Publicado el 04/06/2015
Con la incorporación de la biotecnología, el aumento de la producción de alimentos y la gestión empresaria del agro, tanto los títulos como las tareas de los profesionales del campo se diversificaron. Y la presencia de las mujeres en estas actividades creció.

Promediando todas las especialidades, las mujeres matriculadas en el Consejo de los Profesionales del Agro, Alimentos y Agroindustria (CPIA) pasaron del 38% en los 2000 al 48% en la década actual. Sin embargo, se distribuyen de manera desigual según las áreas de actividad. En la especialidad “alimentos” (licenciaturas e ingenierías), las mujeres representan el 69% de los matriculados. Empatan con los hombres en las especialidades “ambientales” (ciencias ambientales con orientación agropecuaria) y “biotecnologías”, y llegan al 45% en “administración” (licenciados en economía, administración y comercialización agraria). Pero son minoría en la especialidad “agropecuarias” (agronomía, producción agropecuaria, forestal y zootecnia), con el 28%. 

Avances
La primera ingeniera agrónoma de la UBA se recibió en 1927. Se llamaba Lía Encalada y fue la única mujer entre los 21 graduados de ese año. Hubo que esperar hasta los años 60 para tener un 10% de egresadas, y dos décadas más para que superaran el 20%.
Ingeniería agronómicaEn los últimos 20 años, la cantidad de mujeres fue aumentando hasta llegar a casi el 30% de los egresados.

En cambio, en Ciencias Ambientales (que comenzó a dictarse en la Facultad de Agronomía en 2004) el 70% de los alumnos son mujeres.

“La mujer agrónoma supera el 50% en el medio estatal (universidades, INTA, ministerio), pero en el medio privado hay pocas facilidades para ella”, opina Carina Alvarez, subsecretaria académica de la Facultad de Agronomía. “Es un trabajo difícil de compatibilizar con la familia, por la duración de la jornada y por las distancias”, dice Lucía Franchino, que se recibió en la UBA en 2007 y trabaja como asesora técnica en ganadería. 

Este año, el primer egresado de Ingeniería Agronómica de la Universidad Nacional de Río Negro, que comenzó en 2009, será una mujer. Allí, el sexo femenino representa el 38% de la matrícula. “Cada vez más mujeres se suman a tareas operativas, investigación y al ámbito de las decisiones agropecuarias”, dice Carlos Bezic, director de la carrera.

“En la actualidad, además del ingeniero agrónomo tradicional, existen posibilidades de trabajo en investigación, desarrollo de productos, marketing agropecuario, seguros, comercialización y otras especializaciones como agricultura de precisión que son atractivas tanto para los hombres como para las mujeres”, indica, por su parte, Jorge Galotta, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UCA, donde la proporción de mujeres es del 18 al 20% promedio. 

En la Universidad Nacional de San Luis, las mujeres representan el 35% de la matrícula actual de Ingeniería Agronómica. “Entre 1997 y 2004, el porcentaje de mujeres en la matrícula de la carrera fue de 26%. De 2005 a 2013, se ubicó en el 31%, manifestando un leve incremento”, informa Marcela Ruiz, directora de la carrera. Esto se enmarca en el crecimiento general de la carrera a raíz del auge de la agricultura en el clima semiárido templado y del aumento de la venta de agroinsumos en la región. 


“El cambio cultural vino de la mano de la tecnificación del sector agropecuario y favorecido por programas de RR.HH. de las empresas del sector”, señala Sebastián Felgueras, director de la carrera de Agronomía en la sede de Pilar de la Universidad del Salvador. La carrera existe allí desde 1991 y el número de graduados mantuvo la proporción 3 a 1 (varones-mujeres). En la Católica de Córdoba, la proporción de mujeres en Ingeniería Agronómica es del 20%.// Clarín (COM)

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