Sociología UPEA 2024: Convocatoria a la Prueba de Suficiencia Académica, Curso Preuniversitario, Excelencia Académica y Admisión Especial
(La UPEA). Por determinación del Honorable Consejo de Carrera de SOCIOLOGÍA HCC No 96/2023 y de acuerdo al Reglamento de Admisión Estudiantil de la Universidad Pública de El Alto, se CONVOCA a todos los bachilleres interesados en estudiar la Carrera de SOCIOLOGÍA a inscribirse para la Gestión Académica Anual 2024 a la Prueba de Suficiencia Académica, Curso Preuniversitario, Excelencia Académica y Admisión Especial…
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Convocatorias UPEA 2024
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Sociología UPEA 2023: Convocatoria para la Prueba de Suficiencia Académica, Curso Preuniversitario, Excelencia Académica y Admisión Especial
(La UPEA). Por determinación del Honorable Consejo de Carrera de SOCIOLOGÍA HCC No 051/2022 y de acuerdo al Reglamento de Admisión Estudiantil de la Universidad Pública de El Alto, se CONVOCA a todos los bachilleres interesados en estudiar la Carrera de SOCIOLOGÍA a inscribirse para la Gestión Académica Anual 2023 a la Prueba de Suficiencia Académica, Curso Preuniversitario, Excelencia Académica y Admisión Especial…
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Convocatorias UPEA 2023
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¿De qué hablamos cuando hablamos de trabajo infantil?
Aunque la Convención C138 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) determinó en el año 1973 la edad mínima laboral en los 15 años, muchos Estados, entre ellos España, la fijan en los 16 (artículo 6 del Estatuto de los Trabajadores), coincidiendo con la finalización legal de la escolarización obligatoria.
Aun así, hasta la mayoría de edad, se prohíben los trabajos nocturnos y las horas extras. Se prevé el descanso mínimo de dos días seguidos semanalmente y de media hora si la jornada excede de cuatro horas y media. Y se articula una mayor protección en la prevención de riesgos laborales, apartando a esa juventud de trabajos nocivos o peligrosos para su salud o su formación, tanto profesional, como personal.
El trabajo en sí es positivo para la independencia económica y emocional, para adquirir habilidades de responsabilidad y gestión del tiempo. Trabajar es un derecho y hay iniciativas dirigidas a la inserción laboral de la juventud a través de planes de empleo, sistemas de garantía juvenil y contratos para la formación y el aprendizaje o en prácticas, por lo que las personas adolescentes podrían trabajar en muchísimas actividades bajo esas condiciones. Pero el trabajo infantil se relaciona con la explotación laboral y se prohíbe.
¿Qué ocurre antes de los 16 años?
Aunque antes de los 16 años legalmente no se pueda trabajar, ni siquiera en negocios familiares, hay muchas actividades positivas para el desarrollo humano que no entran en su definición de “actividad peligrosa y perjudicial”. No atentan contra la salud ni al bienestar, ni interfieren en la escolarización porque son positivas para adquirir competencias y habilidades de autonomía progresiva. Algunos ejemplos son las tareas domésticas y las expresiones artísticas y deportivas.
Legalmente se admite la participación de niños y niñas en espectáculos públicos (por ejemplo, como intérpretes o modelos publicitarios). Siempre con permiso de la autoridad laboral, que velará por que no afecte a su escolarización, y a instancia de sus representantes legales y con su consentimiento, si tiene suficiente madurez y, en todo caso, a partir de los 12 años.
La Directiva 94/33/CE prohíbe, en todo caso, los trabajos que superen objetivamente su capacidad física o psicológica. Es precisa una evaluación específica del puesto en relación con su desarrollo personal para evitar riesgos para su salud o su seguridad. La inspección provincial de trabajo puede imponer sanciones de hasta un millón de euros por infracciones de esta normativa que persigue la explotación laboral infantil.
Derecho a ser niños
La niñez tiene derecho a vivir su infancia, a ir a la escuela y a no trabajar. Así se ha proclamado repetidamente a nivel internacional:
En la Declaración de Ginebra de 1924.
En el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) instaurado por la OIT en 1992 y reforzado por el Convenio C182 de 1999 sobre las peores formas de trabajo infantil.
En la V Conferencia Mundial de Durban de mayo de 2022, en consonancia con la Meta 8.7 de los ODS, que se dirige a asegurar la prohibición y total eliminación del trabajo infantil.
UNICEF cifra en 97 millones los niños y 63 millones las niñas que trabajan, lo que equivale a un 10 % de la población infantil (hay en torno a 1 600 millones de niños/as en el mundo). Y el 75 % de ella carece de protección social, especialmente en las zonas más pobres del planeta, en Asia-Pacífico, África Subsahariana, América Latina y el Caribe, donde persisten diversas formas de explotación que perjudican gravemente su desarrollo físico y psicológico.
Aunque entre las peores formas se incluyan a menudo supuestos de esclavitud contemporánea como la prostitución o la trata, no puede olvidarse el movimiento organizado de niños, niñas y adolescentes trabajadores que denuncia que se confunda trabajo con actividades ilícitas y reivindican trabajar en condiciones dignas para ayudar a sus familias y obtener recursos para estudiar.
Explotación y pobreza
Lo cierto es que las grandes empresas que han sido denunciadas públicamente han depurado su relación directa con el trabajo infantil, aunque difícilmente pueden evitar los efectos de la deslocalización y la globalización. Estos fenómenos las convierten en un eslabón indirecto de explotación, como ocurre con los hornos de ladrillos en Nepal y Camboya, con los talleres textiles de India y Bangladesh, y con las minas de cobalto en Congo y Uganda, por lo que ahora se les exige que evalúen sus cadenas de suministro.
Realmente se trata de la lucha contra la pobreza. Por eso en este 2022, el lema del Día Mundial contra el Trabajo Infantil de la Organización Internacional del Trabajo subraya la “protección social universal para poner fin al trabajo infantil”, que enlaza con la Meta 1.3 de los ODS. Los Gobiernos, las empresas y la sociedad civil deben unirse en políticas y en acciones de protección y fortalecimiento de las familias en riesgo de exclusión, especialmente tras la pandemia, algo que solo se puede conseguir con el fomento correlativo de sistemas y planes educativos y de inclusión social.
Hay que ir precisamente a las causas asociadas al trabajo infantil en el marco de la cooperación internacional efectiva y de mayor alcance sobre derechos humanos y justicia social.// The Conversation
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Qué es el negacionismo tecnológico y por qué debe preocuparnos
Desde el comienzo de la pandemia de covid-19, diversos movimientos anticientíficos han ido cobrando fuerza al tiempo que ponían en peligro la salud pública. De ahí que su expansión se haya convertido en una cuestión políticamente relevante y en un campo de estudio para investigadores y académicos.
Ya en los años 90 del pasado siglo, Gerald Holton escribió Ciencia y anticiencia (1993), donde mostraba cómo la irracionalidad, el populismo, la propaganda y el nacionalismo formaban un cóctel perfecto que apoyaba la doctrina de regímenes totalitarios.
Por su parte, Carl Sagan diagnosticaba en El mundo y sus demonios (1995) que las actitudes conspirativas, anticientíficas y pseudocientíficas iban ocupando en la sociedad el lugar tradicional de la religión y del misticismo. Sin embargo, este panorama se ha diversificado, por lo que conviene introducir modificaciones conceptuales que permitan dar cabida a la creciente relevancia de la técnica y la tecnología.
¿Qué es la técnica?
Teniendo en cuenta el planteamiento de José Ortega y Gasset, podemos entender la técnica como el conjunto de acciones con las que modificamos la naturaleza para hacer frente a una serie de necesidades relacionadas con la supervivencia y el bienestar.
Además, la acción técnica se caracteriza por minimizar el esfuerzo necesario por parte del ser humano y presupone un cierto distanciamiento, dado que la producción de soportes técnicos solo busca de manera indirecta la satisfacción de esas necesidades. Es, por así decirlo, una acción de segundo orden.
En un sentido similar pero más actualizado, Miguel Ángel Quintanilla ha propuesto que la técnica se entienda como “un sistema de acciones humanas intencionalmente orientado a la transformación de objetos concretos para conseguir de forma eficiente un resultado que se considera valioso”.
Estas definiciones nos pueden ayudar a entender mejor determinadas formas de negacionismo que existen en nuestros días.
Hablemos de negacionismo tecnológico
Los distintos planteamientos negacionistas que han dejado su impronta durante la pandemia se suelen agrupar bajo el rótulo “negacionismo científico”. Este se refiere a todo discurso dogmático y emocional que niega sistemáticamente la evidencia científica contrastada, ya sea general o propia de un ámbito concreto.
Los debates mediáticos mostraron, además, otros rasgos del discurso negacionista: referencia a falsos expertos, descontextualización o selección arbitraria de datos, uso de falacias lógicas, manufacturación de una duda generalizada y recurrencia a teorías de la conspiración.
Sin embargo, hemos observado también formas de negacionismo que surgen de una profunda desconfianza frente a la tecnología basada, en parte, en una sospecha legítima sobre la priorización de la lógica mercantil en el desarrollo tecnológico. Parece conveniente, pues, hablar también de un negacionismo tecnológico.
Este concepto se refiere a posiciones que se oponen dogmática o emocionalmente a un conjunto de productos tecnológicos, es decir, a objetos concretos, eficientes y valiosos, creados por el ser humano para resolver problemas relacionados con la supervivencia y el bienestar.
En relación con la situación actual de la pandemia, podemos distinguir entonces dos tipos diferentes de fenómenos anticientíficos.
El primero se limita a negar la existencia del virus SARS-CoV-2 y todo el discurso científico al respecto.
El segundo, por su parte, puede estar de acuerdo con los análisis proporcionados por la ciencia, pero niega la validez de la tecnología de la vacuna, es decir, su idoneidad para mejorar la supervivencia y el bienestar.
¿Y también hay pseudotécnica?
Asimismo, podemos abordar de forma diferenciada otra amenaza para la salud pública, habitualmente englobada bajo el término de pseudociencia. Este concepto se refiere a un campo cognitivo que pretende ser científico, pero no cumple algunas características fundamentales de la práctica científica.
En su Lógica de la investigación científica, Karl Popper señaló que las afirmaciones pseudocientíficas no son falsables y, por tanto, las teorías subyacentes apenas evolucionan a través de la investigación.
Mario Bunge añadió otros criterios de demarcación: las pseudociencias a menudo postulan entidades cuya existencia no se puede demostrar, defienden concepciones espiritualistas, no tienen lógica ni procedimientos de control objetivos, no desarrollan nuevos problemas e hipótesis y no tienen continuidad con otras disciplinas.
La pseudotécnica, por su parte, se refiere a la producción de artefactos que no cumplen las características mencionadas de una técnica, pues los objetos que crea o modifica no están diseñados para producir un resultado valioso para el ser humano o son incapaces de lograrlo por su falta de eficacia, de forma que no satisfacen necesidades humanas de supervivencia o bienestar.
