Algo recurrente en los juegos infantiles de antaño, era el personificar algunos oficios o profesiones y que de alguna forma les pudiese llamar la atención. El profesor, el doctor, bombero, entre otras, eran recurrentes en los juegos y de ellas se intentaba dar visos de realidad apropiándose del rol en una caracterización que ya se la hubiese querido el mejor interprete teatral. Hago esta reflexión al alero de lo que ha sido la pandemia que por estos días nos asola a nivel mundial.

La OMS ha declarado el 12 de mayo como el Día Internacional de la Enfermería, las Enfermeras y Enfermeros, y durante la 72ª Asamblea Mundial de la Salud designó el 2020 como el Año Internacional de los Profesionales de Enfermería y de Partería, “para poner de relieve mundial a la enfermería y a los recursos humanos de salud”.Enfermería en la UPEA

Este año, la efeméride nos encuentra dando frontalmente batalla al Covid–19, pandemia que sitúa preferencialmente a las trabajadoras y trabajadores de la salud en la primera línea de fuego, relevando su rol y quehacer diario, sin  tregua ni descanso en una febril lucha por llevar a los cientos y miles de pacientes que transitan sin descanso por consultorios, hospitales y clínicas en busca de la mitigación de los efectos de este flagelo que ha sentado sus reales en nuestro medio transformando nuestras vidas por completo.

Aquí es donde emerge la figura de enfermeras y enfermeros que intentan duplicar esfuerzos y capacidades en pro de aquellos que han sido afectados por el virus.

Tarea por demás nada fácil, ante un enemigo que posee una capacidad increíble para camuflar su presencia en los organismos en los cuales gatilla patologías que los pacientes nunca reconocieron poseer.

En estas circunstancias, los más cercanos, quienes sufren estos efectos negativos de la enfermedad, son aquellos hombres y mujeres que un día decidieron abrazar esta profesión a la que han dado un valor agregado a la hora de su evaluación frente a esta crisis sanitaria.

Turnos complejos, horarios particulares, la exposición permanente al contagio y el riesgo de sus grupos familiares y cercanos, hacen que el ejercicio de la profesión cobre características especiales durante este tiempo, donde un aplauso por la entrega no es suficiente para agradecer lo que hacen por las comunidades en toda la extensión del territorio, incluyendo nuestra apartada Provincia Antártica.

Frenar la propagación del virus, requiere de un compromiso firme de todos como ciudadanos, de la responsabilidad de todos, sin exclusión ni egoísmos. Tal como lo manifestó hace algunos días el Ministro de Salud Jaime Mañalich, aquí “hay una responsabilidad comunitaria, entre todos. Vienen periodos duros y si no comprendemos en que esto descansa en la necesidad del cambio de conducta personal, para proteger a nuestros seres queridos, se complica todo”.

Y esa misma responsabilidad, tiene relación directa, con el aprecio por la vida de nuestro entorno y también con el reconocimiento de la tarea que están desempeñando sin descanso los trabajadores de la salud, quienes están haciendo sus mayores esfuerzos por cuidarnos.

Esta es una de las mejores formas de devolverles la mano, de valorarlos como se merecen, de respetarlos. Si nos cuidamos entre todos, estamos también cuidando a las mujeres y hombres que hoy no tienen la posibilidad o la opción de salir a la calle, porque eligieron cuidarnos y así contribuir al desarrollo de comunidades más sanas.

Enfermeras y enfermeros de toda la región, el país y el mundo, gracias por el esfuerzo, el compromiso y la dedicación.// Nelson Cárcamo - El Pingüino


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