Comunicar significa entrar en contacto o, al menos, intentarlo. Y en ese proceso -en el de llegar a contactar con otras personas- lo más importante no está en lo aparente de nuestra presencia, ni tampoco en la profundidad de nuestro discurso...

Lo realmente importante trasciende al propio mensaje a transmitir, ahondando en un plano mucho más sensible y difícil de medir: el de la actitud.

Son innumerables las ocasiones en las que todos nos hemos enfrentado a situaciones en las que una inadecuada actitud inicial por parte de nuestro interlocutor lleva al traste cualquier posibilidad de consolidación de ese primer encuentro. Una actitud excesivamente interesada, por ejemplo, suele derivar en un 'cierre de fronteras' por nuestra parte.

A quién no le ha ocurrido que después de aceptar una solicitud de contacto de alguien -en apariencia interesante- en una red social, su respuesta inmediata a tu aceptación es venderte algo, recomendarte que leas su blog, que le sigas en otras redes, que le votes en un concurso... En fin, que su respuesta no verbalizada hace bueno el dicho de 'por el interés te quiero, Andrés'.

Y esto, que parece una mala praxis a todas luces, es mucho más habitual que lo que pensamos.

En mi opinión, la absurda tendencia que empuja a conseguir ser relevantes o, peor aún, influencers, para trascender en nuestro plano profesional o personal, está derivando en un absoluto desquiciamiento de la comunicación.

Estamos llegando a un punto en el que nos hemos convertido en pilotos de una carrera en la que la apariencia manda, convirtiéndose en la carrocería de un egocentrismo que sólo busca el reconocimiento, el aplauso gratuito y poco más.

Y así, la redes sociales se están transformando en un cúmulo de perfiles de vanidad mal entendida, que distan mucho de ser el camino para un contacto social de verdad.

Los casos de youtubers que malinterpretan el sentido de la plataforma y corrompen el valor del contenido en aras de su propia vanidad; tuiteros que convierten sus tuits en armas de destrucción personalizada, que buscan convertir su necedad en trendig topic para ser aclamados por una clá de aplaudidores descerebrados, que prefieren lanzarse opinar y vocear, antes que ponerse a pensar...

Y así vamos perdiendo el contacto.

Y lo hacemos porque hemos dejado de lado muchos de los aspectos que hacen de la comunicación la herramienta fundamental para socializar. Una herramienta universal que puede y debe ser la base para la creación de sinergias entre personas y también entre marcas, para la movilización social, para la demolición de barreras ideológicas y culturales... Tanto es así, que no resulta extraño ver cómo también los líderes mundiales terminan ejerciendo esa mala actitud que confunde los valores con el populismo y la contundencia discursiva con el exabrupto.

Vamos perdiendo el contacto con esa realidad tangible, que se plasma detrás de una actitud proactiva no interesada, de un abrazo de más de 10 segundos, de una palabra amable cantada desde el corazón, de un contenido bien trabajado y que aporta valor al mundo, de una campaña publicitaria que no sólo vende, sino que transciende por su mensaje cargado de compromiso...

Por eso, es fundamental que nos volquemos en recuperar la esencia y el valor de la comunicación. Un valor que es el principal responsable de nuestro crecimiento como personas, que nos mueve y nos remueve y que nos acerca cada día a los demás.

Por eso, es fundamental recuperar el contacto con la realidad.

Por eso es fundamental recuperar 'el tacto' en nuestra comunicación.// Las Blog En Punto

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