¿Qué es liberalismo?
(La UPEA). Aprendamos sobre el liberalismo.
LIBERALISMO
El liberalismo es una corriente filosófica, política y económica que defiende la libertad individual, los derechos civiles, la propiedad privada y la limitación del poder del Estado. En esencia, el liberalismo busca establecer un orden social en el que los individuos puedan gozar de la mayor autonomía posible, siempre y cuando no interfieran con los derechos y libertades de los demás.
Las ideas liberales surgieron durante la Ilustración en el siglo XVIII, en oposición a las estructuras sociales y políticas del Antiguo Régimen, que se caracterizaban por el absolutismo monárquico y el control estatal sobre la economía. Los filósofos y pensadores liberales, como John Locke, Adam Smith, Jean-Jacques Rousseau y John Stuart Mill, entre otros, argumentaron a favor de los derechos individuales, la libertad de expresión, la tolerancia religiosa y la separación de poderes.
En el ámbito político, el liberalismo promueve la democracia representativa y la protección de los derechos humanos. Defiende la idea de un Estado limitado, cuya función principal es garantizar la seguridad, la justicia y los derechos individuales, mientras que se evita la interferencia excesiva en la vida de las personas. El liberalismo también enfatiza la importancia de los derechos individuales como el derecho a la libertad de expresión, de asociación, de religión y de propiedad.
En cuanto a la economía, el liberalismo aboga por la libre competencia, el libre mercado y la propiedad privada como motores del crecimiento económico y el desarrollo. Se opone a las regulaciones estatales excesivas en la economía y defiende la idea de que la interacción voluntaria entre individuos en el mercado genera beneficios tanto para los productores como para los consumidores.
Es importante destacar que existen diferentes corrientes dentro del liberalismo, como el liberalismo clásico, el liberalismo social, el neoliberalismo y el libertarismo, que presentan matices y énfasis distintos en términos de la relación entre el Estado y el individuo, así como en las políticas económicas y sociales.
BASES DEL LIBERALISMO
El liberalismo es una doctrina política, social y económica que defiende la libertad individual, la igualdad ante la ley y la limitación del poder del Estado. El liberalismo se basa en la idea de que los individuos son los mejores jueces de sus propios intereses y que el Estado debe intervenir lo mínimo posible en sus vidas.
Los liberales creen que la libertad individual es esencial para el progreso humano. Afirman que los individuos son capaces de tomar sus propias decisiones y que son responsables de sus propias acciones. Los liberales también creen que la igualdad ante la ley es esencial para una sociedad justa. Afirman que todos los individuos son iguales ante la ley, independientemente de su raza, religión, sexo o condición social.
Los liberales creen que el Estado debe limitar su poder. Afirman que el Estado no debe interferir en la vida privada de los individuos y que debe limitarse a garantizar la seguridad y la libertad de los ciudadanos. Los liberales también creen que el Estado debe ser responsable ante los ciudadanos y que debe ser gobernado por el pueblo, para el pueblo.
El liberalismo ha tenido un gran impacto en la historia occidental. Ha sido la fuerza impulsora de muchas revoluciones y movimientos sociales, como la Revolución Americana, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial. El liberalismo también ha tenido un gran impacto en el desarrollo de las democracias modernas.
El liberalismo es una doctrina política compleja que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. Sin embargo, sus principios fundamentales siguen siendo los mismos: la libertad individual, la igualdad ante la ley y la limitación del poder del Estado.
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Ciencias Políticas UPEA 2022: Convocatoria a la Prueba de Suficiencia Académica
(La UPEA). La carrera Ciencias Políticas convoca a los interesados a inscribirse a la Prueba de Suficiencia Académica Gestión 2022 en la Universidad Pública de El Alto (UPEA).
(Para ver la convocatoria en mayor tamaño haz clic sobre la imagen)
Convocatorias UPEA 2022
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¿Por qué las noticias falsas causan tanto daño a la democracia?