Este tipo de acciones han estado muy presentes durante la pandemia. Se aprecia en la producción de falsos medicamentos desarrollados por grupos pseudofarmacéuticos que, por puro afán de lucro, vendían productos que ni curaban ni prevenían la enfermedad y, por tanto, ponían en peligro vidas humanas.
No obstante, el fenómeno no es nuevo. En internet llevamos varios años viendo productos a la venta que tratan de solucionar problemas inexistentes. Un ejemplo muy claro es el de los escudos cuánticos que, supuestamente, protegen de la ionización por fusión de la radiacion electromagnetica.
La pandemia de covid-19, en definitiva, no solo reproduce fenómenos que pueden integrarse en el marco conceptual de la pseudociencia y del negacionismo científico. También ha generado nuevos conceptos, como los de pseudotécnica y negacionismo tecnológico, que pueden ayudar a entender mejor el panorama anticientífico contrario a una adecuada salud pública.// The Conversation
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Sociología UPEA 2022: Convocatoria a la Prueba de Suficiencia Académica y Curso Preuniversitario
(La UPEA). Convocatoria de la Carrera de Sociología de la Universidad Pública de El Alto (UPEA). Se convoca a todos los bachilleres interesados en estudiar la carrera de Sociología a inscribirse para la Gestión Académica Semestral I/2022 al Curso Preuniversitario y Prueba de Suficiencia Académica.
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Convocatorias UPEA 2022
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Una sociología de las conspiraciones
El filósofo Theodor W. Adorno, en un libro poco conocido, Bajo el signo de los astros (1974), se atrevió a diseccionar sociológicamente la astrología. Esta disciplina, lejos de parecerle frívola o intrascendente, revelaba algunas claves de su época. Durante unos meses (1952-1953), el pensador alemán leyó la columna astrológica de “Los Angeles Times” considerando que el horóscopo proporcionaba una ingeniosa radiografía del mundo moderno.
Al alemán le fascinaba que, en un momento de gran racionalismo, pervivieran esos residuos mágicos. Adorno otorgaba a dichos imaginarios una potencia nada despreciable ya que evidenciaban el individualismo desmedido y la sociedad de consumo que despuntaban en esos años. Los pronósticos zodiacales proveían de pautas de interpretación y actuación asequibles, transmitiendo a la vez la sensación personal de atesorar una información privilegiada:
“La astrología crea un status de semi-erudición: permite comprender y simplificar lo complejo a la vez que genera una percepción de ser poseedor de un conocimiento”.
Uno de los fenómenos más notables de nuestro actual momento histórico, convulso y apocalíptico, es la fuerza y cantidad de las “teorías conspiranoicas” que circulan.
Para que algo así se produzca se han tenido que dar unas condiciones históricas casi únicas:
Por un lado, la aparición de una pandemia global de grandes proporciones (191 millones de contagios y 4 millones de muertes en julio de 2021). Ante ella, la medicina se ha topado con un enigma que va descifrando con lentitud. La ciencia ha necesitado unos meses para rearmarse y enfrentarla convenientemente.
Por otro, la existencia de un entramado comunicativo de bajo coste capaz de poner en contacto al planeta entero en milisegundos. Las redes sociales e Internet se han constituido en semillero de versiones hipotéticas y narraciones alternativas. Esta combinación es lo que el sociólogo Alejandro Romero ha llamado muy acertadamente, una tormenta perfecta.
Un cóctel explosivo en las redes
Esa mezcla agitada de una epidemia letal de consecuencias imprevisibles con una fuente inagotable de internautas adictos a las interpretaciones desenfrenadas se ha convertido en un cóctel explosivo. Para muestra, un botón: el 20% de los estadounidenses cree que las vacunas contra la COVID-19 tienen microchips.
Familiarizados con una ciencia todopoderosa, que un virus de unos pocos nanómetros de diámetro pueda poner en jaque al planeta es un hecho al que no estamos acostumbrados. Nuestro arsenal epistemológico y nuestro kit médico no han sido suficientes. No es por un defecto civilizatorio sino porque la ciencia no es religión y no dispone de todas las respuestas. Necesita tiempos y tanteos, ensayos y errores, experimentos y cálculos.
La indeterminación que genera una hecatombe sanitaria como la que hemos vivido, amén de nuestros recortados sistemas de sanidad pública, ha producido una ola de incertidumbre abrumadora. Hay que salpimentar la situación anterior con todo un maremagnum de datos y de controversias estadísticas. Nuestros ábacos sociales y médicos requieren de complejas operaciones de construcción y elaboración que fluyeron a trompicones.
La burocracia forense y la industria del dato bailaron sin cesar los primeros meses en una necroestadística confusa. A la espera de cura médica, enclaustrados en un confinamiento incómodo y ahogados en polémicas numerológicas, aterrizamos en lo que Durkheim hubiera llamado una época de “anomia”, de falta de valores consensuados o de guías normativas compartidas.
Este autor describe tal situación anómica como la ausencia de referencias colectivas que puedan orientar el comportamiento de los individuos y dar sensación de pertenencia. El colapso del orden normativo y la falta de unidad en torno a la ciencia nos ha dejado en una situación de orfandad epistemológica práctica y nos hemos lanzado a buscar otros relatos.
El fenómeno de la infodemia
Por otra parte, la constelación de las así llamadas redes sociales digitales ha dado fermento a un intercambio masivo de todo tipo de información. La libertad de emisión ininterrumpida ha generado también un ruido ensordecedor (lo que algunos han denominado como infodemia). Es decir, la polifonía aparentemente horizontal conlleva aparejada una Babel virtual.
Los caminos que conectan a millones de ciudadanos han servido como amplificador de un teléfono estropeado donde bulos, fake news y medias verdades son indistinguibles. No en vano, la propagación de información en Internet sigue patrones víricos y epidemiológicos. Y los foros de Internet han transformado a personas de a pie en opinadores diletantes y permanentes.
La era del experto ha llegado a su fin
La era del experto ha llegado a su fin porque cualquiera puede serlo o aparentarlo, puede ser influencer (microcelebridades que acumulan followers y likes). Y la tan cacareada “sociedad del conocimiento” o “sociedad de la información” ha dado paso a la “sociedad de la opinión”.
Por tanto, la amalgama final entre una ciencia probabilística con su propio tempo, una ensalada de estadísticas tanatológicas sin par y un vivero digital de leyendas urbanas y conspiraciones planetarias ha engendrado una imparable desconfianza y cuestionamiento de los pilares científicos modernos.
La cuestión es que, discursivamente, estos movimientos se han visto aupados por dos ejes argumentativos:
Las ansias de libertad individual (no identificación con elementos colectivos o institucionales).
La reivindicación de la investigación propia (no reconocimiento de los expertos).
Es decir, la presentación de un yo soberano y exento de limitaciones externas y la celebración de la autodidaxia digital (conocimiento automedicado): una especie de ego-detectivismo.
Sin entrar en la catalogación ideológica, me interesa más bien recalcar que estos discursos abracadabrantes son un género prototípico de nuestra época. El individualismo y la falta de confianza en la ciencia son un síntoma más de la propia pandemia que están relacionados. La anomia pandémica facilita la búsqueda de narraciones funcionales que den sentido al exceso de incertidumbre globalizada.
De esa forma, los enunciados conspiranoicos han sido capaces de dar cuenta de una situación singular en términos de buenos y malos, de héroes y villanos, de tramas urdidas y de relaciones trazadas con tiralíneas.
Más aún, le han encontrado una causalidad al mundo, correlaciones entre los acontecimientos y un vínculo entre eventos que da a la historia una estabilidad. En esta travesía, los discursos negacionistas facilitan un orden simbólico, un lenguaje para combatir la indeterminación que la ciencia no consigue aplacar. Y con el altavoz de la vida online, las confabulaciones alcanzan una energía descomunal.
La complejidad del universo conspiranoico
Cabe hacer un apunte: el universo conspiranoico, en cualquier caso, no puede ser comprendido de una manera simple y reduccionista. Y menos tildado como una secta de lunáticos o magufos perturbados. Contiene una complejidad y heterogeneidad interna abundante que, en general, comparte relatos deterministas, justificaciones directas y causalidades fuertes.
Estas corrientes coinciden en un continuo desvelar y denunciar connivencias y complots, resolviendo enigmas y puzzles. Todo ello a través de la convicción de que es posible destapar una red de significados ocultos en los eventos históricos.
Donde la ciencia solo puede hablar el idioma de las probabilidades (de contagio o eficacia) y donde el opinódromo virtual funciona las 24 horas, la versión conspiranoica crece y se desarrolla.
La moraleja, no obstante, está sobre la mesa. Quedarnos en lamentar la falta de raciocinio y clamar asombrados por la equivocación humana es inútil. Como indicaba Adorno, la existencia de mitologías astrológicas o de una galaxia de sospechas y supuestas maquinaciones se nutre de condiciones sociales e históricas. Aturdidos por los vaivenes de las recientes crisis económicas, con un tejido social debilitado y atravesados por desigualdades monumentales, la conspiración es una promesa de certidumbre y un refugio individual.
Las circunstancias turbulentas con las que despedimos el siglo XX y hemos estrenado el siglo XXI continúan los sombríos diagnósticos de Adorno. Recordemos, con el pensador alemán, que la proliferación de teorías alternativas o conjeturas de todos los colores, además de sombrear los poderes reales de este mundo, reflejan la fragilidad sobre la que está construido nuestro orden global.// The Conversation
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“Teoría sociológica: Enfoques diversos, fundamentos comunes” (PDF 2014)
(La UPEA). Publicaciones sobre sociología.
Este texto es una invitación para emprender y profundizar el aprendizaje y dominio de la teoría sociológica general desde una perspectiva que busca entender no solo las diferencias entre las escuelas, sino también los aspectos que tienen en común. 
Esta perspectiva posibilita asumir a nuestra disciplina no como un conjunto de propuestas inconexas sino como fruto de un diálogo áspero y agresivo por momentos, y concordante o desafiante en otras ocasiones, cuyos resultados son siempre provisionales, pues nuestras propuestas no dependen solo de la lógica que le podamos imprimir a nuestras teorías, sino también de la lógica social, política y simbólica.
La teoría sociológica, en este texto, es entendida como el conjunto de problemas, ejes temáticos y constelaciones de conceptos referidos a la naturaleza social de los seres humanos y a la manera en que están organizadas, funcionan, se reproducen y transforman las sociedades.
Este tema, a la vez que es común a las diversas escuelas sociológicas, es tratado por estas desde sus particulares enfoques —en ocasiones con distinto lenguaje para referirse a nociones similares—, lo que implica diferentes ángulos, grados de elaboración y apuestas diversas por la explicación o por la comprensión como método y propósito de la sociología.
