OPINIÓN

Hace algunos años presento en este diario mi opinión sobre la práctica médica.  Presento temas que pueden ser controvertidos y cuestionan las acciones del Gobierno o el estado real de la salud pública.

No tengo la intención de hacer política, mis opiniones se basan en criterios de buena práctica médica con argumentos científicos,  que debe ser el fundamento del ejercicio médico.

Se dice que la medicina es una curiosa combinación de arte y ciencia. Así era en los buenos tiempos.Medicina en la UPEA

Hoy tenemos dos patrones que intervienen en las decisiones: por  un lado, los seguros de salud en el sector privado y, por otro, el Estado en el sector público. Teóricamente todos deberían tener el mismo interés en mejorar la salud de la población y las condiciones de trabajo de los profesionales de salud.

No importan sólo los médicos, en el sector salud cuentan también  tecnólogos, enfermeros, nutricionistas, psicólogos, fisioterapeutas, etcétera. El médico simboliza  todo el sector de cierta forma porque es el que dicta las órdenes médicas.

  El momento en que los seguros de salud y el Estado intervienen en las decisiones clínicas, el médico pierde la autonomía necesaria. No es el caso donde la medicina está socializada, por un lado, o altamente privatizada, por otro. En los países donde la medicina se toma en serio con políticas de largo plazo, los administradores y autoridades tienen la formación técnico-administrativa para tomar las decisiones que les corresponde. No es personal improvisado  y no interviene en las decisiones clínicas.

En teoría así debería ser también en nuestro país. En la práctica, la atención en salud es afectada por decisiones de autoridades, técnicos o burócratas que tienen poco conocimiento médico, tienen intereses económicos propios (seguros de salud), o intereses de carácter personal y político-partidarios por el programa de gobierno. Véase el caso del equipo de radioterapia (acelerador lineal) prometido a los paceños hace años y que no pasa de los discursos. 

He dedicado más de 20 años a mi formación en el Brasil, en Estados Unidos, en diferentes universidades y especialidades. Hace casi 23 años que practico en Bolivia, me considero un eterno estudiante y observador de las condiciones de atención a la salud, a todo nivel. Admito que la adaptación a Bolivia fue un gran desafío y me planteó muchos cuestionamientos. Hoy puedo decir que lo he superado, para suerte de muchos pacientes pero, a veces, incomodidad de aquellos que toman las decisiones que  afectan la salud de la población en general.

Desde hace décadas la salud pública se encuentra en una grave crisis y sería injusto señalar al actual gobierno como único responsable. Hubo un tiempo en que el servicio público era bueno. Tomo como referencia los años 70 cuando mi padre, también médico, creó el servicio de endoscopía en el Hospital Obrero de La Paz con equipos del mismo nivel y calidad que había conocido en esos años en el Japón, y en Estados Unidos. Recuerdo que decía, muy orgulloso, que su servicio era tan bueno como el servicio de hemodinámica del mismo hospital. Los equipos radiológicos eran impecables. Era un privilegio trabajar para la Caja Nacional de Salud. 

Pero eso se acabó ¿y por qué? Las autoridades actuales no pueden explicar por qué no hay un  buen diagnóstico epidemiológico de la población y no hay un plan para solucionar la crisis de salud en el sector público. El sector privado representa cerca de 60% de la actividad médica y no hace parte de las estadísticas oficiales. No tengo las soluciones, pero quiero incentivar el debate, aportar con mi experiencia clínica y con la formación de nuevos profesionales. Nuestra medicina requiere terapia intensiva, con urgencia.

Fernando Patiño Sarcinelli  es médico oncólogo.// Página Siete

Medicina en la UPEA

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