La palabra democracia proviene del griego, démos (pueblo) y kratos (poder). Es decir, la democracia, etimológicamente hablando, se traduciría como el poder o gobierno del pueblo. Por tanto, cuando aludimos a ella no podemos pasar por alto que se trata de un quehacer común, pese a que la historia nos muestre multitud de gobiernos en los que se ha intentado concentrar el poder en pocas manos para así ejercer un mayor control de la ciudadanía.
Precisamente, para resolver esa concentración de poder, el propio sistema democrático ha ido proporcionando mayores herramientas y armas a la sociedad con el objetivo de convertir al pueblo en ciudadanos, con un criterio propio que puedan manifestar en multitud de circunstancias. De ahí deriva, por ejemplo, uno de los valores fundamentales del ordenamiento jurídico, la existencia de pluralismo político (art. 1.1 Ce), así como el derecho de participación ciudadana (art. 23 Ce).
La cada vez mayor participación de la ciudadanía en la toma de decisiones públicas es, sin duda, un éxito. Por tanto, a mayor participación ciudadana, mejor calidad democrática, pues, aunque el resultado final no contente por igual a todos, el hecho de poder manifestarse libremente y llegar a una serie de acuerdos es algo propio que diferencia a las democracias de las dictaduras.
La información (¿veraz?) es poder
Desde siempre se ha dicho que la posesión de información está íntimamente relacionada con el poder, y de ahí que no nos resulte extraño que en las últimas décadas numerosas campañas electorales hayan gastado dinero y tiempo en el llamado marketing político que, si además cuenta con el beneplácito de la línea editorial de los medios de comunicación más importantes del país, sin duda, será un factor de éxito para alcanzar el tan ansiado poder.
Sin embargo, con los medios de comunicación tradicionales ya no es posible controlar a la población, por lo que se hace necesario un nuevo método de presencia en la red. De ahí que prácticamente todos los periódicos, noticiarios, administraciones públicas, gobiernos y políticos tengan una cuenta en Twitter, Facebook e incluso Instagram, entre otras redes. Son conscientes de que solo de esta forma pueden llegar a un sector bastante más amplio y heterogéneo de la sociedad.
Pero ¿qué ocurre cuando la información presentada en estas redes está corrompida o seccionada? Evidentemente, los profesionales que se encuentran detrás de una cuenta de un partido político, o de un medio de comunicación digital, son conocedores de la forma de lanzar un determinado mensaje. En este contexto, si el contenido acaba desinformando en lugar de informando, inevitablemente se generará una creciente polarización de la sociedad, pues la discrepancia constante deviene en enfrentamiento.
La manipulación informativa es tan antigua como la propia existencia de los medios de comunicación y en la mayoría de ocasiones la información está cargada de opinión, por lo que se convierte en una tarea complicada encontrar una información completamente neutra.
La posverdad, las fake news, buscan llenar una determinada información de emociones, con el fin de provocar una respuesta en el receptor del mensaje, generalmente el clic en la noticia sugerida o la viralización de la misma. Esto deviene en un clima de polarización, falta de empatía con quien no piensa como yo, generando un contexto antidemocrático latente.
La población adolescente, grupo de riesgo ante la desinformación
Evidentemente, las personas de avanzada edad y, por tanto, menos duchas en el uso de internet y redes sociales, son propensas a acceder a bulos y noticias sesgadas que lo que buscan es llamar su atención a través de un titular impactante, para que sea compartida rápidamente y, por tanto, consiga hacerse viral en pocas horas.
Véase el ejemplo de la cantidad ingente de fakes news que circularon por WhatsApp durante los meses más estrictos de confinamiento domiciliario en 2020 sobre datos relacionados con la pandemia.
No obstante, lo que sin duda es más preocupante de cara al futuro democrático es que la dependencia tecnológica se agranda conforme se reduce la edad. Cada vez a edades más tempranas observamos una dependencia tecnológica clara. Y no acceder a esos escenarios tecnológicos genera, a su vez, una sensación de desamparo y gran vacío emocional.
Particularmente, los adolescentes, que son, precisamente, quienes se encuentran en la etapa en la que el ser humano busca su lugar en la sociedad, consumen información principalmente a través de redes sociales, en las que, además, participan activamente, como es el caso de Twitter.