Teoría sociológica
Enfoques diversos, fundamentos comunes
Orlando Plaza
Fondo Editorial
Perú 2014
LEER ONLINE: “Teoría sociológica: Enfoques diversos, fundamentos comunes” (PDF 2014)
DESCARGAR GRATIS: “Teoría sociológica: Enfoques diversos, fundamentos comunes” (PDF 2014)
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Hastío social o por qué nos cae peor todo el mundo tras la pandemia
Los expertos coinciden en que se ha generado apatía social generalizada, pero insisten en la importancia de retomar las relaciones por nuestra salud mental.
Ya sabemos que la pandemia ha impactado en más ámbitos de nuestra vida, además de en nuestra salud. Es obvio que también lo ha hecho en nuestra economía y nuestras perspectivas a corto plazo. Pero también lo ha hecho en nuestras relaciones personales. Con amigos, parejas o familiares. Aunque si echamos un vistazo a las redes sociales podríamos decir que el fenómeno es algo mayor, algo más generalizado. Hay un hastío social. Algo así como si después de la pandemia todo el mundo nos cayera un poco peor que antes. Como si estuviéramos decepcionados con la sociedad.
“Las consecuencias sociales de la pandemia han sido variopintas, marcadas por la ambivalencia entre lo positivo y lo negativo” explica Juan Antonio Roche Cárcel, presidente del Comité de Sociología de las Emociones de la Federación Española de Sociología (FES). El sociólogo, que ha publicado varios estudios sobre las consecuencias sociales del coronavirus, insiste en que se ha dado una “tensión entre las fuerzas individualizadoras y comunitarias”. Es decir, que “hay aspectos de mayor egoísmo individual y aspectos de mayor sentido comunitario”. Pero parece que en el balance final unos nos han impactado más que otros.
Los enfrentamientos no solo han estado en las terrazas o en las reuniones entre familiares. Tampoco solo en los grupos de WhatsApp. Toda la sociedad parece haberse polarizado a la hora de opinar de temas nuevos como el uso correcto o no de las mascarillas o la aplicación de las vacunas. Cada uno con sus argumentos. “Ha habido una polarización de lo político que también afecta a la esfera privada”, insiste Juan Antonio Roche Cárcel. Y es que el debate de nuestros políticos ha pasado de las tertulias de los medios de comunicación a nuestras charlas por videollamada. Pero sobre todo a nuestras discusiones por Twitter, con un montón de desconocidos. “Las redes sociales han servido, por un lado, para conectar entre familias o amigos, pero también para generar fake news, un exacerbamiento de las emociones, una intensificación de los odios, el no respeto al diferente. Esta situación ha generado miedo y solidaridad, que son dos de las grandes respuestas sociales que han estado presentes en estos meses”, insiste el sociólogo.
Todo ello ha impactado también en los medios de comunicación. Al comienzo de la pandemia nos aferrábamos a las imágenes de los aplausos de las ocho, de las comunidades de vecinos haciendo la compra a sus mayores o de los restaurantes repartiendo comidas gratuitas para los más necesitados. A estas alturas, las imágenes predominantes de la pandemia son las fiestas ilegales, las frases con excusas imposibles para saltarse las restricciones o las personas que se han llegado a enfrentar incluso a la policía. Ambas realidades representan solo a grupos de personas y no siempre a las mayorías. Sin embargo, dónde se pone el foco de atención, marca nuestra forma de entender la sociedad en su conjunto.
Amplificación de las emociones
Más allá de todos los factores externos, el hastío social también tiene que ver con el cansancio emocional que ha supuesto ver trastocada nuestra vida durante un tiempo tan largo. Como ejemplo, el estudio Ipsos Digital para Unilever concluía que el 61% de los españoles considera que su bienestar mental se ha reducido.
“Tras este largo periodo de pandemia, aunque parece que por fin empezamos a ver la luz y deberíamos tener muchas ganas de relacionarnos, hay un estado de apatía social generalizada”, reflexiona por su parte la psicóloga Eli Soler. “La situación de confinamiento ha minado la moral de muchas personas. Incluso algunas se han acostumbrado al poco contacto social y manifiestan que les da pereza volver a relacionarse”.
La experta añade que la pandemia ha traído una mayor susceptibilidad y una amplificación de las emociones. Nos hemos visto encerrados, restringidos de nuestras rutinas. Algo así como ocurrió en lo que fue el primer Gran Hermano, donde los participantes repetían ese “es que aquí dentro todo se intensifica”. “Este símil es un muy buen ejemplo, especialmente la primera edición. Nosotros como sociedad tampoco nos esperábamos un confinamiento tan largo ni estricto. Tras la primera fase de euforia y sensación de querer aprovechar el tiempo que se nos regalaba, a medida que las semanas pasaban, llegaba la desesperación y el desgaste. Llegaba el ir por casa en eterno pijama, al igual que los concursantes de ese reality, y el no tener ganas de hacer nada más que comer y ver Netflix”.
El ambiente de polarización y la sensación de desgaste individual también han marcado la forma de comunicarnos y entendernos. O más bien, de generar malentendidos. Especialmente a través de las redes sociales, donde la falta de lenguaje no verbal, de expresiones y de entonaciones lleva muchas veces a pervertir los mensajes.
“Hemos estado mucho más irritables, crispados, y todo ello nos ha llevado a discutir más con nuestra familia o nuestra pareja”, insiste Eli Soler respecto a los casos que sigue viendo en consulta. “Las redes sociales han supuesto una ventana exterior a la vida social, pero se han usado en muchas ocasiones más como vía de escape que como herramienta social funcional”. Y es que para un rato que socializábamos, precisamente lo hacíamos con los temas que más nos llevaban a discutir. Todo ello ha llevado a encerrarnos más en nosotros mismos y en nuestras opiniones, a perder el contacto y la confianza con algunos allegados y, en definitiva, a perder de perspectiva algo clave: la empatía. Porque no todo el mundo atravesaba la misma situación, ni tenía las mismas circunstancias familiares o económicas o no sabía gestionar sus emociones de la misma manera.
“Pero pasó, o está terminando, poco a poco”, aporta como un rayo de luz la psicóloga. La misma insiste en que, ahora que las vacunas llegan para proteger nuestra salud física, es un buen momento para abordar nuestra salud mental. “Por eso, para salir de ese estado gris, lo mejor que se puede hacer es activarse, ponerse en marcha. Obligarse a volver a quedar con las amistades, a volver a apuntarse a hacer las actividades que antes nos motivaban, y obligarse a cumplir una rutina regular. Porque sí, cuidar nuestras emociones es cuidar nuestra salud mental”, concluye la experta.// S Moda
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¿Son los occidentales las personas más raras del mundo?
Buena parte de la investigación científico social de las últimas décadas ha tenido como objetivo identificar rasgos de la psicología humana que condicionan nuestro comportamiento. Se asumía en ella que los seres humanos comparten los procesos cognitivos y afectivos más fundamentales y que, en consecuencia, los hallazgos de una población se podían aplicar a todas las sociedades.
No es de extrañar que, por razones de comodidad y economía, el 96% de los sujetos analizados pertenecieran a países industrializados occidentales, principalmente estudiantes estadounidenses, que albergan solo al 12% de la población mundial.
Desde hace unos años se ha intentado corregir ese sesgo, ampliando las investigaciones a las diferentes culturas existentes, evitando generalizar sin más los datos obtenidos con los estudiantes occidentales.
A medida que las investigaciones incluyeron sociedades de pequeña escala y otras culturas como las asiáticas, los resultados obtenidos se modificaron drásticamente. En un libro reciente, Joseph Henrich, director del Departamento de Biología Evolucionista Humana en la Universidad de Harvard, sugiere no sólo que los datos no son generalizables, sino que los occidentales poseen una psicología weird, extraño en inglés, diferente al resto, que les convierte en las personas más raras del mundo, que no mejores.
El término weird sirve como un ingenioso acrónimo que resume algunas de las características singulares de nuestra cultura: Western, Educated, Industrialised, Rich, Democratic, o sea, occidental, educado, industrializado, rico y democrático.
La psicología weird
La psicología weird, según Henrich, posee entre sus rasgos más notables el individualismo y una mayor apertura a interaccionar con individuos pertenecientes a otros círculos sociales, lo que favorece la movilidad y el cambio social. Los occidentales viven volcados en sus logros personales y mantienen una cierta distancia con su familia, grupo o clan, mientras que se adhieren a agrupaciones sociales por vínculos profesionales, ideológicos o de otro tipo.
Además, piensan de manera más analítica, creen en el libre albedrío, se sienten moralmente responsables de sus actos o se comprometen con leyes y principios de justicia universal.
La mayor parte de las culturas promueve otros valores
Frente a este perfil psicológico occidental, Henrich sugiere que la mayor parte de las culturas promueve una tendencia hacia el colectivismo, de manera que los individuos se identifican más fuertemente con la familia, la tribu, el clan y el grupo étnico, consideran el nepotismo como un deber natural, piensan de manera más relacional y holística, asumen como propia la responsabilidad de lo que hace su grupo y sienten sobre todo vergüenza, en vez de culpa, cuando su comportamiento se aleja de los dictados de la tradición.
Para Henrich la psicología weird se gestó en los últimos 1 500 años, en buena medida como una consecuencia no prevista de la política de familia que, desde finales del siglo VI, trató de implementar la Iglesia Católica Romana. Todo comenzó con la intención del Papa Gregorio I de reordenar el marco legal del matrimonio cristiano de acuerdo con un nuevo conjunto de normas que impedían el matrimonio entre primos, el divorcio y la poligamia.
Este proceso de reforma debilitó las alianzas por parentesco e introdujo cambios en la dinámica social. Esos cambios experimentaron un notable impulso a partir del siglo XVI debido a factores como la fe protestante, que intensificó la deriva individualista y promovió la alfabetización como medio de acceso a las Sagradas Escrituras, el desarrollo de las ciudades, los gremios profesionales, el método científico, etc. Con independencia de cuáles hayan sido las causas más relevantes, el resultado ha sido la génesis de la más próspera civilización sobre el planeta.
¿Cómo la cultura occidental modela la psicología weird?
En todas las sociedades, el aprendizaje cultural tiene consecuencias sobre nuestro sistema neurológico y moldea la psicología de los individuos, contribuyendo a la diversidad psicológica de los seres humanos.
La civilización occidental no es una excepción. Ha alumbrado una psicología extraña en una sociedad poblada por instituciones y reglas no menos singulares: democracia, principios de justicia universal, mercados, ciencia, ciudades cosmopolitas, cultos religiosos que intensifican la dimensión individual de la religiosidad, etc. Los individuos weirds son el producto y, al mismo tiempo, el sostén de esa cultura concreta.
El aprendizaje cultural reconfigura físicamente nuestros cerebros y, por lo tanto, modula nuestra manera de pensar y actuar. Un caso paradigmático y bien conocido de esas transformaciones surge cuando se aprende a leer y escribir. La alfabetización no solo produce cambios neurológicos, también promueve un pensamiento más analítico y memorias de mayor alcance temporal.
