el inconveniente que ello supone.
Es importante, por lo tanto, no imponerse el tener que pensar siempre en positivo, debiendo valorar tanto los positivos como los negativos en busca de la felicidad y de afrontar las diferentes situaciones de nuestro día a día.// BlogDePsicología
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