Hemos llegado al punto en el que no importa que algo sea verdad o mentira, todo dependerá de la fuente de la información u opinión. Es decir, si se ajusta a lo que yo sobreentiendo que debe ser lo correcto, será verdad. Si no, pensaré que es mentira. Así, todo se reduce a que la persona o medio de comunicación que la emita sea o no de nuestro perfil ideológico. Sin duda, esto es trágico desde el punto de vista democrático porque se polariza el debate político, y solo se contempla lo que dice el sector afín, y se niega, en consecuencia, cualquier escenario de verdad o verisimilitud a los demás.
No es que la verdad no importe, que es precisamente una de las bases de la posverdad, es que el manejo de las emociones y el silenciamiento de las opiniones e informaciones que pueden hacernos reflexionar consiguen que solo contemplemos una parte del debate, la que un algoritmo determinado nos ha perfilado en función de nuestro uso de la red, creyendo que nuestra verdad es la única posible.
¿Se puede revertir esta situación?
Si bien hemos tratado hasta ahora el uso sesgado de la información como algo negativo para la buena salud democrática de un país, no está todo perdido. Para evitarlo, debe reforzarse un sistema educativo que priorice el fomento del espíritu crítico y la capacidad de análisis.
¿De qué sirve invertir recursos en insertar más tecnologías en las aulas si esto no va acompañado de un uso ético de las mismas? Para aprender a usar las nuevas tecnologías se está a tiempo, pero para no ser manipulable y tener espíritu crítico la cuenta atrás es más rápida y urgente.// The Conversation
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¿Las ciencias políticas?
Bien lo decía Groucho Marx, un actor y cómico, que lo explicó claramente en una simple frase: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. El escritor Marco Aurelio Almazán, fue mucho más allá al afirmar: “La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa”.
La política está definida como una ciencia, así se estudia por lo menos. Se obtiene el título de profesional en “Ciencias Políticas”. Pero vale la pena preguntarse: ¿Es la política una ciencia? ¿Es una actividad del común basada en ciencias? Todo indica que no lo es, que ese concepto de política y ciencia es tan equivocado, como inexistente. ¿Qué tiene la política que le dé la característica de ciencia?: Nada.
Entonces, vale la pena preguntarse: ¿Es la política un arte? ¿Es acaso la política una actividad humana que tiene la connotación de arte, inexacto, basado en ciencias exactas, de las que echa mano, para terminar en que no es ni ciencia, ni es arte?
La definición de política, según la RAE, es: 1. Lo perteneciente o relativo a la doctrina política. 2. Perteneciente o relativo a la actividad política. 3. Cortés,
urbano, 4, Cortés con frialdad y reserva, cuando se espera afecto. 5. Dicho de una persona que interviene en cosas del gobierno y negocios del Estado. 6. Afinidad por parentesco político... 7. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. 8. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. 9. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, su voto o de cualquier otro modo. 10. Cortesía y buen modo de portarse.
Son muchas más, pero con esas son suficientes para demostrar que estamos ante un verdadero problema semántico, con el significado de una palabra, que es todo lo contrario a lo que dicen que es. Tal vez, alguna vez en la antigüedad, cuando los hombres públicos, estaban al servicio de sus comunidades, haya sido arte y es posible que hubiese sido ciencia basada en artes. Pero hoy, de eso no queda nada. La política en nuestros días, es una actividad, desacreditada, que no tiene nada de ciencia, y que por supuesto es todo lo contrario a un arte.
Es una actividad económica, de grupos de poder, que la utilizan con sofistería y engaño, para poder hacerse a los destinos de los pueblos que manejan, hacer con ellos lo que quieran y manejar lo público con total desparpajo e indignidad, hasta el punto en el cual encontrar un político honesto y serio, es una excentricidad, una cosa tan absolutamente rara, que corrobora el concepto de que hoy la actividad política, fue convertida a través del tiempo y por cuenta de los inescrupulosos que “mandan”, en una forma de prostitución, muy bien elaborada, con “casas de citas políticas”, y con sofisticados cuentos, que sirven para atrapar incautos, que engañados, no saben que están siendo utilizados, para hacer que los que fungen de políticos, se enriquezcan sin medida, a costa de la pobreza infinita y bien profunda de las mayorías a las que engatusaron para llegar al poder.