Sin embargo, cabe preguntarse si otros rasgos de la psicología weird poseen un correlato neuronal y funcional tan marcado y permanente. Muchos podrían ser, más bien, hábitos conductuales reversibles, dependientes del refuerzo ambiental y susceptibles de experimentar cambios notables a lo largo de la vida de las personas.
Psicología weird versus naturaleza humana
Las características psicológicas de los individuos dependen, en buena medida, de un proceso de aprendizaje de una cultura singular. No obstante, sin restar importancia al papel crucial que desempeña la cultura, diversas investigaciones sugieren la existencia de adaptaciones cognitivas, con base genética, que regulan aspectos clave de la conducta humana y que evolucionaron entre nuestros antepasados a lo largo del último millón y medio de años.
Se trata de mecanismos cognitivos que contribuyen a resolver problemas en dominios como la elección de pareja, la gestión de la cooperación para beneficio mutuo, la identificación tribal, la toma de decisiones sobre qué, a quién y cuándo imitar, o el desarrollo de formas de pensamiento protorreligioso, mágico y supersticioso.
Resulta paradójico que algunos caracteres de la psicología weird entren en conflicto con esta arquitectura cognitiva evolucionada y ello pone en duda su solidez y consistencia. ¿Hasta qué punto la psique weird, culturalmente construida, es un producto estable frente a esa naturaleza humana común? Los rasgos weird podrían constituir una delgada capa en nuestra arquitectura psicológica.
En el momento en que las circunstancias complican la vida de la gente, aflora un comportamiento humano menos raro, con sus virtudes y sus defectos, alejado de los patrones psicológicos que supuestamente caracterizan a los occidentales.
Se entiende así el éxito que obtienen determinadas políticas que apelan a instintos psicológicos más universales para dar respuesta a problemas como la regulación migratoria, la prioridad del grupo propio, la identidad nacional, etc.
Sin entrar en juicios de valor, da la impresión de que la psicología weird se desvanece ante propuestas ideológicas como el Brexit o el América primero de Donald Trump, entre otros ejemplos.// The Conversation
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“La crítica de la vida cotidiana de Henri Lefebvre: importancia y vigencia para la sociología contemporánea” (Artículo PDF 2021)
(La UPEA). Publicaciones sobre sociología.
Este artículo reflexiona sobre el estudio de la vida cotidiana en la obra de Henri Lefebvre; analiza la importancia que este autor da a la cotidianidad para comprender los procesos sociales e históricos que dieron forma a la modernidad y destaca la relevancia que da a la literatura para el análisis sociológico y la relación entre ciudad, revolución y vida cotidiana, así como la vigencia de sus propuestas.
Se subrayan los principales rasgos que Lefebvre otorga a la cotidianidad y se hace una crítica sobre sus reflexiones. Se concluye que la vida cotidiana es un centro neurálgico de las principales tesis de Henri Lefebvre.
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COVID-19: Ninguna epidemia ha afectado más a los ricos que a los pobres
_Diego Armus, doctor en Historia por la Universidad de California y profesor de historia latinoamericana en Swarthmore College (Estados Unidos), investiga la enfermedad como un fenómeno político y cultural. Armus es argentino y en un libro que escribió sobre la tuberculosis en Buenos Aires retrata cómo esta se vinculó a una clase social, a una definición de mujer y hasta un tipo de tango, “la milonguita” (La Ciudad Impura: Salud, Tuberculosis Y Cultura En Buenos Aires, 1870-1950, es el título de su investigación).
-Uno de sus argumentos es que las enfermedades se vuelven una preocupación pública cuando afectan a los que tienen poder. Ejemplifica con el Mal de Chagas que ha enfermado y matado durante casi un siglo en Latinoamérica.
-Se trata de una enfermedad transmisible, distintiva de la pobreza rural y semi-rural de muchas regiones en América del Sur. Un problema que los pobres, la gente común, acepta como un dato de la vida cotidiana. Pero ahora está llegando al hemisferio norte y hay voces que proponen hablar de la epidemia del Mal de Chagas. La malaria es otro ejemplo. La gente vivía con malaria y lo aceptaba, “bueno es así”, hasta que el poder político, por los motivos que fueren, empezó a tomar nota de “eso”.

-¿Qué lecciones podemos sacar de esto para hacer frente al COVID-19?
-Poco. Me resisto a buscar enseñanzas en la historia. A lo mejor el historiador de la salud pública puede identificar en el pasado instrumentos para desarrollar mejor política pública pero el historiador de la enfermedad aprende a cuidarse de las generalizaciones. Cada epidemia es única, resultante de un microorganismo y del modo en que una sociedad lo confronta, reacciona e interpreta. Además, el presente no es un buen alumno del pasado. La historia puede señalar una hoja de ruta, pero nada más.
-Lo que sí enseña la historia es que las epidemias son el reino de las incertidumbres.
-Lo primero que hay que hacer es reconocer y aprender a convivir con incertidumbres: aquellas cosas para las cuales tengo una pregunta pero no puedo formular una respuesta. Articular una respuesta política, de salud pública, en medio de la incertidumbre que trae una epidemia nueva como el COVID-19, es un desafío brutal.
-Además de la incertidumbre, otro patrón que caracteriza a las epidemias es que no afectan a todos por igual.
-Las epidemias no son democráticas. Pueden afectar a todos, pero los que más mueren son los pobres, los más vulnerables. No hay epidemia que haya afectado más a los ricos que a los pobres.
-Un caso característico en América Latina es la epidemia de cólera ocurrida en Perú en los 90. Entonces, murieron 2 909 personas y las poblaciones más golpeadas fueron las zonas rurales y del Amazonas, por su falta de acceso a agua potable y una adecuada red de alcantarillados.
-Este caso demuestra lo poco que algunos países aprenden de sus crisis sanitarias. Si sigues las noticias sobre el COVID-19, parece ser que no se entendió nada de la epidemia del cólera, porque la red de infraestructura de agua potable sigue siendo tan precaria como en los años 90 en Perú.
-¿Qué estrategia se debe seguir para combatir la COVID-19 en América Latina?
-En muchos países de la periferia lo que se intentó hacer, y la Argentina es un caso, fue utilizar los mismos recursos que están usando los europeos. Como si la Argentina fuera un país de clase media. Esa perspectiva puede funcionar –y solo hasta cierto punto– en Buenos Aires. En el Gran Buenos Aires la situación es otra y es horrorosa, con casi 50% de la población debajo del nivel de pobreza. Entonces, la agenda antiepidémica para mitigar el contagio necesita localizarse. Las ciudades de Sierra Leona no son ciudades de clase media, las de Liberia tampoco; en Vietnam, en Ho Chi Min City, el hacinamiento no es una excepción. Pero en esos países la vigilancia epidemiológica, por ahora, ha dado buenos resultados. Me parece que hay algo en América Latina que no funciona bien, y no me pida una explicación muy convincente porque no la tengo.
-A mediados de septiembre, Martha Lincoln, antropóloga de la salud, se preguntaba por el rol de la “arrogancia” a la hora de combatir el COVID-19.
-Más que arrogancia, lo que afectó a autoridades y científicos de Francia, Italia, Inglaterra, sobre todo al comienzo de la pandemia, fue el reconocimiento de su propia perplejidad frente al tsunami que es una epidemia. El Estado que logra desarrollar en la sociedad una consciencia de civilidad sanitaria ya ganó una primer batalla. Nueva Zelanda lo está haciendo a su modo. Y Vietnam, donde según las noticias la civilidad sanitaria es notable. La realidad es que en esta coyuntura están mucho mejor. Y pareciera ser que estos logros tienen que ver con otro asunto: una epidemia es una maratón, no una carrera de 100 metros. Para correrla es necesario una buena dosis de confianza para navegar colectivamente en medio de una neblina que afecta a todos. Si se asume la incertidumbre, si la sociedad y el gobierno entienden que no se podrá dar vuelta la página tan rápido, entonces construir confianza en lo que puede hacer la salud pública y la ciencia se vuelve una prioridad de la política. Todo indica que en extremo Oriente en parte lo han logrado.
-También destaca el caso africano, donde algunos países aprendieron del ébola.
-¿Usted cree que en Sierra Leona y en Liberia hay muchos más médicos o ventiladores? No, pero sí han logrado consolidar, aún en la tremenda escasez de recursos, instrumentos que permiten alimentar y reproducir una civilidad sanitaria: redes de vigilancia epidemiológica a nivel comunitario, basadas en agentes sanitarios y no necesariamente médicos, que son figuras clave en el esfuerzo por mitigar el contagio.
-Usted habla de la “dramaturgia de la enfermedad”. ¿A qué se refiere?
-Todas las epidemias comparten una suerte de dramaturgia que comienza naturalmente con la negación de lo que está ocurriendo. Recordemos que la del COVID-19 también fue negada, incluso sanitaristas muy progresistas decían que se trataba de un problema del norte, que los problemas de los países del sur eran otros, como el sarampión y el dengue. Por suerte pronto entendieron que a esas dos epidemias había que sumarle la del COVID-19. Luego de ese primer acto, el de la negación, viene el segundo, donde, por los motivos que fueren, el contagio y el temor al contagio son tan obvios que hay que hacerse cargo. Entonces la sociedad y la cultura empiezan a interpretar, en medio de la incertidumbre, lo que está pasando. Ese momento, en gran medida discursivo, es muy específico de cada epidemia y enfermedad. En el medioevo, las herejías de algunos servían para explicar el azote epidémico y también los castigos concomitantes.
En Brasil, con el sida, la primera interpretación que emana del poder es que se trata de un castigo a la numerosa presencia de homosexuales en la sociedad. Luego se entra en el tercer acto de la dramaturgia: llegan las intervenciones, destinadas a intentar gobernar el contagio. Son intervenciones que no siempre producen resultados. De hecho, abundan los casos de epidemias que, después hacer estragos, se van apagando en su letalidad.
El último acto es el del olvido, tal como ocurrió con la pandemia de influenza de 1918, que mató entre 50 y 100 millones de personas, pero nadie hablaba de ella un par de años más tarde de haberse terminado. Con el sida, en Brasil y el mundo, este último acto no ha llegado.
-¿Qué ha pasado?
-El sida se transformó en una suerte de enfermedad crónica, frente a la cual hay tratamientos pero no vacunas. Esto hay que tenerlo presente, pues queremos pensar que de esta pandemia saldremos pronto de la mano de una vacuna. Y sí, puede que las vacunas estén en un horizonte no muy lejano, pero cuando lleguen presentarán problemas inmensos de logística y accesibilidad, y con ellos inequidades entre naciones pobres y ricas, y, al interior de todas las naciones, entre ricos y pobres.// The Conversation
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Sociología UPEA 2021: Convocatoria para la Prueba de Suficiencia Académica, Excelencia Académica, Admisión Especial y Curso Preuniversitario
(La UPEA). Por determinación del Honorable Consejo de Carrera de SOCIOLOGÍA HCC No 028/2020 y de acuerdo al Reglamento de Admisión Estudiantil de la Universidad Pública de El Alto, se CONVOCA a todos los bachilleres interesados en estudiar la Carrera de SOCIOLOGÍA a inscribirse para la Gestión Académica Anual 2021 a la Prueba de Suficiencia Académica, Excelencia Académica, Admisión Especial y Curso Preuniversitario.
