En los últimos días se han abordado los efectos de la pandemia en el sistema escolar y en la educación terciaria. No obstante, poco o nada se ha hablado sobre el impacto de una “nueva forma de enseñanza” en la educación en primera infancia.

Con escasa sensibilidad a los contextos pedagógicos en los que ocurren los aprendizajes de niños y niñas, se ha tratado de insistir en transferir a la virtualidad elementos propios que ocurren al interior de aula y que, desde la naturaleza pedagógica, sólo se pueden desarrollar en los espacios educativos a través de un proceso reflexivo del educador.Educación parvularia en la UPEA

A ello, se le ha sumado la incorporación de la Educación Parvularia a una lógica de hiperproducción, abordada perversamente en el nivel educativo en general, instalando imaginarios en la configuración de niños y niñas que ante un contexto de emergencia sanitaria deben producir, responder y entregar evidencia ante los requerimientos que el sistema escolar y la sociedad requiere.

Esta noción, que desconoce el proceso individual del sujeto, ha emergido en los centros educativos una carrera sin tregua por entregar contenidos y desarrollar un sinnúmero de experiencias de aprendizaje virtuales, dejando de lado la riqueza de descubrir, explorar y construir.

Esta idea deshumanizada se contrapone con los principios fundantes de la educación parvularia, invisibilizando el aporte del contexto, el juego libre y la cotidianidad como fuente de riqueza para el aprendizaje.

En momentos como estos, la educación en torno a las emociones, y por sobre todo el sentido y la construcción ciudadana en los niños y niñas, es el aprendizaje más afianzado que debiesen experimentar; y no hiperproducir para responder a una sociedad ya hipercansada de la hiperproducción.// El Dínamo


0 comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu visita

 
Top