Solo que las casas de citas, los lenocinios o prostíbulos, son casas donde hay mucho bullicio y falta de autoridad, pero no se engaña a alguien, porque allí no le dan más de lo que le ofrecieron. Es que si los políticos tuvieran “la
dignidad” de las meretrices, no estaríamos tan mal como estamos.
Por eso hoy en política podemos decir sin lugar a dudas, sin posibilidad mayor de equivocarnos, que estamos enfrentados a negocios de castas privilegiadas, que degeneraron el servicio público, para robarse o hacerse a los dineros que son del pueblo, esos que por desgracia, la policlase maneja a su antojo, sin dignidad, sin honestidad y sin decoro.
En América Latina, Colombia no es la excepción, sufre un vacío conceptual, con visos de indignidad, que le devuelva a la política, su razón de ser, la saquen de ese pozo séptico en que la convirtieron, para reeditar a diario nuestro subdesarrollo mental, nuestra falta de norte en lo social, nuestra necesidad de una redistribución de la riqueza, y una devolución de las tierras, que han sido arrebatadas a la fuerza, con desplazamiento, miedo y muerte.
Mientras no comencemos a pensar en un ejercicio digno de la política, donde el bien común sea prioridad, el bienestar general la meta a conseguir, la disminución de la pobreza una inaplazable determinación, estaremos degradando más la “política”. El político debe ser un empleado, no un “emperadorcillo”, al servicio de la gente, con obligación de rendirle cuentas y ser sometido al escrutinio público, con castigos severos cuando las incumpla.// La Patria
“Tratado de ciencia política” de Gustavo Rolando Emmerich y otros (PDF) Ciencias políticas
Publicaciones sobre Ciencias Políticas
(La UPEA).- Libros gratuitos sobre Ciencias Políticas.
Este es un libro de texto destinado a personas interesadas en iniciar o ampliar estudios en el campo de la ciencia política.
Fue escrito por profesores universitarios que volcaron aquí parte de su experiencia docente. Pone énfasis en asuntos de México y América Latina, y propone un enfoque de la ciencia política centrado en la ciudadanía y la democracia.

LEER ONLINE: “Tratado de ciencia política” de Gustavo Rolando Emmerich y otros (PDF)
Ciencias Políticas en la UPEA
“Manual de ciencia política” de Juan Manuel Abal Medina (PDF)
(La UPEA).-
Abal Medina, Juan Manuel
Manual de ciencia política. - 1a ed. - Buenos Aires : Eudeba, 2010.
320 p. ; 18x25 cm. - (Manuales)
ISBN 978-950-23-1707-6
1. Ciencias Políticas. I. Título
CDD 320
LEER ONLINE: “Manual de ciencia política” de Juan Manuel Abal Medina
Ciencia política y ciudadanía en el siglo XXI
Ciencias políticas en la UPEA.
PREFACIO.
Este ensayo se plantea algunas interrogantes para la Ciencia Política en el siglo XXI a partir de los cambios sociales y culturales en curso.
El punto de partida de esta reflexión debiera ser reconocer que como sociedad estamos en presencia de un cambio cultural, de un cambio de lo que denominamos el “patrón cultural de referencia”, es decir, de una transformación gradual y profunda del conjunto de los valores, creencias, tradiciones, modos de vida y visiones de mundo de las personas.
No se trata solamente de una “epoca de cambios”, sobre todo en un período en que la palabra “cambio” ha resultado suficientemente manoseada como para perder gran parte de su sentido. Se trata de un “cambio de época”, en el sentido de una crisis y una mutación estructural que afecta a todas las instituciones de la sociedad.
Lo peor que ocurre cuando suceden los cambios culturales, es que el común de las personas no ven esos cambios, pero perciben sus consecuencias y efectos.
Nos interrogamos sobre la política, desde la Ciencia Política.