(Para ver la convocatoria en mayor tamaño haz clic sobre la misma imagen)
Convocatorias UPEA 2021
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Cómo afrontar la crisis de COVID-19 en la sociedad del riesgo
La COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de una cooperación internacional y un multilateralismo eficaz que guíen la hoja de ruta de cada país para tomar medidas contra la expansión del virus. De lo contrario estaremos ante un panorama –el actual– marcado por la desigualdad entre países.
Según el sociólogo alemán Ulrich Beck, fallecido en 2015, la globalización define una situación paradójica. Por un lado, la mayor conectividad e interdependencia reduce las capacidades de acción de unos Estados nación aún anclados en la concepción tradicional de la soberanía. Por otro lado, emerge un amplio espacio transnacional sin instituciones y marcos regulatorios adecuados, y sin los necesarios mecanismos de gestión de las externalidades propias de ese proceso.
Características de la sociedad del riesgo
La tesis de la sociedad del riesgo global de Beck se centra en esa contradicción: el proceso genera nuevos riesgos no asegurables que superan la capacidad estatal para afrontarlos. Sin embargo, se renuncia a establecer mecanismos de gobernanza global que puedan hacer frente a la incertidumbre inherente a estos riesgos, minimizar su impacto y mitigar el daño.
La sociedad del riesgo global de Beck supone asumir una irresponsabilidad organizada: se cuenta con el conocimiento científico que informa sobre el riesgo y la incertidumbre, pero se renuncia a la gestión o aseguramiento colectivo frente a esos riesgos con los recursos, políticas e instituciones necesarias. Todo ello a sabiendas de que sus consecuencias serían catastróficas.
Para el sociólogo, los riesgos globales implicarían una suerte de cosmopolitismo forzoso o realpolitik cosmopolita. Asume que las visiones clásicas de la política y de la seguridad nacional no son aptas para la gestión de riesgos globales. Serían necesarias normas e instituciones multilaterales, más allá del Estado nación, que los sitúen en un marco de acción colectiva eficaz.
La COVID-19, síntoma de un riesgo global
A partir de esta conceptualización de Beck, en el trabajo COVID-19: Riesgo, pandemia y crisis de gobernanza global, publicado en el Anuario CEIPAZ 2019-20, analizo la crisis iniciada con la COVID-19 como una manifestación de un riesgo global.
El alcance sistémico de la situación parece responder más a la falta de preparación de los gobiernos, las sociedades y la respuesta multilateral que al patógeno mismo. Incluso admitiendo que se trata de un virus singular, dañino y difícil de diagnosticar.
Aún es pronto para hacer balance de las consecuencias de la pandemia a largo plazo. Pero una de las lecciones más evidentes es que la resiliencia societal –es decir, la capacidad de prevenir, enfrentar y sobreponerse al riesgo– depende, en gran medida, de la cooperación internacional y un multilateralismo eficaz.
Necesitamos organizaciones regionales y globales efectivas, representativas y más robustas. Y una acción, a nivel nacional, más coordinada y coherente con lo acordado en esos marcos compartidos.
Menos liderazgo económico, más desigualdad
En el plano económico y social, nos encontramos ante una crisis sin precedentes: no podemos salir de su doble efecto en la oferta y la demanda (de duración incierta) reencendiendo la economía. Exige aumentar el gasto sanitario y preservar los empleos y el tejido productivo con medidas a gran escala y concertadas globalmente. Al mismo tiempo, las medidas deben contribuir a una transición hacia un patrón de desarrollo más sostenible y equitativo.
Una de las características de la sociedad del riesgo global es la desigual distribución de los riesgos generados por vínculos transnacionales entre países, territorios y grupos sociales. La COVID-19 ha encontrado un mundo en el que la gobernanza económica global se ha debilitado a causa de disputas geopolíticas, del nacionalismo rampante y de la ausencia de liderazgo.
La debilidad de la respuesta colectiva, en un sistema internacional muy asimétrico, deja en una situación más vulnerable a los países en desarrollo. A diferencia de la crisis de 2008, ahora el G20 no ha jugado un papel relevante y las respuestas se plantean en marcos nacionales.
Estados Unidos puede recurrir al privilegio de Bretton Woods y financiarse en su propia moneda a través del Sistema de la Reserva Federal.
En la Unión Europea, el Banco Central Europeo puede intervenir masivamente y existe el Mecanismo Europeo de Estabilidad. Además, tras el importante acuerdo del Consejo Europeo de julio de 2020, se ha establecido un amplio paquete financiero y se avanza hacia la mutualización de deuda.
Para los países en desarrollo no existe nada similar, salvo el recurso al Fondo Monetario Internacional (que supone un injusto estigma financiero) y, de manera más limitada, los fondos de los bancos multilaterales de desarrollo.
La COVID-19 golpea a los países en desarrollo
En muchos países en desarrollo, la COVID-19 representa una tormenta perfecta: puede provocar un desplome económico y una crisis social sin precedentes, tal vez la peor en un siglo. La pandemia se abate sobre países con escasa resiliencia y agudiza sus graves desigualdades sociales.
Muchos países en desarrollo ya acumulaban déficits fiscales y por cuenta corriente. Su menor crecimiento, las guerras comerciales y la caída de las exportaciones de materias primas los situaban en un escenario económico internacional adverso. Años de políticas de expansión monetaria en los países avanzados favorecieron el fácil acceso al crédito y, con ello, el aumento de la deuda pública y privada, hoy un factor importante de vulnerabilidad.
Son pocos los países en desarrollo que pueden lanzar grandes programas de estímulo fiscal. El margen de los bancos centrales y la política monetaria también es reducido, después de varios años de rebajas de los tipos de interés. La masiva fuga de capitales de los países emergentes desde el inicio de la pandemia ha presionado a la baja los tipos de cambio.
Las agencias de riesgo han alentado ese proceso al bajar la calificación de muchos países en plena crisis.
Existe el riesgo, en suma, de que estos países se vean afectados por nuevas crisis de deuda. Estas pueden llevar a la aplicación de políticas de austeridad y al consiguiente aumento de la pobreza y la desigualdad, y al agravamiento de las fracturas sociales y políticas.
Esta situación complica la formulación de un nuevo contrato social, y puede alentar el ascenso de fuerzas iliberales y de ultraderecha. En ese escenario, algunos actores externos pueden hacer un uso torticero de la ayuda bilateral o la financiación de contingencia como herramientas al servicio de la política de poder.
Pactos verdes contra la invasión de hábitats
Esta crisis también nace, en gran medida, de carencias y debilidades de un modelo de desarrollo con serias fallas en cuanto a inclusión social, oportunidad y respeto a los límites ambientales de la biosfera. La COVID-19 es una zoonosis que se inscribe en un patrón de largo plazo y de tendencia creciente de nuevas enfermedades que saltan de los animales al ser humano. Son el resultado de la presión creciente sobre sus hábitats.
En el marco de ese gran compromiso multilateral que es la Agenda 2030 de desarrollo sostenible, esta crisis debe verse como oportunidad para promover nuevos pactos verdes. Estos permiten asegurar una transición justa hacia nuevos patrones de producción y consumo y un desarrollo global más inclusivo y sostenible.
Como indicaba Ulrich Beck, ante los riesgos globales, no se puede actuar con una mirada parroquial y el nacionalismo epidemiológico que ha brotado en esta pandemia. La gobernanza global y la acción colectiva son la verdadera realpolitik, como imperativo de supervivencia, tanto en el plano sanitario como en el de la prosperidad compartida.// The Conversation
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Miseria de la sociología
Latinoamérica es tierra fértil para eso que Pierre Bourdieau llamó las “falsas audacias del ensayismo”. Palabras con pedigrí se viralizan, vulgarizadas, en el léxico de intelectuales, opinadores y activistas, abonando la inspiración a nuevos Les Luthiers. Cierta sociología, convertida en tarima para disfrazar la militancia como pensamiento crítico, es pródiga en tales abusos. Una de sus víctimas recurrentes es la noción de hegemonía.
Concepto medular de la teoría contemporánea, la idea de hegemonía mutó sentidos y contenidos desde su origen gubernamentalista en la Grecia clásica, hasta su utilización por diversas corrientes de la política radical en los últimos dos siglos. Pero fueron Ernesto Laclau y Chantal Mouffe quienes recuperaron el concepto para una redefinición progresista de los objetivos y componentes de la democracia, en las sociedades del capitalismo tardío.1 Escritas antes de la caída del Muro de Berlín, sus tesis apuntaban a la necesidad de concebir un modo posliberal y posmarxista de construir el poder democrático. En el que las conquistas liberales por derechos políticos individuales y la pugna socialista por combatir la desigualdad colectiva se combinaran con otras agendas e identidades oprimidas. Bajo una concepción abierta y dinámica del orden y el cambio sociales, fundante de una democracia radical y pluralista, transformadora de las relaciones entre Estado y sociedad, así como al interior de ambos campos.
Si bien esta perspectiva presenta —como toda propuesta teórica— serios problemas a la hora de aterrizarla en casos concretos, la radicalidad de su crítica y potencial son claros. El totalitarismo leninista —hijo del paradigma jacobino—, el personalismo populista —manipulador de los subalternos— y el tecnocratismo neoliberal —enmascarador de la opresión privada— no salen bien librados de la concienzuda demolición de Ernesto y Chantal. Paradójicamente, cuando la obra reciente de la Mouffe se ha deslizado hacia la apología vulgar al populismo izquierdista, sustentada en una mal disimulada aversión a la democracia liberal, ello ratifica la valía de sus viejas tesis. Evidenciando la perenne amenaza que la abdicación del rigor académico, sometido a un estrecho partidismo político, representa para cualquier intelectual y su obra.
Pero si Laclau y Mouffe pueden ser recuperados en su rico pensamiento originario, la vulgarización de sus herederos entristece. Pasa cuando un culto intelectual cubano invoca a Raúl Castro para criticar la censura burocrática que “erosionará el discurso hegemónico de la Revolución y cederá más espacio a otros discursos contrahegemónicos”. Confundiendo un Estado con una Revolución y una dominación con una hegemonía. Sucede cuando una funcionaria de las ciencias sociales llama a “un combate desde el pensamiento crítico contra la hegemonía de las nuevas derechas”. Presentando como lo primero el popurrí leninista schmittiano de cierta izquierda criolla y denunciando como lo segundo la variopinta ideología de todo lo que existe allende el Foro de Sao Paulo. Curiosamente, la respuesta derechista a esas posturas, al manosear ad nauseam nociones como marxismo cultural, ideología de género y hegemonía gramsciana, vuelve a encerrar la realidad política en dogmas mediocres y autoritarios. En esta ocasión de manos del trumpismo y neoconservadurismo criollos.
Como señalaron Laclau y Mouffe “la experiencia de la democracia debe consistir en el reconocimiento de la multiplicidad de las lógicas sociales tanto como en la necesidad de su articulación. Pero esta última debe ser constantemente recreada y renegociada, y no hay punto final en el que el equilibrio sea definitivamente alcanzado”. Por desgracia, lo que abunda en las diferentes trincheras del pensamiento social latinoamericano es, en buena medida, propaganda disfrazada de teoría. Apología sin sustento, descalificación sin propuesta. Pura miseria de la sociología.// La Razón
Literatura y sociología: ¿hermanas siamesas?
La idea sartreana del compromiso de la literatura con causas sociales y con los avatares ideológico-políticos de la sociedad misma, en nada ajena a la estética del realismo socialista, creó un paradigma que, en ocasiones y según ciertos teóricos desde entonces hasta los años 60 e inicios de los 80, redujo la invención literaria a la tarea de la función social del lenguaje.
A partir de la metáfora topológica y estructural de Marx, la literatura y el arte, en tanto que manifestaciones inscritas en las superestructuras, como la religión y las cuestiones ideológicas, quedaban supeditados o convertidos en reflejo de la función determinante de la estructura o base económica y las relaciones de producción dominantes en la sociedad, en un momento histórico concreto.
El río de tinta que hizo correr este falso problema anegó y obliteró la mentalidad de generaciones de escritores, artistas, críticos, intelectuales y lingüistas. La literatura habría de ser arma, instrumento del compromiso social, la ideología y la revolución. Los literatos de la revolución castraban el brote de los revolucionadores de la literatura.
Cuando la filósofa Martha Nussbaum, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2012, inicia y concluye su ensayo sobre patriotismo y cosmopolitismo, resaltando la importancia de la emocionalidad de este último sobre la ideología del primero, lo hace en base al argumento de la novela del bengalí Rabindranath Tagore, premio Nobel de Literatura 1913, titulada “El hogar y el mundo”.
Escritores como Zola, Kafka, Borges, Kundera, Saramago o Houellebecq, entre otros, son referentes constantes en la monumental obra sociológica de Zygmunt Bauman, además de que en algunos casos, ciertos pasajes o personajes de las obras literarias se convierten en argumento central de sus reflexiones en torno a temas como modernidad, posmodernidad, modernidad líquida, ética, consumismo, tecnología digital y deshumanización, cultura online contra cultura offline, vigilancia digital, educación, la identidad y los flujos migratorios, entre otros temas que representan una radiografía del presente y una prognosis del futuro.
Riccardo Mazzeo, discípulo de Bauman, publicó en 2016 un libro titulado “Elogio de la literatura” (Gedisa, 2019), cuyo planteamiento central estriba en determinar el tipo de relación existente entre sociología y literatura, subrayándose que si bien su despliegue conlleva estrategias, métodos y herramientas distintos, en definitiva, resultan complementarios.
Hay, eso sí, un tema común para sociólogos y literatos: la experiencia humana como ser en el mundo que, en términos escriturales, implica la cercanía entre la biografía y la historia. En el diálogo, Bauman llega a afirmar: “Yo iré un paso más lejos, sugiero que la literatura y la sociología no son solo unas hermanas normales y corrientes, sino siamesas… y como tales siamesas comparten sus órganos digestivos y de alimentación, inseparables quirúrgicamente”. ¿Es así? Quizás sí; quizás no.
El análisis, que contrasta, solo analíticamente, imaginación y realidad, se interna en la degradación del lenguaje estético a consecuencia del apogeo del medio digital y sus dispositivos.
De ahí que las metáforas relevantes (Stefano Tani) del siglo XXI sean: pantallas, Alzheimer y zombi. Y su consecuencia ineludible: “Escribir -dice Mazzeo- es a la reflexión profunda lo que la red es a la fugaz superficialidad”. Sentencia de muerte, pues, para la “twitteratura” o tuiteratura.
Lo interesante de este diálogo es que alienta la complementariedad e interacción entre literatura y sociología, pero no desde las perspectiva ideológica e instrumental, sino más bien, desde el contraste simbólico entre imaginación y realidad, entre individuo creador y sociedad, pero a través de la experiencia humana, sea como dolor o felicidad, como angustia o fascinación, como guerra o paz.
Es la experiencia del ser en el mundo lo que nutre la literatura y la sociología.// El Día
Un acercamiento al paradigma para la sociología del conocimiento
La sociología del conocimiento toma relevancia cuando se establece su estrecha relación entre las condiciones sociales y las culturales que se ven inmersas en las diferencias que producen conflictos sociales entre grupos, lo que a su vez, lleva un diferencial en la realización de los discursos. Este diferencial hace que existan interpretaciones y afirmaciones de diferente tipo que lleven al conflicto y lo cual provoca la desconfianza.
Con la generación de desconfianza, se genera el desprendimiento a indagar el origen de las creencias para llegar al pensamiento funcional que entabla un papel de búsqueda de las relaciones sociales en todos sus campos y se generan afirmaciones de las cuales se genera la duda y de ahí parte el análisis ideológico.
De esta premisa Merton afirma que “el análisis ideológico sistematiza la falta de fe en los símbolos vigentes que ha adquirido difusión” y genera que la sociedad desconfíe recíprocamente de las afirmaciones de uno o de otro. Y de allí partir a imponer esas ideas a estar uno sobre el otro para posicionarse y mejorar la posición de clase social.
Este punto lo vemos reflejado en la actualidad en la clasificación de los grupos de investigación los cuales no publican para divulgar sino para escalar entre sus semejantes. A ellos no les importa tener un diferencial en la escala social con el poder de establecerse entre la sociedad civil, les interesa el descubrimiento de la verdad para estar arriba en la escala de clasificación.
Aquí es donde surge el interrogante, ¿por qué la sociedad civil no interviene en los procesos científicos, creen que son excluidos porque son para las elites en Colombia? Este interrogante puede ser estudiado desde el mismo paradigma para la sociología del conocimiento ya que busca la ubicación de la base existencial de las producciones mentales que Merton las clasifica en bases sociales y bases culturales.
Adicionalmente el paradigma difiere la ubicación de las producciones mentales, las relaciones entre producciones mentales y las bases existenciales. Lo anterior sirve, como lo menciona Merton, para organizar los enfoques y conclusiones distintivos de este campo de manera suficiente para nuestros propósitos.[1] De allí se destacan los enfoques de Marx, Scheler, Mannheim, Durkeheim y Sorokin.
Estos enfoques tienen un punto central de base existencial que permite múltiples teorías, un ejemplo de ello se puede apreciar en el artículo de Barbara Herrnstein, Ciencia, Religión y la incoherencia de la creencia, donde presenta la nueva teología natural donde se mezcla la ciencia y la religión entre líneas basado en científicos que cambian su discurso científico ateísta para taparlo con un lenguaje teológico y creyente. Es ahí donde se relacionan las ideas de los individuos con las bases sociológicas como lo describe Merton.
Dentro del Paradigma para la Sociología del Conocimiento, Merton acoge tres enfoques dentro de los cuales destaca del marxismo la caracterización del conocimiento dentro de los estratos y su estrecha relación entre la ciencia relacionada directamente con la industria y el comercio, y de allí partir a destacar que la ciencia de la naturaleza depende de una base económica. No muy distante a la esperanza de Colciencias con la transferencia tecnológica esperada con los beneficios tributarios.
Luego nos encontramos con el enfoque de Durkheim donde se nos presenta unas categorías que se entienden como emergentes sociales y las cuales tienen una función dentro de la sociedad, en donde los nuevos términos son acogidos por la sociedad dependiendo de la compatibilidad con las creencias ya establecidas en ellos.
Más adelante el enfoque de Sorokin quien adopta una concepción “Integralista” de la verdad para tratar de asimilar criterios empíricos y lógicos, señalando a la intuición como fuente de descubrimientos científicos, como nos lo ilustra Barbara Herrnstein en la presentación de la Nueva Teología Naturalista con los autores Haught, Polkinghorne y Peacocke que se basan en una fe cristiana para entrañar una teoría fruto de un descubrimiento científico.
Como conclusión en el paradigma para la sociología del conocimiento, Merton afirma: “la ciencia o la tecnología representa las bases a las que debe ajustarse la estructura social se hacen evidentes a la luz de los estudios que muestran cómo la ciencia y la tecnología han sido puestas al servicio de las exigencias sociales o económicas”[2] , es allí donde podemos ver la diferencia entre la historia y la organización social en donde no se debe quedar la ciencia y la tecnología en el acontecimiento histórico sino que se debe ajustar a las nuevas estructuras sociales e identificar cómo se está relacionando el conocimiento científico con las exigencias contemporáneas de una sociedad inmersa en el capital económico.
[1] Merton, Robert K. (1977) Paradigma para la sociología del conocimiento En: La Sociología de la Ciencia Tomo I. Madrid: Alianza (Alianza Universidad, No.183). Página 53
[2] Merton, Robert K. (1977) Paradigma para la sociología del conocimiento En: La Sociología de la Ciencia Tomo I. Madrid: Alianza (Alianza Universidad, No.183). Página 85// Innovación y Ciencia
La sociología entre las ideas y las ideologías
Un encuentro, así sea superficial, con la sociología, ciencia de la edad moderna por antonomasia, ayuda a comprender varios de los fenómenos que caracterizan a la sociedad en la que estamos sumergidos. Esa aproximación es más pertinente si se trata de ponernos en contacto, sobre todo, con el pensamiento social o las teorías sobre la sociedad o los hechos sociales.
Para el conspicuo sociólogo estadounidense Robert Nisbet, de la Universidad de California, son posibles tres enfoques para acercarnos a la formación del pensamiento social: primero examinar el pensamiento individual de los más destacados sociólogos, segundo comprender los “sistemas” o “ismos” desarrollados a lo largo del desarrollo de la sociología y, tercero, desmenuzar y analizar las ideas o elementos básicos de los sistemas. Decidido por este último enfoque, Nisbet señala que, a lo largo del período comprendido entre comienzos del siglo XIX y comienzos del siglo XX, o el lapso de surgimiento, expansión y consolidación de la sociología moderna, las siguientes ideas/elementos y sus recíprocas interrelaciones han guiado y aún condicionado la faena de los principales sociólogos: comunidad, autoridad, status, lo sagrado y alienación.