Nos interrogamos a partir de los ciudadanos. ¿Cuales son los grados de poder y de influencia de los ciudadanos en la política?, ¿cómo inciden los ciudadanos en la toma de decisiones de las instituciones políticas?, ¿cuál es el sentido de la política con los ciudadanos involucrados en la decisión de los asuntos políticos?, ¿es la política un asunto de expertos y de especialistas o también es una dimensión irreemplazable de la vida social?, ¿lo público es político?
¿Son las instituciones representativas suficientemente legítimas desde el punto de vista de la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones?, ¿La denominada participación ciudadana es un trámite burocrático, un paliativo para la política pública o es una necesidad permanente de las instituciones del Estado?
Manuel Luis Rodríguez U.
NO ES UNA EPOCA DE CAMBIO, ES UN CAMBIO DE ÉPOCA.
Las transformaciones tecnológicas, sociales y políticas en curso en nuestra sociedad contemporánea, desde fines del siglo XX, constituyen retos mayores para la Ciencia Política.
La mundialización de los intercambios, de la información y del uso de las tecnologías TICS, la dilusión de las fronteras y las soberanías, la crisis del Estado nacional, la emergencia de nuevos movimientos sociales y ciudadanos y las nuevas formas de ciudadanía y de identidades, el surgimiento de nuevos actores en la escena internacional (regiones de países, naciones sin Estado), son parte del escenario fluido y cambiante que caracteriza a la Política en las primeras décadas del siglo XXI.
Al mismo tiempo, está ocurriendo una aceleración del tiempo político, o dicho de otra manera, una aceleración de la percepción temporal que tienen los ciudadanos respecto de los procesos que se realizan desde el Estado.
De todos los cambios que ocurren en la escena política, puede afirmarse que las dos transformaciones mayores, son la expansión del uso de las TICS y el surgimiento de nuevas formas de ciudadanía al interior de cada sociedad.
Las nuevas formas de ejercicio de la ciudadanía, se inscriben en la lógica de exceder los límites del sufragio y se despliegan asociadas al territorio, a las identidades, a las pertenencias de género, a los nuevos patrones culturales de referencia, a la vinculación histórica con los espacios geográficos.
Surgen nuevas formas de ciudadanía, con frecuencia al margen del Estado: ciudadanías territoriales y locales, identidades culturales, pertenencias grupales asociadas a las creencias, a las reclamaciones de una comunidad, a la necesidad de marcar la diferencia en un orden cultural globalizado.
Ambos procesos ponen en cuestión algunos de los fundamentos de la Ciencia Política tal como ha sido entendida hasta el presente: por un lado, el análisis y la comprensión de los procesos políticos necesita ahora de nuevos parámetros y premisas, para dar cuenta de la complejidad, de la realidad y del funcionamiento de las instituciones políticas en su relación con la ciudadanía y las exigencias de legitimidad y eficiencia; y por el otro, el surgimiento de nuevas formas de ciudadanía, pone en tensión la lógica Estado-nación y la unidad de ambos componentes.
Hoy resulta que la legitimidad de las instituciones políticas y de los mandatarios elegidos no resulta solamente del carácter democrático de su elección, sino también de la calidad de las decisiones que adoptan, en relación con las aspiraciones, urgencias y necesidades de la ciudadanía.
La Ciencia Política tiene que replantearse el rol y el lugar de las instituciones en los procesos políticos y sociales: el cambio de paradigma que contienen la expansión del uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, genera un cambio cultural profundo que cuestiona la validez y legitimidad de las instituciones tradicionales.
Los ciudadanos y las nuevas generaciones se interrogan por la legitimidad del parlamento, de los partidos políticos, de las empresas, de la relación entre el poder político y el dinero, de las iglesias, de los tribunales.
La Ciencia Política del siglo XXI apunta hacia una ciencia de la ciudadanía, a una ciencia de la política y de lo político que expanda el foco del análisis hacia las nuevas formas de relación y de poder entre los ciudadanos y el aparato del Estado, que invierta del sentido analítico de la ciencia politológica, poniendo al ciudadano en el centro de las categorías de análisis.
El poder está en manos de los ciudadanos, aunque el Estado se haga más omnipresente y aunque los ciudadanos no lo sepan.
La política del futuro es una política en red y en movimiento.