La comunidad –familiar, religiosa, cultural, laboral, local– es aquel sistema de “lazos sociales caracterizados por cohesión emocional, profundidad, continuidad y plenitud”. La autoridad es la “estructura u orden interno” de cualquier tipo de asociación que recibe su legitimación por estar fundada en “la función social, la tradición o la fidelidad a una causa”. El status se refiere al “puesto del individuo en la jerarquía de prestigio y líneas de influencia” propias de toda comunidad o asociación. Lo sagrado se refiere a las pautas de conducta “no racionales” basadas en la tradición, así como a las “formas de conducta religiosas y rituales”, valoradas no necesariamente por la utilidad que pudieran tener. La alienación se presenta como una “perspectiva histórica dentro de la cual el hombre aparece enajenado, anómico y desarraigado” cuando corta sus lazos con la comunidad y los propósitos morales. 
Las cinco ideas/elementos de la sociología tomaron su forma acabada en la búsqueda de respuestas a los interrogantes e inquietudes que, después de la Revolución Industrial y de la Revolución Francesa, o en el transcurso del desarrollo del industrialismo y la revolución democrática, se plantearon para los estudiosos de la sociedad. Pero esto proceso intelectual, al decir de Nisbet, no se dio en un vacío ideológico. Más bien, por el contrario, pensadores como Tocqueville, Marx, Durkheim, Max Weber, fueron “arrastrados por las corrientes” de tres grandes ideologías: el liberalismo, el radicalismo y el conservadurismo. Surgidas, también a lo largo del fecundo siglo XIX, bien explican aún en nuestros días las orientaciones básicas de múltiples fuerzas políticas.
El liberalismo se distingue por su “devoción por el individuo y, en especial, por sus derechos políticos, civiles y –cada vez más– sociales”. El rasgo distintivo del radicalismo es “el sentido de las posibilidades de redención que ofrece el poder político” y de ahí la necesidad de “su conquista, su purificación y su uso ilimitado” con miras a la “rehabilitación del hombre y las instituciones”. Por último, el conservadurismo –hijo no deseado de las dos revoluciones– defiende lo que estas atacaron y ataca lo que estas defendieron. El núcleo del pensamiento y la acción de los conservadores está constituido por la “tradición” y valores como “la comunidad, el parentesco, la jerarquía, la autoridad y la religión”.
Es por demás evidente la riqueza y fecundidad del pensamiento social moderno y contemporáneo. Sus hallazgo no solo satisfacen la curiosidad teórica de los estudiosos sino que también ayudan a que los hombres comunes lleguen a descubrir y comprender la sociedad en la que vivimos.// Los Tiempos
Eugen Ehrlich pionero de la sociología jurídica
El pluralismo jurídico tiene sus bases en Europa, a comienzos del siglo XX y desde un punto de vista sociológico, entre los que hacen frente al enigma del pluralismo jurídico, sobresale el “jurista austriaco Eugen Ehrlich.” [i] Eugen Ehrlich (1862-1922), nació y creció en una región del entonces Imperio Austro-húngaro de nombre Bucovina. Convivía con “nueve etnias diferentes: armenios, alemanes, judíos, rumanos, rusos, rutenos, eslovacos, húngaros y gitanos, lo cual ayudo a Ehrlich a desarrollar su pensamiento y a entender de qué manera cada grupo social y étnico mantenía sus propias normas con gran independencia respecto del derecho oficial del Imperio.” [ii]
Eugen Ehrlich estudio en la Universidad de Viena, se doctoró en 1886, fue profesor de Derecho romano y muchos lo consideran el fundador de la sociología del derecho.
Sus estudios estuvieron permeados por la obra de Rudolf von Ihering y de la Escuela Histórica del Derecho, concentrando su atención a la idea de que el derecho proviene del pueblo (Belloso y de Julios 2008, 80).
Expondré las generalidades de los juristas del movimiento de derecho libre, el concepto de Derecho según Ehrlich, lo general que sostiene Ehrlich de la sociología jurídica, continuaré luego, a su concepto central: el derecho vivo, característico de los grupos sociales. Haré referencia a la distinción entre normas de la acción, normas de decisión y proposiciones jurídicas, en el entendido que la obra de Ehrlich es del pluralismo socio-jurídico, además, el objeto de estudio de su obra, así como críticas realizadas a su obra.
Eugen Ehrlich y Hermann Kantorowicz, son juristas centroeuropeos, del movimiento de derecho libre, unidos en la defensa del pluralismo jurídico frente al positivismo legalista dominante en los países europeos a consecuencia de la obra codificadora. El movimiento es basado en la investigación sociológica libre del derecho. Se concentra este movimiento en Hermann Kantorowicz y sus discípulos, y es precedente a Eugen Ehrlich. [iii]
… La primera etapa de crítica al positivismo legalista y sus fundamentos … En 1888, … la Escuela de la Exégesis y la jurisprudencia de conceptos, con una serie de obras de juventud, … demuestran la existencia de lagunas del derecho positivo y que la unidad y plenitud de dicho derecho son una quimera, … destaca su obra Über Lücken im Rechte (Sobre las lagunas en el Derecho). … Con la labor empírica, Ehrlich desarrolla la libre investigación del derecho, se populariza a partir de él, y esta investigación forma parte de una conferencia suya en 1903: “Free Rechtsfindung und Freie Rechtswissenschaft” (“Indagación libre del derecho y ciencia libre del derecho”). En ella proclama la necesidad de una libre investigación del derecho, fuera del texto del derecho legal; … Eugen Ehrlich sigue los pasos de François Gèny, quien cuatro años antes, 1899, escribió una obra demoledora contra el positivismo estatalista, con unos propósitos de derribo semejantes a la citada obra de Ehrlich. [iv]
La segunda etapa, de carácter constructivo, en el que desarrolla un escrito de proclama o manifiesto y lo continúa hasta su muerte en 1922; Eugen Ehrlich se dedica a poner las bases y fundamentos de un pluralismo jurídico, la estructura la desarrolla bien en su obra fundamental Grundlegung der Soziologie des Rechts (Fundamentos de sociología del derecho), de 1913. En 1922, año de su muerte publicó un resumen de su pensamiento en un artículo, con título “La sociología del diritto.” [v]
Ehrlich concibe el Derecho como un conjunto de “organizaciones” de tipo institucional y sostiene que para conocer las fuentes que originan el Derecho es preciso “investigar las fuerzas motoras o generadoras de la génesis o desarrollo de las organizaciones jurídicas” las cuales son “hechos” preexistentes a las proposiciones jurídicas del legislador y, como tales hechos, corresponde a la sociología su estudio y observación. [vi]
Ehrlich distingue tre tipi di diritto: il diritto sociale primario, il diritto secondario dei giuristi e il diritto secondario dello Stato. Il diritto sociale, fondato sullo sviluppo sociale, contiene i precetti giuridici rilevanti e fondamentali per il comportamento degli esseri umani e sorge autonomamente dai fatti del diritto (uso, dominio, possesso, dichiarazione di volontà) come norma di azione che struttura il gruppo sociale. [vii]
Los hechos sociales a los que se refiere Ehrlich que generan derechos son: el uso, el dominio, la posesión y la declaración de voluntad. Para Ehrlich el uso o práctica social es más amplio que el Derecho consuetudinario, ya que, lo que se pretende es establecer tareas o posiciones a cada uno de sus integrantes para proveer equilibrio y armonía al grupo en su conjunto. En cuanto, a la relación de dominación y sometimiento, Ehrlich, señala dos tipos: la primera, las de origen natural, se dan dentro de las uniones familiares, tales como los hijos y la mujer, en relación al padre y la segunda; las de origen más social como la esclavitud y la servidumbre, fundamentados en la falta de protección de los dominados ante factibles amenazas externas a la relación.
Para Ehrlich “la sociología jurídica toma como punto de partida el concepto de sociedad como conjunto de grupos humanos que están en contacto entre sí para “un intercambio de bienes espirituales o económicos.”” [viii] Continúa planteando; los grupos sociales “son los grupos primarios u originarios, como la tribu, la familia o la comunidad doméstica y otros nacen de la unión de estos originarios, como son la asociación, el municipio, el pueblo o el Estado.” [ix] A lo interno de los grupos sociales, se organizan en normas para indicarle a los individuos su lugar y su tarea dentro de la comunidad.
“El Derecho vivo es, para Ehrlich, un conjunto de normas que, en su convivencia social, el hombre considera de obligado cumplimiento y acata a ellas su comportamiento habitual. Forma el “trasfondo social” de las leyes y de los códigos y, a veces, se sitúa al margen de éstos. Una cosa es “lo que la ley prescribe” y otra, que puede ser diferente, “lo que realmente sucede.”” [x]
Según Ehrlich, las normas sociales son pautas externas que regulan la conducta humana y de esas normas sociales, sólo una parte son normas jurídicas. Para poder determinar, desde el punto de vista sociológico, ¿qué es Derecho?, se logra averiguando “cuáles son las normas que el grupo social considera como jurídicas y cuáles no.” [xi] Conforme a Ehrlich, las normas jurídicas llamadas normas de organización que estructuran su orden interno y tienen su origen social en la práctica social que se producen a lo interno del grupo, ya que, les indican a los miembros del grupo su posición y tareas (Belloso y de Julios 2008, 92). Ehrlich, además, desarrolla la existencia de normas de decisión, que también, son normas de la acción, dirigidas a los jueces que van vinculadas a la resolución de conflictos, la función es volver a pacificar la vida del grupo que está en desorden a causa de la infracción del Derecho. Las normas de decisión provienen del resultado del Derecho a través del Estado y de los juristas. Junto a la decisión sobre una cuestión de hecho, aparece la decisión sobre la consecuencia jurídica de una infracción del orden del grupo que ha de darla el juez. Ambas decisiones en conjunto producen la norma de decisión. [xii] Gracias a estas normas de decisión que consolidan la llamada “soberanía jurídica del Estado.” [xiii]
“Esta constancia de las normas constituye lo que Ehrlich llama “el fundamento de la jurisprudencia de los tribunales y de la ciencia jurídica”, lo cual permite que las normas de decisión se transformen en “proposiciones jurídicas” expresadas en palabras con carácter general.” [xiv]
Para Soriano (1997, 123) hay gran cantidad de juristas famosos, con ideas y métodos, con una nueva visión sociológica del derecho donde considera que el movimiento del derecho libre se remonta a los últimos decenios del siglo pasado. Como por ejemplo la obra escrita por O. Bülow en 1885, Gesetz und Richteramt (Ley y ministerio del juez), constatando ya, la incapacidad del ordenamiento legal y la importancia de las decisiones de los jueces. Aunque Eugen Ehrlich en el prólogo de su obra Libre Investigación del Derecho y Ciencia del Derecho Libre, de 1903, afirmó que “un malentendido hace figurar a Bülow entre los partidarios del libre descubrimiento del Derecho” … la cercanía de Von Bülow con el movimiento se debería únicamente a su tesis de que la actividad judicial es creativa y no meramente aplicadora del Derecho (Núñez 2014, 154).