CIUDADANIA E INFORMACIÓN: LA NUEVA ECUACIÓN DEL PODER.
El ciudadano del siglo XXI entiende la política y el rol de las instituciones no solo desde la lógica ¨demandas-soluciones¨ o del clientelismo, sino también desde la necesidad de la transparencia y del acceso a la información y a los procesos de toma de decisiones, cuestionando de paso las modalidades de participación limitada existentes al presente.
La interrogante si los ciudadanos de hoy están más o menos informados que en décadas pasadas resulta casi irrelevante en las condiciones de la política real, en las primeras décadas del siglo XXI: si está más informado, reclamará más y mejor información, y si no lo está hoy, estará más informado en un futuro cercano.
Para la nueva Ciencia Política, la interrogante del poder sigue vigente.
El poder sigue residiendo en instituciones y aparatos organizacionales complejos, pero la toma de conciencia de los ciudadanos acerca de su propio poder constituyente y soberano, es parte del proceso de formación de nuevas formas de ciudadanía y de la formación de nuevas formas de hacer política. El poder es ahora información y se manifiesta en redes de creación, elaboración y distribución/circulación de la información, las que permiten poner en movimiento a los ciudadanos hacia el logro de sus aspiraciones.
En las democracias representativas, la representación está en crisis, porque los ciudadanos eligen a sus representantes pero, al mismo tiempo, sienten y perciben que las decisiones que toman sus representantes no los interpretan ni representan. Se trata de un círculo cerrado que envuelve a toda la institucionalidad política. La crisis de representación es una crisis de legitimidad ante una ciudadanía insatisfecha, que ahora accede a más información y reclama participar de un modo cada vez más abierto y directo en los procesos de toma de decisiones.
En el seno de las democracias representativas, la ciudadanía reclama más elementos de democracia participativa.
Al mismo tiempo, el poder se disemina y se concentra.
Hay poder donde hay organización capaz de ponerse en movimiento, y donde hay información capaz de poner a la organización en movimiento.
El poder en el siglo XXI será un poder ciudadano, basado en la información y ejercido en forma de movimientos y de redes construidas sobre la base de la circulación de la información y de la capacidad de influir e incidir en la toma de decisiones.
Las identidades (nacionales, regionales, locales), entendidas como conjunto de valores, creencias, relatos, historia, geografía y costumbres comunes y compartidas, se vuelven esenciales para comprender a los ciudadanos y su asentamiento en el territorio, a contrapelo de la globalización y de sus lógicas universales.
El ciudadano puede pensar global, pero siente y vive local.
La geografía se inscribe en la historia y en el presente, y gira alrededor de las identidades como expresión de culturas subyacentes y subalternas respecto de los patrones de referencia nacionales y globales.
Colocado el ciudadano en el centro de la reflexión política, las interrogantes para la Ciencia se vuelven diferentes: cuales son los grados de poder y de influencia de los ciudadanos en la política?, cómo inciden los ciudadanos en la toma de decisiones de las instituciones políticas?, cuál es el sentido de la política con los ciudadanos involucrados en la decisión de los asuntos políticos?, es la política un asunto de expertos y de especialistas o también es una dimensión irremplazable de la vida social?, lo público es político?, son las instituciones representativas suficientemente legítimas desde el punto de vista de la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones?, la participación ciudadana es un trámite o es una necesidad permanente de las instituciones del Estado?…// Ciencia de la política
¿Por qué los jóvenes estudian Ciencias Políticas cada vez más?
Alberto, de 19 años, es uno de los miles de estudiantes que se han decidido a estudiar Ciencias Políticas (CCPP) en los últimos años. En España, desde 2007 hasta 2015 ha habido un incremento de los matriculados del 37%, por lo que el interés juvenil sobre política ha sido creciente. La crisis ha provocado una mayor concienciación y participación de los jóvenes en la política. "Las peores condiciones de vida en el futuro, provocadas por la crisis, hace que haya una mayor concienciación y una posterior implicación", afirma la socióloga Concepción Portellano a este medio.
¿Dónde está el origen del interés de los jóvenes en la política? Parte se ve reflejado en la creación abundante de programas televisivos dedicados a la actualidad política, un aumento de politólogos en los medios, el 15-M o la aparición de una nueva generación política crean un ambiente politizado auspiciado por los medios de comunicación. "En España estaba la figura del tertuliano, la figura del experto analista no era lo habitual, mientras que ahora sí", resalta Manuel Hidalgo, vicedecano y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid.
Otro factor a comentar es el 15-M. Comenzaba en aquella noche de mayo un movimiento ciudadano,el de los indignados. El curso académico siguiente al 15 de mayo aumentaron en 1.867 los matriculados en Ciencias Políticas en todo el territorio nacional. "Fue un punto de inflexión que tuvo mucho que ver en la forma de hacer política y nuevas políticas. A mí, ese relevo generacional me marcó mucho a la hora de elegir esta carrera" expresa Alberto. No obstante, para Pablo Simón, doctor y profesor en Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid, "el 15-M se encuentra dentro de un conjunto de factores que forman un entorno".
Por otra parte, la irrupción de nuevas caras en el panorama político provocó una reacción de interés por parte del público juvenil, tanto por sus líderes 'jóvenes' como por sus nuevas políticas. "El bipartidismo era insostenible, era lógico que salieran nuevas formas de hacer política", señala Pascual, estudiante de CCPP en la Universidad Complutense de Madrid.
Todas estas variables tienen como resultado un interés, concienciación y participación de los jóvenes queriendo contribuir al cambio político en un futuro no lejano. "Una parte de la juventud se contempla a sí misma como protagonista del momento histórico" finaliza Alberto, que decidió cambiar sus estudios de Bellas Artes por los de Ciencias Políticas.// Gonzoo
La política a partir de la teoría para la praxis política
No se nace político. Se hace político a partir del aprendizaje en la historia de las teorías políticas y de lo que han sido ambas en el presente a partir de Atenas-Esparta (para esto nada como el texto de Luciano Canfora, El mundo de Atenas; editorial Anagrama; acompañado de Norberto Bobbio, Teoría General de la Política, editorial Trotta). Lo que ha pasado es que en el escenario de la política de México y el mundo, quienes se presentan como políticos pasaron por alguna licenciatura, quizá hasta universitaria; o en cursos al vapor sólo para obtener un certificado. Pero no se han dedicado a continuar estudiando a los teóricos de la materia directamente y no sólo en historiadores de política. Y que los hay, sirviendo de introducción a los teóricos y actores de la política.
Sirva lo anterior para entrar en la materia, al toparme con el ensayo del profesor de ciencias políticas de la universidad de Gotemburgo Víctor Lapuente Giné, que lleva por título ¿Qué es la política? (El País, 18 de abril de 2016). Este analista dice que “la política es la gestión de las reglas comunes (los medios jurídicos y sus fines políticos, agrego yo) y no de los nombres propios… sin caer en los casos individuales sin elevarse a las nubes abstractas del sistema… La política es lo que está en medio, entre el sistema y el individuo. La política es la discusión sobre las normas formales, las instituciones, que regulan el comportamiento de los miembros de una comunidad”.
Los partidos se han integrado con analfabetas de la teoría política, abusando del pragmatismo y la democracia representativa a través de las 1 mil y una traiciones a la democracia electoral, como manifestación de la democracia directa. Carecen de una sólida formación e información teórica yendo directamente a los textos de Tucídides, Platón, Aristóteles, Cicerón, los pensadores medievales, el renacimiento, la ilustración: Kant, Maquiavelo; el republicanismo romano, el cesarismo, la práctica autocrática de Esparta y las altas y bajas democráticas en Atenas donde se inician los golpes de Estado, la corrupción, la tortura… males que ahora son combatidos por los derechos humanos donde solamente hubo derechos políticos para el demo: el pueblo con esclavos.