Según Soriano (1997, 124) el derecho dimana de los hechos normativos o fuentes motrices del derecho tales como: el uso, el dominio o poder, la posesión y la declaración de voluntad. Estos hechos normativos dan lugar al derecho social u “ordenamiento de las relaciones sociales,” reguladas por las normas jurídicas del Estado, forman parte las instituciones sociales: el matrimonio, la familia, las corporaciones, la posesión, el contrato y la sucesión.
La vida del derecho es más amplia y rica que la que se desprende del derecho del Estado o del derecho legal. Para Ehrlich el derecho de la sociedad es el derecho vivo, porque proceden de la vida misma, si no ha sido positivado en proposiciones legales. Las fuentes de este derecho son descubiertas por “la directa observancia de la vida, del comercio, de las costumbres y usos y de las asociaciones, no sólo las reconocidas por el Derecho, sino las ignoradas e incluso desaprobadas.” [xv] “La amplitud del derecho vivo de Ehrlich se muestra meridiana en el análisis de A. Febbrajo, al distinguir y separar las esferas del derecho según tres criterios: la forma, el origen y la función.” [xvi] La forma (normas en sentido amplio o Rechtsnormen y proposiciones formales o Normsätze). El origen (norma extraestatales y normas del Estado). La función (normas de decisión de los jueces al decidir las controversias y normas de acción de las personas en general). La esfera mayor de la primera clase de normas es el contenido del derecho vivo. Junto a este derecho vivo o derecho de la sociedad está el derecho de los jueces y de los juristas basado en normas de decisión, que tienen por objeto resolver los conflictos, atender a las lagunas e integrar a los grupos. [xvii]
“… El derecho del Estado … es el conjunto de normas que se imponen por la fuerza, y que aparece cuando la intensidad del conflicto de intereses hace inevitable la intervención estatal.” [xviii]
Estos derechos se ordenan jerárquicamente, siendo el derecho social prevalente respecto al derecho estatal, ya que el Estado es un grupo último y dependiente de la voluntad de la sociedad. También se ordenan cronológicamente, ya que primero surgió el derecho social o instituciones sociales, después las decisiones de los jueces y juristas y finalmente, el derecho estatal. Advierte Ehrlich, como buen romanista, la importancia que han tenido en la historia del derecho la jurisprudencia y la doctrina de los juristas, y cómo el Estado es un fenómeno histórico reciente, que además incorporó tardíamente su derecho, cuando dejó de ser un Estado meramente militar. En esta visión plural del derecho tiene presente Ehrlich al derecho romano, donde el ius publicum y el ius privatum procedían de diferentes fuentes jurídicas. [xix]
El derecho plural concebido por Ehrlich es abordable científicamente sólo por la sociología del derecho. La sociología del derecho es la única ciencia del derecho, según el sociólogo alemán, que relega a la ciencia dogmática por constituir pura metafísica (en este planteamiento Ehrlich coincidirá con Theodor Geiger y distará de la complementariedad de una y otra ciencia defendida por Max Weber). La ciencia dogmática sólo podría captar la realidad del derecho legal, pero el derecho no se reduce sólo a este tipo de derecho. [xx]
Tal pluralismo jurídico es objeto de minucioso análisis descriptivo y fundamentador en el referido artículo de 1922: el derecho primario y prioritario -dice Ehrlich- es el derecho de la sociedad: el que la sociedad, sin más aditamentos, crea por sí misma y espontáneamente, del que forman parte una serie de instituciones anteriores a las leyes del Estado: matrimonio, familia, corporaciones, posesión, contrato y sucesiones. Indica que tras y sobre este derecho se van formando los demás ordenamientos jurídicos: el derecho legal del Estado, el derecho de los jueces y el derecho de la doctrina o de los juristas. El derecho de la ley resulta de esta manera una fracción del derecho global. Por esta valoración del derecho de la sociedad, en el marco de un pluralismo jurídico, Eugen Ehrlich suele ser considerado como el fundador o uno de los fundadores de la sociología del derecho. [xxi]
Robles menciona que Ehrlich pone el ejemplo de la patria potestad en Bukowina, región de Austria donde rige, como es lógico, el Código Civil austríaco; este cuerpo legal se caracteriza por su indivilualismo en el ámbito familiar, de tal manera que los hijos son independientes de los padres y la mujer del marido, al menos en el aspecto patrimonial; el hijo puede disponer de su patrimonio libremente como sus padres del suyo. Y sin embargo en Bukowina “la patria potestad se toma absolutamente en serio” de tal modo que “si un filius familias trabaja, el padre o la madre se presentan puntualmente cada mes al patrono y retiran tranquilamente el salario. [xxii]
Según Treves, traducido por Sebastián Urbina (1981, 103-104), Kelsen analizaba y discutía críticamente las principales corrientes del pensamiento de su época, lo que hacía era remarcar y aclarar su punto de vista acerca de la distinción entre ciencia del derecho, como ciencia del deber ser y la sociología del derecho, como ciencia del ser, polemizaba con Kantorowicz y especialmente con Ehrlich. Kelsen no logra encontrar un criterio válido para separar el derecho de los otros conjuntos de reglas de la conducta, ni para diferenciar el orden jurídico de los otros órdenes sociales, ni para afirmar la propia autonomía, como sociología del derecho, frente a la sociología de los otros fenómenos sociales. Además, era reservado a la preferencia que Kantorowicz y Ehrlich mostraban hacia las ciencias, que actúan utilizando el método inductivo ignorado, o casi, la importancia de un conocimiento científico, basado en el método deductivo. Proclama algo similar a la tendencia a pasar de lo fáctico a lo normativo, de lo descriptivo a lo valorativo, así como Ehrlich dice que la regla de conducta social, es una regla según la que “no sólo se actúa, sino que también se debe actuar”.
Para Eugen Ehrlich, el “Derecho del Estado” no es todo el “Derecho”, existe además un derecho vivo, que yace en la sociedad. Así entonces, el centro de gravedad del desarrollo del Derecho, no se encuentra en la legislación, ni en las ciencias jurídicas, ni en la jurisprudencia; sino en la sociedad misma.
Con esta afirmación, el autor se revela contra el dogma de la plenitud del ordenamiento jurídico y nos dice que, además de este ordenamiento, existe un derecho vivo, no formulado en proposiciones jurídicas, pero que regula toda la vida social. De este modo, aunque el derecho del Estado disponga de regulaciones que protegen ciertas instituciones, como el matrimonio o las sucesiones, es innegable que esas regulaciones no son suficientes para normar toda la vida social, en tal sentido el derecho vivo, viene a completar al ordenamiento jurídico, a partir de la observación directa de la vida social, de los cambios, de las costumbres, de los usos de todos los grupos, no solo de los reconocidos jurídicamente, sino, también, de aquellos que son ignorados y olvidados por el derecho.
Por lo tanto, para este autor, el derecho vivo se traduce en normas de decisión, que no tienen la función de dar una estructura al grupo social, sino de llenar aquellas lagunas del ordenamiento jurídico, cuando es contrastado con la realidad, permitiendo resolver los conflictos y defender la propia estructura, de los peligros de violaciones que la amenazan. Dichas normas de decisión no se dirigen “a los hombres que actúan en la vida social”, sino a los hombres que juzgan a los que actúan.
Así entonces, el derecho vivo adquiere importancia para la vida social, porque bajo esta noción que identifica el autor, el derecho debe responder siempre y únicamente, a las exigencias de la sociedad y satisfacer las necesidades más inmediatas de esta, situación que se puede evidenciar con las resoluciones de la Sala Constitucional, en materia de recursos de amparo, a través de las cuales, el Derecho vivo da una respuesta inmediata, a una necesidad que no ha podido ser resuelta por las instituciones públicas, que formalmente están instituidas para dar respuesta a esos problemas.
De acuerdo al profesor Ehrlich, el derecho surge en dos etapas. En primer término, existen hechos normativos (que Ehrlich también llama fuerzas motrices del derecho) como el uso, el dominio, la posesión y la declaración de voluntad. Estos dan origen al derecho social u ordenamiento de las relaciones sociales.
Posteriormente, en un segundo momento, se produce la regulación por normas jurídicas dictadas por el Estado que establece instituciones como el matrimonio, el contrato y la sucesión. Para este autor hay que distinguir entre el derecho vivo, emanado de la sociedad, que rige la acción cotidiana, y el derecho de los jueces y los juristas, basado en normas de decisión para resolver conflictos, así como las normas jurídicas dictadas por el Estado.
Ehrlich se revela contra el dogma de la plenitud del ordenamiento jurídico y nos dice que, además de este ordenamiento, destacando la fundamental importancia del derecho vivo, no formulado en proposiciones jurídicas, pero que regula toda la vida social. De esta manera, aunque el derecho del Estado disponga de regulaciones que protegen ciertas instituciones, como el matrimonio o las sucesiones, es innegable que esas regulaciones no son suficientes para normar toda la vida social, en tal sentido, el derecho vivo viene a completar al ordenamiento jurídico.
Considero a Eugen Ehrlich, como el pionero de la sociología jurídica, estableció una forma diferente de comprender el derecho, un visionario para su época. Día a día se crea derecho en el seno de la sociedad, en la interacción y en muchas oportunidades, la norma viene después, de ahí la importancia del derecho vivo. Ahora bien, puedo acotar que el derecho de los jueces tiene mayor capacidad de adaptación que la legislación, aunque a veces se niegue o se encubra, el juez atemperará o modificará los mandatos legales de forma frecuente, mediante sus decisiones aplicativas e integrativas. Por ende, la labor jurisdiccional viene a ser una ventana, para que el derecho vivo, con todo su potencial, entre en el campo del derecho del Estado, al que supuestamente no puede ingresar, en virtud, del principio de legalidad, sobre todo, ante conflictos originados por la dinámica social, que no pudieron ser previstos por el legislador.
En conclusión, para Eugen Ehrlich el Derecho vivo, es el centro de gravedad del desarrollo del derecho, pues no se encuentra en la legislación, ni en las ciencias jurídicas, ni en la jurisprudencia, sino en la sociedad misma. La verdadera ciencia del derecho, tiene como fin conocer y describir lo concreto y no lo abstracto, los hechos y no las palabras, es decir, no solo el derecho válido para los órganos dotados de autoridad, sino también; el que no se encuentra formulado en proposiciones jurídicas. Por ejemplo, el ordenamiento interno de las relaciones sociales, como el matrimonio, la familia, las corporaciones que no se han reducido a normas jurídicas. Además, siendo el derecho, un conjunto de reglas que determinan la posición y la función de los miembros del grupo y más exactamente, las condiciones de supraordenación y subordinación de los mismos, así como las funciones específicas, que les corresponden en el ámbito del grupo. El derecho vivo completa el ordenamiento jurídico, a través de la observación de la vida social, es decir, de las transformaciones que acontecen en los grupos sociales, por la dinámica social que se encuentra en constante cambio, observándose los reconocidos jurídicamente, los ignorados y olvidados por el derecho.
(*) María Elena Carvajal Duarte, Estudiante del Doctorado en Derecho, Universidad de Costa Rica// El País