Pocos van a las Vidas Paralelas de Plutarco. Se envician con El Príncipe y no van a Las décadas de Tito Livio. Menos estudian a Hans Kelsen ni a John Rawls; como tampoco a Thomas Hobbes. Y citan a una ética abstracta para dizque portarse bien, olvidando las teorías éticas (los tres tomos coordinados por Victoria Camps: Historia de la Etica; editorial Crítica). No conocen –ni por los forros– el Policraticus de Juan de Salisbury. Ni la Nueva historia de las ideas políticas de Pascal Ory. Ni son lectores de Nicolás Tenzer: La sociedad despolitizada, para comprender “la crisis intelectual” de los políticos que han corrompido la actividad política, únicamente, como medio para escalar cargos y no resolver problemas de su tiempo, es decir: del presente.
El asunto es que sin teoría, como estudio de la historia de las teorías políticas, la práctica de ella como pragmatismo para el botín de la corrupción, lo que tenemos es el “teatro de las disputas sin término”, y que las sociedades vayan al garete; y si “la política se derrumba, es porque ya no hay interés por los asuntos comunes y porque la propia sociedad se disgrega… y no se espera sino un choque último para realizarse”. Existen excelentes tratados, como el de Jean Touchard: Historia de las ideas Políticas; y de JP Mayer: Trayectoria del pensamiento político, que no solamente deben leerse, sino estudiarse una y otra vez. De William Ebenstein: Los grandes pensadores políticos y sus dos tomos del Pensamiento político moderno, dos clásicos en los que se aprende como propone Maquiavelo: conversar con los grandes maestros de la teoría y los sobresalientes creadores de la práctica política. Ir a las páginas de George G Catlin: Historia de los filósofos políticos y de Arturo D Ponsati: Lecciones de historia de las instituciones. Y los magníficos tratados de Bernard Schwartz: Los Poderes del Gobierno: los poderes federales y estatales y los poderes del presidente.
No bastan esos cursos de verano y de entrada por salida de centros de estudios, de aquí o de allá. Es necesario, como obligación, leer, estudiar y volver a leer las teorías políticas, sus historias y las experiencias de estadistas o, al menos, sobresalientes actores de la política. También hay que estudiar a Montesquieu, a Rousseau, a Marx, etcétera. De otra manera los pueblos seguirán padeciendo la mediocridad en el quehacer de la política. Al menos hay que estudiar y repasar el libro Teoría general de la política, de Norberto Bobbio, que aborda temas como: filosofía política, la lección de los clásicos, política y moral, política y derecho, valores políticos, ideología, democracia: los fundamentos, democracia: las técnicas, derechos del hombre, paz y guerra, cambio político y la filosofía de la historia. Solamente así se puede plantear y responder la pregunta de: ¿cómo es posible la política como teoría y práctica? Así: estudiando, leyendo, repasando, constantemente la política como teorías y como experiencias de los grandes políticos.// ContraLínea
10 frases inspiradoras para estudiantes de Ciencias Políticas
Los personajes, conflictos, polémicas y momentos más significativos de la historia están ligados a la política, por es no llama la atención que esta disciplina despierte tantas pasiones.
¿Están pensando incursionar en este fascinante mundo? Aquí te dejamos 10 frases inspiradoras para estudiantes de Ciencias Políticas:
10 FRASES INSPIRADORAS PARA ESTUDIANTES DE CIENCIAS POLÍTICAS
Cuando alguien me comunica que es apolítico, siempre pregunto en qué política concreta está pensando.
Andrzej Sapkowski
La política es el arte de vender simultáneamente el gozo de la estabilidad y la paranoia ante el caos.
Carlos Monsiváis
Los experimentos en política significan revoluciones.
Benjamin Disraeli
La política necesita a gente que no necesite a la política.
Paul Carvel
Si la política es alejada de las fuerzas de las ideas, se convierte única y exclusivamente en el ejercicio del poder.
Arturo Illia
En política son los medios los que deben justificar el fin.
Albert Camus
La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez.
Winston Churchill
En política solo triunfa quien pone la vela hacia donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire hacia donde pone la vela.
Antonio Machado
La coalición (política) es el arte de llevar el zapato derecho en el pie izquierdo sin que salgan callos.
Guy Mollet
El éxito separa a los amigos. La política, por ejemplo, es ruinosa para las amistades, porque la naturaleza de la política es recrear a las personas.
Patricia Cornwell// Universia
